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cuento

EL ÁRBOL – Jaime Camps Lorenzo

«La visión y comprensión de las cosas de la Naturaleza, es relativa a la posición en la que uno se encuentra con respecto a ella.»

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Al despuntar el alba, cuando los primeros rayos solares asomaban tenuemente entre las altas montañas de Haku-san iluminando el verde valle de Lida, el anciano y venerable Maestro Matsume, hizo llamar a su protegido Sun, y una vez en su presencia le dijo: ha llegado el momento mi bien amado, hoy me acompañaras.

Tras hacer los preparativos, Sun y su Maestro partieron tomando el serpenteante camino que llevaba al bosque. Una vez allí, se dirigieron hacia el mismo centro del frondoso bosque de robles, pronto se hallaron frente a un majestuoso roble -se decía de él que era milenario, que se encontraba allí desde el inicio de los tiempos-, el propio Maestro había jugado bajo su sombra cuando era niño, los más viejos del lugar siempre lo recordaban tal y como se encontraba ahora mismo, dime Sun -dijo el Maestro- observa este roble y dime qué ves.

Es sin duda, el roble más hermoso que haya visto en mi vida –respondió Sun-.

Bien, -observó el Maestro- ahora acércate a él, abrázalo, cierra tus ojos y siente y escucha con tu corazón lo siguiente.

-El Maestro prosiguió- Retrocede en la memoria de la existencia, cuando el roble era tan sólo un diminuto fruto, contempla como es llevado por el aire hasta ser depositado en la tierra, de cómo la fértil tierra lo acoge en su seno, en sus entrañas, para luego ser fecundado por el agua y más tarde ser acariciado por el fuego de los rayos del sol donde la energía de vida hacen brotar en él, sus primeras raíces, éstas, lentamente van enraizándose en la tierra madre que le dio cobijo.

Una vez las raíces se han consolidado, la inercia de la esencia natural del árbol es mostrar su esplendor, así se yergue, para brotar firme hacia el cielo; a la vez, de su tronco principal emergen, manteniendo siempre un constante equilibrio fundamental para su buen desarrollo, nuevas ramas que como brazos se extienden por diferentes caminos, hacia el este, el sur, el norte y el oeste.
De estas nuevas ramas brotan otras de menor tamaño donde el tiempo hará florecer en ellas sus hojas, hasta llegar a mostrar toda la belleza y divinidad que posee el árbol.

Observa mi querido Sun, como algunas de estas hojas quedan cercanas a la base del árbol, cercanas a la tierra; otras, sin embargo, se elevan por encima de la copa del mismo, más próximas al cielo y, a su vez, otras se encuentran entre las de arriba y las de abajo.

Contempla Sun, –siguió el Maestro- cómo las hojas de la base del árbol apenas reciben la luz del sol, de modo que la visión que tienen de la vida, de la naturaleza, se ve reducida en parte. Si embargo, las hojas de lo alto de la copa son constantemente rociadas por el sol, por la luz y, por tanto, al estar más arriba, su visión y armonía de la naturaleza es mayor.

Ahora bien, aún en la distancia por la que son, las hojas separadas por propia naturaleza, todas ellas sin excepción, las de arriba y las de abajo, son conscientes de que forman parte de una misma unidad, de un único ser, de una raíz, de una esencia, y siendo conocedoras de esa verdad, no se ríen las unas de las otras por su diferente condición y situación.

Tras una pausa de reflexión el Maestro prosiguió –un viejo proverbio dice así: “La montaña no se ríe del río por estar el río más abajo; del mismo modo, el río no se burla de la montaña porque la montaña no pueda desplazarse.”

Matsume continuó diciendo – La visión y comprensión de las cosas de la naturaleza, es relativa a la posición en la que uno se encuentra con respecto a ella.

La verdad es patrimonio de todo Ser, una vez libre al fin de prejuicios, condicionamientos y conceptos personales. Con la mente aquietada y el corazón abierto.

Al igual que el árbol, los seres humanos crecen y se desarrollan de la misma manera, pero, en su ignorancia de las leyes de la naturaleza de la que forman parte, y del respeto a la Vida, se han extraviado y han olvidado la Unidad del Ser.

Sun – dijo el Maestro -, si en verdad deseas encontrar a tu Ser, busca en tu interior, calma tu mente de pensamientos estériles y retornarás a tu origen.

Una vez dicho esto, el anciano, adoptando la postura de loto bajo el árbol y con su semblante lleno de paz y serenidad, expiró su último aliento uniéndose una vez más al ciclo vital de la existencia.

En ese mismo instante se levantó una ligera brisa del oeste que hizo estremecer a Sun y al viejo roble. De lo más alto de la copa del árbol, se desprendió una hoja, y oscilando en una suave danza y armoniosos movimientos en espiral fue a posarse sobre el regazo del venerable y Sabio Maestro.

 

JAIME CAMPS LORENZO
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