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PERLA 13 (LOS REBELDES) – Daniel Meurois

«Tenemos que aprender a reconocer y a estarles agradecidos a los rebeldes que, de vez en cuando, vienen a zarandear nuestras certezas y nuestros acomodos.»

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«Hacen falta seres que creen acontecimientos perturbadores, hacen falta rebeldes que rompan periódicamente esa seudoarmonía que es el sueño del alma de quienes durante toda su vida piensan ir por “el buen camino”.

»Es infrecuente que esos seres creen paz durante su vida, pero invocan otra paz para los que vengan tras ellos; obligan a crecer a los que duermen…

»A través de ellos avanzan los Tiempos y alumbran una nueva conciencia».

(Del libro “Las primeras enseñanzas del Cristo”)

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Uno de los ríos que más tarde o más temprano deberemos aprender a cruzar es el del sueño de la buena conciencia.

En nuestra vida, aceptamos muy fácilmente las orejeras que la sociedad nos propone. Son fáciles de llevar y nos encarrilan por la vía de un pensamiento que nos asegura que estamos en lo cierto y del lado bueno de la frontera.

A su amparo, sin embargo, no hay dicha alguna, sino letargo y la dolorosa oxidación que este suscita progresivamente.

Por eso tenemos que aprender a reconocer y a estarles agradecidos a los rebeldes que, de vez en cuando, vienen a zarandear nuestras certezas y nuestros acomodos. Alteran nuestro pensamiento, nuestros esquemas de vida, pero sistemáticamente los consideramos astillas clavadas en el talón de la humanidad.

Romper las falsas armonías: esa es la misión asumida por algunas mujeres, algunos hombres. Los herejes y los activistas de una época determinada con frecuencia se convierten en los héroes de otra época ulterior, pues han anunciado revoluciones fundamentales e inevitables del pensamiento y de los comportamientos. Son los alumbradores de esa Conciencia colectiva que, secreta pero inexorablemente y sin saberlo siquiera, está pidiendo moverse.

Aceptemos ser incomodados o incluso perturbados por nuevos conceptos. Solo así avanzaremos, porque escondiéndose tras las murallas de las certezas inamovibles no se crece jamás. Los dolores del final de una época no son nada en comparación con las promesas de los nuevos tiempos.

¿Qué sería de la semilla en el lecho de la tierra si no estuvieran el agua y el fuego para hacer que se resquebraje su corteza e invitarla a subir?

 

DANIEL MEUROIS

Extraído de su libro “LAS 108 PERLAS DEL CRISTO”
Publicado por Isthar Luna-Sol

 


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