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LIBRO DE TOTH: LA TABLA ESMERALDA – Malek Chaoufi

«Soy Uno con la Fuente, Uno con la vida, Uno con mi Ser.»

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Libro de Toth: La Tabla Esmeralda
(Los Registros Akásicos Egipcios)

Ya llevo unos días aquí, me encuentro flotando en esta sala penumbrosa y sigo sin entender lo que está pasando. Mis familiares me trajeron llorando hasta aquí guiados por mis amigos y compañeros sacerdotes mientras oraban a los dioses; es como… si me hubiese muerto.

Sigo viendo mi cuerpo sin vida encima de la mesa; intento penetrar en él y no puedo. No respiro, mi corazón no palpita, no me despierto. Es una pesadilla, ¿verdad?

¡Espera, estoy viendo a los embalsamadores! ¿Qué? ¿Estoy muerto? ¡No puede ser! Me están lavando, ¡esto me suena! ¡Van a purificarme para el viaje al más allá! ¡Oh, no! ¡Ya me acuerdo! ¡Me han matado, me han matado! ¡Por todos los dioses! ¡Todo fue por acceder a la tabla Esmeralda conocida como el libro de Toth. ¿Por qué demonios lo hice?

¡Ahh! ¡Era el sacerdote de su Majestad y Santidad, el faraón hijo de Ra!

A ver si me acuerdo…

Me desperté antes de que Ra apareciera en el cielo como siempre, hice mis oraciones diarias y me bañé. Llegué a la sala principal vestido, en una mano sujetaba un cetro y en la otra una maza. Encabezando la procesión con mis discípulos y los creyentes, nos dirigimos descalzos y portando las ofrendas al centro del templo para despertar a Horus, nuestro dios venerado: ¡Oh, gran dios, despierta! ¡Despierta en paz para este gran día! Depositaron la comida enfrente de su estatua y yo extendí las manos bendiciendo la comida hasta que el Sol llegó a cuatro dedos del horizonte, el tiempo que Horus consumía la energía de la comida proveniente del sagrado Nilo. Posteriormente desayunamos la ofrenda, agradecidos por la oportunidad de servir al Faraón y a nuestro dios. Después nos untamos con grasa de halcón para adquirir la sabiduría, el conocimiento y la protección del Elevado (Horus). Cuando acabó la ceremonia matutina, los creyentes salían del templo, mis discípulos lo limpiaban y colocaban inciensos.  Solíamos hacer el mismo procedimiento de ofrendas para honrar a nuestro bien amado dios, a medio día y cuando quedaban cuatro dedos de horizonte antes de que el Sol se fuera al otro mundo.

Aquel día fue diferente, morí antes de que el Sol llegara al Medio Cielo. Recuerdo haber mandado a todos los discípulos a meditar sin excepción. Había quedado con esa chica, en una de las sala del templo. Era una joven de buen ver, con los ojos almendrados y maquillada, no me acuerdo de su nombre. La había conocido una mañana en el templo y quería entregarme una Tabla muy importante.

Me estaba esperando en la sala y me entregó una tabla envuelta en seda y se fue corriendo… Yo no puede esperar más para abrir el envoltorio y allí estaba: La Tabla Verde Esmeralda. ¡Por Horus, era el Libro de Toth! Lo empecé a leer tranquilamente y llegué al párrafo que rezaba así: “Soy Uno con la Fuente, Uno con la vida, Uno con mi Ser.”

Justo al acabar de leer la Tabla entré en trance y me caí al suelo. Vi mi vida pasar, me vi de niño y me vi nacer. Me vi en otras vidas, vi a seres extraños amorosos, vi la muerte y la vida, vi a nuestros dioses y a otros que desconocía y conversé con cada uno de ellos; viajé por todas las tierras desconocidas, vi mares y otros pueblos, vi otras pirámides, vi otros espacios y tiempos, vi otras dimensiones y seres que atemorizan, y otros seres alados que siempre me han protegido.

¡Oh, madre mía! Vi cómo falsificaban el Libro de los Muertos y las otras religiones en todas las civilizaciones, incluida la nuestra. Vi la ciencia abrazar la fe, vi que con la fe los sueños se cumplen. Vi la verdadera magia, vi cómo se puede transformar cualquier materia en oro y la oscuridad en luz. Viajé en el cosmos y conocí en persona todos los astros y a mi gente, aquellos que ya murieron. Vi el inframundo y nuestro verdadero hogar.

Me recibieron los Maestros y Guías, me abrazaron, me hablaron del aquí y ahora, me hablaron de la mente y el corazón, me hablaron del personaje y el ser, me hablaron de las luces y sombras, me hablaron del alma… mi alma. Les pregunté sobre un tema que me preocupaba en la Tierra y era sobre la «divinidad» del faraón y me contestaron que todos los seres de la tierra somos iguales, y al igual que cada grano de arena, somos igualmente «divinos» y que la divinidad reside en nuestro corazón. Tanto en el reino de los cielos como el de las tierras nadie es mejor ni peor que nadie. Me llevaron a la biblioteca y a sus majestuosos guardianes, me dieron la bienvenida a los “Registros Akásicos”, y me permitieron acceder a mi libro. Vi el amor, vi… el amor que mueve todo el universo. Les dije que tenía que transmitir todo lo que estuve viviendo, me dijeron que no era mi turno, que sería en otra vida y me informaron de que Toth es conocido por los helenos que viven en la orilla opuesta de Alejandría como Hermes Trismegisto (El tres veces grande), que también habló de la tabla Esmeralda. Me dijeron que aparecerán otros profetas que hablarán de ella en textos sagrados cuyos títulos acabarán en Rá.

Seguí leyendo mi libro del alma hasta el punto que me vi en la parte en la que estoy flotando como ahora; vi cómo entraron los soldados a acuchillarme mientras mis lágrimas corrían por mi cara sonriente y mi sangre derramada en el suelo. ¡Me duele la espalda! ¡La princesa conocida como “La Luciérnaga” me había traicionado!

Tuve que leer rápidamente antes de volver a mi cuerpo y solo recuerdo que, milenios más tarde, escribiría esta historia siendo un sacerdote como ahora, pero también escriba.

Con amor,
Malek

 

 

MALEK CHAOUFI

 

Narrado por Mi Voz Es Tu Voz para “UN AUDIO PARA TI”

 


 

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