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BUDA Y EL CONOCIMIENTO – Wayne W. Dyer

«Todo aquel conocimiento que llevas contigo y que denominas creencia, lo has hecho tuyo debido en gran parte a las experiencias y los testimonios de otras personas.»

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«No creas en lo que has oído. No creas en la tradición porque provenga de muchas generaciones. No creas en nada de lo que se ha hablado muchas veces. No creas en algo porque haya sido escrito por algún viejo sabio. No creas en las conjeturas. No creas en la autoridad, en los maestros ni en los ancianos. Cuando hayas observado y analizado detenidamente una cosa que esté de acuerdo con la razón y beneficie a uno y a todos, entonces acéptala y vive conforme a ella.»

BUDA (563 a.C – 483 a.C.)

 

Buda, fundador del budismo, una de las principales religiones del mundo, era el príncipe Siddhartha Gautama, que nació en el nordeste de la India, cerca de la frontera con Nepal. Cuando, a la edad de veintinueve años, vio la desgracia, la enfermedad y la muerte a las que hasta los más poderosos y ricos están sujetos en esta vida, abandonó su palacio y partió en busca de una verdad más elevada.

La palabra buddha es en realidad un título que significa «el despierto» o «el iluminado». Es el título que se le dio a Siddhartha Gautama, que abandonó la vida palaciega a la edad de veintinueve años y emprendió la búsqueda de un conocimiento religioso y de una forma de liberarse de la condición humana. Se dice que desechó las enseñanzas de sus contemporáneos y que alcanzó la iluminación o el entendimiento supremo a través de la meditación. A partir de entonces, asumió la función de maestro, instruyendo a sus seguidores en el dharma o verdad.

Sus enseñanzas se convirtieron en la base de la práctica religiosa del budismo, que ha desempeñado un papel fundamental en la vida espiritual, cultural y social de Oriente y también de gran parte de Occidente. En este ensayo, he optado deliberadamente por no escribir sobre los principios de la doctrina budista y he preferido citar este conocido fragmento de Buda y hablar del significado que tiene para nosotros en la actualidad, unos veinticinco siglos después de su muerte.

La palabra clave del fragmento es «creer». De hecho, la frase principal es: «No creas». Todo aquello que llevas contigo y que denominas creencia, lo has hecho tuyo debido en gran parte a las experiencias y los testimonios de otras personas. Si te llega a través de una fuente exterior, independientemente de lo convincente que pueda ser el proceso de condicionamiento y de cuántas personas hayan contribuido a convencerte de la verdad de esas creencias, por el hecho de que sea una verdad ajena debes recibirla con dudas e interrogantes.

Si tuviera que intentar convencerte del sabor de un delicioso pescado, quizá me escucharías, pero tendrías tus dudas. Si te enseñara las fotos de ese pescado y cientos de testimonios de personas que apoyaran mis afirmaciones, puede que estuvieras más convencido. Pero aún te quedaría la duda, porque no lo habrías probado. Puedes aceptar la verdad de que a mí me resulte delicioso, pero hasta que no pruebes personalmente el pescado, tu opinión será sólo una creencia basada en la mía, en mi experiencia. Lo mismo sucede con todos los bienintencionados miembros de tu familia y con tus antepasados.

El hecho de que una creencia goce de una tradición de siglos y haya sido respaldada por los más grandes maestros no es motivo para aceptarla sin más. Recuerda lo que dice Buda: «No creas».

En vez de usar el término «creencia», intenta cambiarlo por la palabra «conocimiento». Cuando tienes la experiencia directa de saborear el pescado, obtienes el conocimiento. Es decir, lo incorporas conscientemente y puedes determinar la verdad basándote en tu experiencia. No sabes montar en bicicleta o nadar por tener una creencia, sino por tu experiencia directa.

