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ENSEÑANZAS DEL MAESTRO JESÚS

«Finalmente, cuando todos estaban en calma y en paz, Yeshua comenzó a hablar proyectando su voz como lo habían hecho hacía mucho tiempo los antiguos profetas. Y dijo…»

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«Hijos del Dios Único, vuestra fe os ha traído hasta aquí. Las obras de todos aquellos cuya fe es como un grano de mostaza son de hecho poderosas. Aunque tu fe sea pequeña al principio, si la nutres crecerá hasta convertirse en un gran arbusto donde los pájaros podrán anidar. He venido a vosotros porque vuestra fe es suficiente para escuchar mis palabras. Al igual que con el grano de mostaza, que mis palabras encuentren un lugar dentro de vuestros corazones y mentes fértiles para que puedan germinar y convertirse en fruto en vuestras vida diaria.

»Me dirijo a ti para que tengas un corazón gozoso y seas fuerte de espíritu, porque para andar el camino del Maestro de Justicia debes abandonar tu pereza, que da una mala cosecha, y tu rebeldía contra el Padre-Madre Creador, cuyos fuertes brazos te sostienen día a día. Si tienes oídos para oír y ojos para ver, sabrás que digo sólo lo que el Padre me dice que te diga. Lo que me ves hacer también viene directamente de él. Y la Madre de la Sabiduría, Shekiná-Sofía, el Espíritu Santo de la Verdad dentro de ti, te dará testimonio de que esto en efecto es así.

»Por lo tanto, escucha bien estas palabras. Suelta las cuerdas de la culpa que te atan a tu juicio por la ofensa del otro y libera a tu prójimo de las trampas ocultas de tu juicio opresor. No levantes tu brazo en señal de protesta cuando te roben tu manto, en cambio, dales también el que te sobra. No te dejes abatir por el cansancio cuando el que está necesitado te pide tus provisiones, en cambio, siéntete agradecido de que puedas hacer por los demás lo que te gustaría que hicieran por ti.

»Conoce tu verdadero ser y las profundas pasiones de tu ser más íntimo. Recoge toda la energía que tu pequeño yo intenta acaparar o dispersar y ofrece todo lo que eres al Dador de la Vida. Este es el primer mandamiento que da poder a todos los demás. Y del mismo modo, bendice con generosa compasión a ese amigo que se siente atraído a caminar a tu lado, ofreciéndote un reflejo. Ofrece a tu prójimo todo lo bueno que te gustaría que el Padre-Madre de todos te diera a ti. Eres completamente amado, incluyendo tu parte de sombra que todavía practica una separación arrogante y no ha abierto la puerta al corazón de nuestro Padre-Madre y al alimento que allí se encuentra.

»Este es el principio creador del que proviene toda justicia, es decir, el uso correcto de la energía. No hay otro mandamiento que amar al Dios único dentro de ti, y amar y servir a la creación única que tú eres, para que puedas vivir más abundantemente. Te pregunto: ¿de qué otra forma puedes encontrar paz y prosperidad dentro de tu alma?

»Cree más en el testimonio nacido en tu propio corazón que en lo que percibes como milagros obrados por mi mano. Pues no hago nada por mí mismo; es el Padre-Madre Creador en mí quien realiza las obras que ves. De la misma manera, es el mismo Creador dentro de ti el que multiplica tu fortuna y te cuida cada día. Mira los suaves lirios del campo. Ellos no hilan ni tejen, y sin embargo, su vestido es hermoso. Observa a nuestro hermano el gorrión, que libremente bate sus alas por los cielos encima de nosotros. Con confianza e inocencia se desliza sobre el viento sostenido dondequiera que va. Por lo tanto, no te inquietes, porque con tu preocupación no puedes comprar más tiempo para el mañana. Ni tampoco tu ansiedad le añade credibilidad a tu estatura entre los hombres. Más bien, quédate quieto y busca en tu interior el tesoro de tu corazón, y se te darán todas las cosas. Tu Padre-Madre sabe lo que estás necesitando y te lo da, incluso antes de pedirlo. Cuando eres uno con tu deseo más íntimo en unidad y alegría, en el momento en el que te das cuenta de que ya es tuyo, entonces ciertamente se te da.

»Yo te aseguro que todo lo que le pidas a tu Padre-Madre en el espíritu del amor, sin duda se te dará según tu fe y tus obras. Por lo tanto, busca y hallarás. Llama, y la puerta se te abrirá. Pide, y se te dará, medida por medida, y se multiplicará sin fin. Mira a tu alrededor y pesa en la balanza de tu corazón todo lo que se te ofrece abundantemente. Porque incluso en tus retos hay un regalo. Incluso en la piedra en la que tropiezas es posible encontrar fuerza. Cuando dedicas tiempo a reconocer las semillas que ahora cosechas, puedes encontrar el camino de regreso a tu Maestro interior, quien te da la perla de sabiduría.

»No acapares los tesoros del mundo, ya que la polilla y la herrumbre los corrompen y los ladrones los roban. Hacer eso te convierte en pobre de espíritu y agravia tu alma hambrienta. En lugar de lamentarte por lo que perece en el tiempo, acapara los tesoros imperecederos del reino celestial, que hace que te muevas y respires, y en el que siempre puedes encontrar refresco dulce y descanso.

