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LA VIDA SE VUELVE MÁGICA PARA TI

Fragmento del libro “LAS ENSEÑANZAS DE JESÚS“, de Alicia Sánchez Montalbán (Editorial Faro) – Compra el libro AQUÍ 

“La vida es profundamente generosa contigo, hermano, a menos que tú le des la orden de no serlo. Das esa orden cuando adoptas la creencia de que no mereces, no puedes o no sabes. Das la orden cuando eliges sufrir antes que disfrutar, cuando te conformas con algo que es mediocre para ti, aun a sabiendas de que hay una voz en tu interior que te dice que no es por ahí, que tu camino es otro. Tú decides a quién escuchas, por supuesto, y así creas amor o dolor a tu alrededor.”

 

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Constantemente has deseado que tu vida se transformara en algo diferente a lo que vives hoy. Sueñas y sientes que eres mucho más grande de lo que pareces, que te mereces algo mejor de lo que lo tienes, que viniste a disfrutar, que estás perdiendo el tiempo…

Y yo te digo, hermano, es así. Viniste a disfrutar del jardín del Edén y te perdiste en el intento.

Creíste que debías cambiar la perfección de lo que ya tenías y entraste en contacto con una parte de ti que era exactamente la que viniste a trascender.

Te confundiste al creer que tenías que cambiar lo que tenías para tener algo mejor. No tenías que cambiar lo que tenías, tenías que cambiarte a ti.

Encarnaste en un cuerpo de baja vibración y en una realidad sumida en la dualidad. Tu misión desde el principio en la Tierra no era otra que iluminar la densidad, transformar la oscuridad en luz, para que, de ese modo,  tanto la Tierra como tu nuevo yo, el cuerpo humano en el que encarnaste, evolucionaran contigo.

No viniste a enfrentarte a nada. Viniste a aprender cómo transformar desde el Amor. Al situarte en la energía de la lucha, tu propósito transformador se confundió, se impregnó de densidad, se oscureció.

Ahora deseas transformar la realidad que tú mismo creaste, en tu pasado remoto como ser humano. Quieres vibrar en armonía y disfrutar. Yo te digo, hermano, que ése es un deseo legítimo, que tienes todo el derecho a reclamarlo, pero no te confundas nuevamente. En el Jardín del Edén el dios creador eres tú. Eres tú quien debe desactivar el efecto de lo que primero creaste. Eres tú quien puede lograr que la vida se vuelva mágica de nuevo para ti.

En tu origen sobre la Tierra lo tenías todo. No necesitabas trabajar para procurar el alimento. Al separarte de la Luz y concentrarte en la parte más densa de ti, convertiste la armonía en desequilibrio y tildaste a tu hermano de enemigo o competidor.

Todo lo que llegaba a ti de manera natural y fácil se volvió complicado. Dejaste de confiar en tu hermano y te situaste en la necesidad de protegerte de él. El miedo se apoderó de ti. Fue así como surgieron las primeras guerras.

Con los años creaste una realidad en la que era necesario trabajar mucho para tener algo que te correspondía por derecho propio: cobijo, alimento, abrigo, paz…

Curiosamente, trabajando puedes conseguir cobijo, alimento y abrigo, pero ¿paz? ¿Puedes lograr la paz trabajando, hermano, cuando con el trabajo que realizas únicamente pretendes subsistir?

En verdad en verdad te digo: el auténtico trabajo es el que parte del corazón y es el único que puede devolverle a tu vida la magia.

Cuando trabajas para conseguir bienes materiales te olvidas de que están disponibles para ti, de que son tu derecho, y entonces caes de nuevo en las bajas vibraciones que te apartan de la abundancia: abundancia de bienes, de salud, de amor…

Cuando trabajas para disfrutar de lo que haces te sitúas en la corriente de vida que te devuelve tus derechos de nacimiento. Esa corriente de vida está disponible para ti, para todos vosotros, pero sólo tú puedes tomarla o dejarla pasar.

Esa corriente de la vida es la que lleva en sí la magia. Transporta la energía que te permite recuperar la paz y la armonía, la que lleva el gozo y la plenitud que tanto buscas.

No tienes que trabajar para comer. Cuando trabajas para disfrutar, nada te falta, porque la magia de la vida llega a ti a raudales y, apenas sin esfuerzo, te encuentras disponiendo de todo lo que siempre deseaste, de todo lo que necesitas para subsistir, y de mucho más.

La vida es profundamente generosa contigo, hermano, a menos que tú le des la orden de no serlo.

Das esa orden cuando adoptas la creencia de que no mereces, no puedes o no sabes. Das la orden cuando eliges sufrir antes que disfrutar, cuando te conformas con algo que es mediocre para ti, aun a sabiendas de que hay una voz en tu interior que te dice que no es por ahí, que tu camino es otro.

Tú decides a quién escuchas, por supuesto, y así creas amor o dolor a tu alrededor.

Yo te digo, querido hermano que andas pensando que mis palabras son pura ilusión: Dios nunca te dará algo que tú no hayas pedido. Todo lo que tienes hoy es producto de tu intención. Todo lo que te falta se aleja de ti porque así lo has decidido.

Hasta hoy no has sido consciente, quizás, de tu decisión; pero hoy, hermano, estás leyendo estás palabras y ya no tendrás excusa para creerlo nunca más. Tú decides, a partir de hoy, en donde pones tu intención creadora, si en la confianza o en la duda.

¿Confías en lo que te mereces y te corresponde por derecho propio o eliges dudar para que lo que deseas se aparte de ti?

¿Te consideras merecedor o indigno?

¿Aceptas recibir o prefieres mantener tu posición de víctima?

¿Vas a perdonar y a perdonarte o continuarás alimentando en ti la energía del rencor que constantemente baja tu vibración y actúa sobre ti como una carga?

Si ocupas tus manos y tu espalda en sostener toda esa lucha, todo ese dolor, ¿cómo podrás abrirlas para recibir otra cosa?
¿No ves que primero tienes que soltar lo que te daña o no te sirve para que pueda entrar lo nuevo en ti?

Te aseguro, hermano, que no viniste a sufrir. Viniste a aprender disfrutando.

¿Acaso no disfrutas cuando consigues sortear un obstáculo o superar una prueba muy difícil?

Sí, puede que durante la prueba, sientas que tus fuerzas flaquean o reniegues de algo, pero dime, hermano: cuando la apruebas, cuando te superas, ¿no disfrutas? ¿No se eleva tu alma, no brinca tu corazón?

Es eso lo que viniste a hacer aquí en la Tierra: aprender disfrutando y enseñar a los demás cómo se hace. Pero te quedaste atrapado en el juego de la mente, en la parte densa que dice que no sabes, que no puedes, que no mereces, que tienes que trabajar duro y sufrir para lograr, y es así cómo te apartaste de la magia.

La magia está disponible para ti, para cuando tú quieras fluir con ella de nuevo. Nada de lo que hiciste te ha vuelto indigno de ella. Nada de lo que harás, tampoco.

La magia de la vida es una corriente de luz que fluye incesantemente para ti y para todos. La generosidad del Amor, la vibración del Padre/Madre emitiéndose para alimentar y sostener a sus amados hijos.

El camino se abre para ti, pero sólo tú decides si lo tomas o caminas por otra senda. ¿Eliges dudar o confiar en ti?

Jesús

 

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