El «iluminado» de hace veinticinco siglos te recuerda directamente que apliques este mismo entendimiento en tu práctica espiritual. Hay una diferencia fundamental entre haber oído hablar de algo y conocerlo. «Haber oído hablar» es otra forma de decir «creer». «Conocer» es un término exclusivamente reservado para la experiencia directa, que significa la ausencia de duda. Recuerdo a un conocido curandero kahuna que respondió a mis preguntas sobre cómo llegar a ser sanador. Me dijo: «Ante una enfermedad, cuando un conocimiento se enfrenta a una creencia, el conocimiento siempre triunfa». Me explicó que los kahunas eran educados para dejar a un lado las dudas y abrazar el conocimiento

Cuando pienso en las parábolas que presentan a Jesucristo como el gran sanador, no puedo albergar ninguna duda. Cuando Cristo se acercaba a un leproso no decía: «Últimamente no he- mos tenido mucho éxito con la lepra, pero si sigues mi consejo, tendrás un treinta por ciento de posibilidades de sobrevivir en los próximos cinco años». Es fácil ver toda la duda que alberga esta frase. Él hubiera dicho desde su estado de conocimiento absoluto: «Estás curado». Éste es el mismo estado de contacto consciente con el conocimiento que permitía a san Francisco realizar sus curaciones milagrosas. De hecho, todos los milagros resultan de transmutar la duda en conocimiento.

No obstante, la capacidad persuasiva de la influencia cultural es muy fuerte. Constantemente te están recordando lo que has o no has de creer, lo que todos los miembros de tu grupo social han creído siempre y lo que pasará si no respetas esas creencias. El miedo se convierte en el eterno compañero de tus credos y, a pesar de las dudas que puedas tener, sueles adoptarlos y se convier- ten en las muletas en las que apoyas tu vida mientras buscas una salida para las trampas que cuidadosamente han sembrado gene- raciones de creyentes anteriores a ti.

Buda nos da un gran consejo y, como podrás ver, en su con- clusión no aparece la palabra «creer». Él nos dice que cuando una cosa esté de acuerdo con la razón —es decir, cuando sepas que es cierta basándote en tu observación y en tu experiencia— y beneficie a uno y a todos, entonces, sólo entonces, ¡vive conforme a ello!

En este libro te ofrezco un compendio sobre algunos de los ge- nios más famosos y creativos de todos los tiempos. Sus palabras te hablan desde otra época, y te animo a que hagas lo mismo con ellas que con las que te ha transmitido tu cultura desde hace muchas ge- neraciones. Ante todo, pon en práctica los consejos que aquí se exponen. Pregúntate de qué modo se ajustan a tu propia razón y sentido común y, si te benefician a ti y a los demás, entonces vive de acuerdo a ellos. Es decir, forja tu conocimiento.

Cuando te niegas a dejarte influir por los patrones establecidos, la gente te ve como una persona insensible o indiferente a la experiencia y a las enseñanzas de los demás, especialmente de aquellos que más se preocupan por ti. Te sugiero que leas varias veces estas palabras de Buda. El no habla de rechazo, sólo de ser lo bastante adulto y maduro como para tomar tus propias decisiones y vivir según tu conocimiento, en lugar de hacerlo conforme a la experiencia y el testimonio de los demás.

No podrás aprender nada a través de los esfuerzos ajenos. Los más grandes maestros del mundo no te podrán enseñar nada, a menos que estés dispuesto a aplicar lo que te ofrecen basándote en tu conocimiento. Esos grandes maestros sólo te ofrecerán op- ciones en el menú de la vida. Pueden hacer que éstas resulten muy atractivas y en último término tal vez te ayuden a elegir. Puede que hasta escriban el menú, pero el menú nunca podrá ser la comida.

Para que la sabiduría empiece a activarse, te sirvo en bandeja estos «aperitivos» de mi propio menú:

  • Haz una lista de todas las creencias en las que puedas pensar. Incluye cosas como tu actitud hacia la religión, la pena capital, los derechos de las minorías, la reencarnación, la juventud, los ancianos, la medicina no tradicional, lo que sucede después de la muerte, tus tendencias culturales, la capacidad para realizar milagros…
  • Sé sincero con ese inventario respecto a cuántas de tus firmes creencias se basan en tus propias experiencias de la vida y cuántas son heredadas. Intenta abrir tu mente para experimentar las cosas por ti mismo antes de proclamarlas como ciertas y vivir conforme a ellas.
  • Ábrete a sistemas de creencias que sean opuestos a los que te son familiares. Experimenta lo que es estar en la piel de los que son diferentes a ti. Cuantas más experiencias «contrarias» te permitas tener, más conocerás la verdad.
  • No te dejes seducir por los argumentos basados en las ideas que te han inculcado personas bienintencionadas. Es decir, ¡deja de emplear tu energía en cosas en las que no crees o que sabes que no son para ti!

 

WAYNE W. DYER

 

La sabiduría de todos los tiempos.jpg

 


 

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