»Sé tan valiente como para desechar tu falso yo, que te esclavizará en una prisión ilusoria nacida de sentidos mortales. Refina tus sentidos con la luz pura del amor, y tu cuerpo se convertirá en el templo terrenal de los cielos. Recuerda quien eres, sencillo y libre. Busca primero el reino de Dios dentro de ti, y todo lo demás se añadirá en la medida en que tú das.

»En lugar de tratar de ser visto y recompensado externamente por hacer buenas obras, vuélvete hacia adentro en privado y entra en comunión con el Dador de la Vida, que aumenta abiertamente el tesoro de tu corazón. Del mismo modo, da tu limosna discretamente y guarda silencio. Cuando recibas la cosecha de la Ley de la Vida, recoge el fruto de tus buenas obras en agradecido silencio, reconociendo a Dios como el Dador. Cuando ayunes para eliminar las impurezas generadas por el odio a ti mismo y el resentimiento surgidos por el miedo, hazlo con un espíritu de liberación y gratitud, sin falsa humildad ni santurronería.

»No juzgues a tu hermano ni intentes quitar la mota de polvo de su ojo hasta que no hayas quitado del tuyo propio la viga que distorsiona tu visión. De hecho, no juzgues a nadie. Porque con la misma medida con que juzgas para invalidar a otro, tú también serás condenado.

»He venido a preparar la mesa del banquete de mi Padre, al igual que el marido invita a su esposa a cenar con él. Como mi Padre, traigo todo lo bueno que viene del reino abundante que tiene sus cimientos en tu interior. Vosotros sois la sal de la tierra cuando contribuís con vuestra plena esencia al festín de la vida.

»No he venido para reunir a un ejército. Tampoco he venido para traer paz a esta tierra. Sin embargo, la espada de mi boca despedazará el velo que cubre la gran Ley de la Unidad. No sigáis a guías ciegos que tratan de haceros creer que la salvación se puede encontrar en las tradiciones de vuestros padres. Ser un esclavo ciego, encadenado a la tradición, es caer en una zanja. Para ver claramente, ve hacia la luz del sol que mora en ti y que ilumina siempre tu camino. Revela tu luz, quítale su cubierta, y podrás iluminar el camino de aquellos que de otro modo caerían.

»Los que trabajáis duramente y lleváis una carga pesada, venid a mí, yo os daré descanso. Porque mi yugo de unión con Dios es suave, y mi carga es eternamente liviana. YO SOY la luz del mundo. Ven a la fuente de tu propia luz y conoce la paz que sobrepasa todo entendimiento. Pues aquí, conmigo, puedes beber y encontrar descanso, hasta que encuentres tu camino hacia la fuente eterna de nuestro Padre-Madre. Elimina tus penosas cargas de culpa, falso orgullo y odio a ti mismo. Deja de dar patadas como una mula terca contra el aguijón de tu autocondena, y reclama tu legítima herencia como Hijo e Hija de Dios.

»Mira a tus hijos que me rodean y se sientan en mi regazo. Ser como uno de estos pequeños es ser consciente del momento presente, descansando en la inocencia, donde todos los opuestos se encuentran en Uno y donde reside la salvación. En la sencillez de los lirios y en el juego inocente de los niños están las llaves del reino y se pueden encontrar todas sus riquezas.

»En verdad, todo lo que buscas está dentro de ti. Por lo tanto, conócete a ti mismo. Tu cuerpo es realmente el templo de Dios. Simplemente, abre la puerta de tu corazón y entra. Tu Padre-Madre te espera. Incluso ahora, el Padre-Madre corre hacia el sendero pedregoso por el que has andado, y le da la bienvenida a ese aspecto de tu ser que has juzgado como pródigo, y te devuelve tu herencia. Una vez que te das la vuelta y empiezas a caminar de regreso a casa, de vuelta a la luz, sabes que la luz es el Amado que has buscado en la noche inútilmente.

»El Amado es el buen pastor que deja a las noventa y nueve ovejas cuando sabe que están a salvo en casa y va en busca de la oveja perdida para guiarla de regreso al hogar acogedor del sagrado corazón de su Madre. Aunque una corona de espinas perfora su corazón por el sufrimiento de sus hijos, ella invita y recibe sin condiciones a cada hijo. Por eso he venido a reunir y alimentar a las ovejas que mi Padre-Madre me ha confiado, llevando en mis brazos incluso a los más rezagados de regreso a casa.

»No tienes que sorprenderte con mis dichos ni dudar de mis palabras porque he reinterpretado la ley de tu juventud. Te traigo la buena noticia de que eres libre para erigir un cuerpo inmortal de luz divina que te permitirá superar la ilusión de la muerte. No todos los que escuchan mis palabras entenderán claramente lo que digo. Sin embargo, todo lo que Enoc, Isaías y Juan el Bautista dijeron pronto se clarificará. He venido para simplificar el Camino del Maestro de Justicia, para que no tropieces cuando llegue el día en que oscurecerá.

»Ten la seguridad de que cuando llegue ese nuevo día no te quedarás sin consuelo. Porque ese día inauguraré una Nueva Alianza. Y cuando estés listo, enviaré a mi Madre Celestial, el Espíritu Santo de la Verdad, que es la inteligencia detrás y dentro de todas las cosas, para que sea tu segundo consolador. Esta es la promesa que he recibido de mi Padre-Madre, que es un Dios de Amor.»

 

Extraído del libro “Ana, la abuela de Jesús”, de Claire Heartsong

Traducido y editado al español por Teresa Escrig – www.loslibrosdeana.com

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