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LA ÚLTIMA CENA – Claire Heartsong

«Ha llegado la hora en la que todas las cosas que han sido profetizadas se cumplirán en mí. Por esta razón nací en este mundo. No he venido para condenar al mundo, sino para traer el recuerdo de la vida eterna.»

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«Ha llegado la hora en la que todas las cosas que han sido profetizadas se cumplirán en mí. Por esta razón nací en este mundo. No he venido para condenar al mundo, sino para traer el recuerdo de la vida eterna.

»Los que tienen ojos para ver y oídos para oír, prestad atención a mis palabras. Recordadlas bien, porque os consolarán. En esta hora en que nos reunimos, la larga noche que los profetas han anunciado comienza a llegar. En la creciente oscuridad, habrá muchos de vosotros que olvidaréis mis palabras, y algunos de vosotros que incluso negaréis conocerme. Vuestros corazones se pondrán tristes cuando olvidéis estas palabras, pues vuestras almas llevarán el recuerdo angustioso de la imagen de mi muerte a través del tiempo. Sin embargo, también os digo que os alegréis, porque en un día no muy lejano, cuando vuestra alma venga de nuevo al mundo, os acordaréis de mis palabras y seréis elevados con toda la vida que os rodea. Por lo tanto, sed amables con vosotros mismos y no juzguéis vuestra limitación ni la de vuestro vecino.

»Cuando la tempestad oculte el sol, la paja de vuestra ignorancia se sacudirá de vuestros ojos. Y yo os digo que cuando vuestros ojos se renueven en Espíritu, levantadlos hacia lo Alto. Allí ciertamente me veréis como Yo Soy, y sabed que yo estoy en vosotros como vosotros estáis en mí. Y como yo soy uno en mi Padre y Él es uno en mí, de la misma manera vosotros estáis en mi Padre y Él está en vosotros. Os he enseñado a ser uno con el Padre-Madre del Cosmos, para que podáis resistir la tormenta que se avecina. Mi amada María y yo hemos dado el ejemplo para que os améis los unos a los otros, así como nosotros, en la unidad eterna, os amamos.

»Ahora os diré que me veréis en concordancia con el contenido de vuestro corazón. Si vuestro corazón está lleno de la luz de mi Padre y el amor santo de mi Madre, entonces, así me veréis también, elevado hacia esa misma luz y amor. Si vuestro corazón está preso en la oscuridad del miedo que predomina a vuestro alrededor, veréis este cuerpo quebrarse en el madero de la crucifixión. Mi cuerpo de carne terrenal os parecerá como el pan que está partido en este plato.

»Por lo tanto, comed de este pan en memoria mía y de mis palabras, para que estéis llenos de esa luz y esa vida que son eternas.

»Sirvo este vino nuevo como emblema de la «Alianza de Paz» de mis Padres Celestiales que se ha renovado en mí. Hago esto para que el recipiente de vuestro cuerpo y el vino de vuestra sangre puedan convertirse en luz, tan blanca como la nieve recién caída, a través del despertar de vuestro Cristo interior que yace dormido en la tumba de la ignorancia. Por lo tanto, llevad a vuestros labios esta copa comunal de Cristo, que habita en todos; bebed y recordad esta Nueva Alianza. Participad de esta luz como si fuera levadura, elevando el pan que es vuestro cuerpo, para erigirse como un Cristo. Esta misma luz que os eleva al seno de mi Padre-Madre, da vida eterna a todos los mundos y luminosidad a los cielos.

»Levantaré el Templo de mi cuerpo en tres días, para que deis testimonio al mundo de todas estas cosas, que lo que me habéis visto hacer, vosotros también lo podéis hacer. Sí, mis queridos hijos, en el santo nombre de vuestro gran YO SOY, incluso más que eso haréis.

»Mi hora ha llegado y voy a dejaros por un tiempo. Pero sabed esto, yo no os dejaré sin consuelo. Si yo no os dejara como actualmente me conocéis, no podríais conocer al segundo testigo y consolador que os enviaré, que os ayudará a recordar todo lo que os he dicho. Este segundo consolador será un bautismo del Espíritu Santo como una expresión de la gracia de mi Madre Celestial. Os doy mi paz, pero no como la da el mundo, sino como yo os la doy. No os preocupéis ni tengáis miedo. Sabed, amigos míos, Yo Soy/Estoy siempre con vosotros. Amén y Amén».

«Y tú, Judas, hermano mío, ve y haz aquello que te corresponde. En el paraíso te esperaré, pues allí donde yo esté, tú también puedes estar. Ahora, sal a la noche y no mires atrás».

 

Extraído del libro “Ana, la abuela de Jesús”, de Claire Heartsong


 

 

 

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