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TAROT: LA TORRE Y GEOPOLÍTICA – Malek Chaoufi

«¿Volveremos a crear una torre de babel en paz y en nombre de la unión de la humanidad para construir lo que vinimos a cumplir?»

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No cambiaría mi torre por nada del mundo, pero tampoco cambiaría las otras ciudades del mundo ni un lugar por nada… porque son la perfección sin idealización. Es una hipocresía llamar “naturalizados” a los nuevos residentes, porque cómo ser “natural” de un sitio, si lo natural es ser humano.

Natural de un lugar cuyas fronteras son dibujadas por el hombre. Fronteras cuyos límites van cambiando a lo largo de la historia y que, por lo general, suelen ser dibujadas por el ganador y no por el vencido. Lo extraño es que hoy en día creemos que las fronteras siempre han estado ahí fijas, constantes e inamovibles. Es estúpido pensar que todo lo terrenal va durar para siempre, incluso los países.
Los imperios creen ser inmortales y todos aprendimos de la historia, que después del apogeo llega la decadencia; es como el ciclo del sol y la luna, es como el ciclo de la mareas, es como el ciclo de las estaciones…

Pero lo que está cambiando es el resurgimiento de los “regionalismos” o más bien partes de la sociedad marginada y oprimida durante toda una historia, a favor de un poder central que reivindica su derecho “legítimo” de decidir un destino.
Parece contradictorio que una sociedad globalizada parezca una sociedad parcial, pero no hay contradicción alguna, porque estamos evolucionando y abriéndonos a un mundo en el que todos tenemos la voz y el derecho a elegir nuestro destino como pueblo, como etnia, como región, como país y como unión.

Todos podemos pensar que un país es como un “matrimonio polígamo” que durará una eternidad, pero existen crisis y divorcios, porque se acabó el tiempo de ser obligado a estar por estar.

Basándose en el principio de que “la unión hace la fuerza”, la fuerza deja tener efecto cuando no hay unión. ¿Para qué empeñarse en mantener una unión moribunda?
Lo vimos desde la antigüedad, con el Imperio egipcio, griego, romano, azteca, maya, inca, otomano, español, francés, inglés o países como la URSS, Yugoslavia, etcétera.
Todo acaba fragmentado por arte de magia y por arte del tiempo que coloca todo en su lugar. Es así como saltan los dos personajes de mi edificio.

Una sociedad tiene la absoluta libertad de estar con quienes desee y elegir a quienes le plazca por los motivos que crea oportunos; desde la revolución francesa que acabó con la monarquía hereditaria y con “la sangre azul”, han existido más y más repúblicas, con corruptos o no tan corruptos; el pueblo elige a sus representantes a su libre albedrío equivocándose o no. Es así como se desmoronan las coronas como en lo alto de mi edificio.

Aunque los representantes del pueblo en su gran mayoría, viven muy lejos de la realidad social optando por vivir del lujo a costa de sus conciudadanos, siguiendo el lema del despotismo ilustrado: “Todo para el pueblo sin el pueblo”. O incluso siguen frases atribuidas a la Francia de los Luises empezando por Luis XIV conocido como el rey Sol que decía “L’État, c’est moi” (El estado soy yo), o lo que decía su hijo Luis XV “après moi le déluge” (después de mí, el diluvio). Mostrando claramente que le daba igual las consecuencias nefastas de las medidas tomadas en su reinado y que posteriormente iban a afectar a su hijo, el futuro guillotinado Luis XVI, al que desencadené liberando su pueblo y posteriormente parte del mundo. Te pregunto: ¿no es causalidad que llevemos el mismo número?

De todas formas, estamos volviendo a la misma situación de los reinos taifas, que tarde o temprano se disolverán creando otra unión más grande y diferentes a las que han existido, porque la historia se mejora reescribiéndola y es la que heredarán las siguientes generaciones. Es nuestra historia la que se va escribiendo a través de humanos politizados y olvidando así nuestro verdadero origen.

Es por eso, que el rayo de lo divino salta cada dos por tres para recordarnos una y otra vez, que para volver al origen debemos volver a la unidad sin fronteras, sin distinción de color de piel ni etnias, sin nacionalidades, sin idiomas que nos separen, sin complejo de inferioridad ni superioridad, sin márgenes entre norte y sur, sin separación entre clases sociales… Y es por eso que se habla de amor sin condición.

¿Volveremos a crear una torre de babel en paz y en nombre de la unión de la humanidad para construir lo que vinimos a cumplir? ¿Lograremos unir el cielo y la tierra a través de una voz, un corazón que palpita al mismo ritmo de toda la humanidad? ¿Volveremos a sentir que somos viajeros del eterno Universo y no de humanos pasajeros de un diminuto país ubicado en el minúsculo planeta Tierra?

Mientras tanto, los rayos caerán sobre mi edificio, las coronas caerán de mi torre y la ignorancia del hombre y su ego seguirá cayendo también. Porque soy la Torre y por eso soy… ¡la liberación!

La Torre (XVI)

Con amor y libertad

Malek

Extraído de la Baraja LO CU RA MÍSTICA, MUNDUS, “La Maison Dieu (Torre)” correspondiente a la Baraja LO CU RA MÍSTICA, MUNDUS.

MALEK CHAOUFI

 

Narrado por Mi Voz Es Tu Voz para “UN AUDIO PARA TI”

 


 

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