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CARTA A UN HIJO – Jaime Camps Lorenzo

«Así es la vida, hijo mío, unas veces vivirás bajo el sol más radiante en los que te sentirás inundado por su luz y otras, sin embargo, te sumergirás en la mayor y más completa oscuridad.»

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Hijo mío:

No tomes estas palabras como algo inamovible y llenas de verdad y sabiduría, pues ellas están basadas en mis errores, aciertos y experiencia de mi vida que, quizá, de poco han de servirte en los nuevos caminos que has de recorrer por ti mismo. Los míos forman ya parte de un remoto pasado, de otros tiempos, otros lugares, otros momentos, y la vida, no se detiene en el ayer. 

Ella está siempre presente y en eterno movimiento en el aquí, en el ahora, siguiendo hacia adelante al igual que el fluir del curso de un rió en donde sus aguas siempre están en constante renovación y cambio en su transitar. 

Recuerda que en ocasiones te comentaba que en tu mañana podrías llegar a ser un gran medico, abogado, profesor, mecánico, carpintero o barrendero; que poco importaba lo que llegaras a ser, siempre que fueras tu mismo. Te decía que no siguieras los pasos de aquellos que te precedieron si así no lo sentías, que no te dejaras ahogar por la tradición, pues sus raíces forman parte de un pasado ya muerto y obsoleto. 

Sé tu mismo en todo momento, sigue los dictados de tu corazón; si no lo haces, tal vez llegues a ejercer una profesión sea cual fuere, pero mediocre, pues estarás falto de corazón y esencia. 

Haz siempre oídos sordos a todos aquellos, materialistas, pragmáticos que te dirán: que sino llegas a poseer una gran casa, dos o mas coches y una gran cuenta saneada, no llegaras jamás a ser nada en la vida, ni respetado. El respeto no es un valor monetario o económico, es un principio humanista y universal . Créeme, están equivocados todos aquellos para mi llamados ignorantes dormidos. 

No tienes que llegar a ser nada, pues desde el momento que viniste a este mundo, ya eres !!todo!!, aquello que debes ser. 

Recuerda también muy a menudo y no olvides, que en tus caminos tropezarás y caerás en muchas ocasiones. No te desesperes en esos momentos, vuelve a levantarte y sigue hacia adelante, con nuevas fuerzas y valor; aunque magullado, aprende de tus errores y equivocaciones, pues estos, sin duda, serán el mayor maestro de tu vida y te fortalecerán como ser humano. 

Has de saber que esos caminos están repletos de punzantes espinas que en algunas ocasiones te harán sangrar y sufrir, pero esas mismas espinas forman parte del tallo de una Rosa que también han de bendecirte con su maravilloso aroma en muchas ocasiones. 

Así es la vida, hijo mío, unos momentos vivirás bajo el sol mas radiante en los que te sentirás inundado por su luz y otras, sin embargo, te sumergirás en la mayor y más completa oscuridad. 

En esos momentos, contempla tu entorno, la naturaleza que te envuelve y de la que tú, formas parte sujeto ineludiblemente a sus leyes. Contempla los cambios que se suceden en el movimiento de las estaciones, en los amaneceres y anocheceres. Observa y aprende. 

No has de ser jamás una copia de nadie, ni tienes la obligación de demostrar nada a nadie. Eres único en tu existir. Aunque en muchas ocasiones pueda parecer que nadas contra corriente o que estas equivocado, haz caso omiso y no sigas a las masas de conducta estereotipada y borreguil. No permitas que las mentiras y el errar de muchos te manipulen. Dispón de tu propio criterio, ética y moral y sé libre en tu pensar y sentir. 

Ante las “victorias” y “triunfos” de tu vida, no alardees ni te alegres excesivamente, sé humilde desde la sabia comprensión de que otros, de una manera u otra, participaron en ello y que muchas causas ajenas y externas a ti se confabularon para allanarte el camino. Así pues, como te digo, no te alegres excesivamente por todo ello, de tal manera que tampoco has de sufrir en demasía por todos aquellos oscuros momentos que te aseguro habrás de vivir. 

Encuentra la ecuanimidad en esos momentos, en todo ello hay sin duda una gran enseñanza, en esa balanza de la vida, que en ocasiones se ladea hacia un lado o hacia otro. 

Y para terminar, hijo mío, pues son ya demasiadas palabras, lo verdaderamente más importante de la vida, de tu vida, es que llegues a ser un ser humano; ardua y difícil tarea que probablemente te llevará el resto de tu vida y quizás, no llegues a conseguirlo jamás como tantos de nosotros. 

Mi mayor deseo es que llegues a realizarlo y recuerda: no olvides jamás que, de una forma u otra, siempre estaré a tu lado. 

Con Mi Amor.

 

Jaime Camps Lorenzo


 

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