salud y nutrición

LOS FUNDAMENTOS ESPIRITUALES DE LA MEDICINA – Omraam Mikhaël Aïvanhov

«El espíritu es capaz de producir elementos químicos curativos. Pues bien, la medicina no ha reconocido ni ha aceptado aún estos poderes del espíritu y en eso consiste su error.»

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Es formidable pensar en todos los medios que hoy en día posee la medicina occidental, en los progresos de la química, de la cirugía, en la utilización de radiaciones, etc. Pero, ¿por qué en lugar de curarse, la gente está cada vez más enferma? Uno se pregunta si realmente existe alguien sano en la Tierra; por otra parte, nos damos cuenta de que cada día aparecen nuevas enfermedades. Por supuesto me diréis que esas enfermedades han existido siempre, pero que, debido a nuestra ignorancia, no se diagnosticaban y, en consecuencia, no se aplicaban los cuidados necesarios. En parte es verdad, pero no del todo. Tampoco diré, como hacen muchos, que esas enfermedades son debidas únicamente a la polución del aire y del agua o a una alimentación artificial.

Es cierto que las fábricas vierten sus desechos en el agua, que el aire está contaminado por toda clase de gases y humos, que las verduras y las frutas se cultivan con abonos químicos y que el aceite, el azúcar, la mantequilla, el pan, todo está desnaturalizado, falsificado. Pero eso no es más que el aspecto material de la cuestión; las verdaderas causas de la enfermedad se encuentran más allá, en la manera de pensar, de sentir, de actuar. Y no se habla nunca de este aspecto, no se explica nunca que tal pensamiento o tal emoción producen fermentaciones o envenenamientos. Se intentan remediar las deficiencias con la ingestión de algún medicamento, pero lo que no se sabe es que, en realidad, son los pensamientos los que nos destruyen o nos vivifican.

Hace apenas veinte o treinta años que Europa, a través de la medicina psicosomática, empieza a darse cuenta de la importancia del psiquismo en las enfermedades; y a considerar, por fin, la parte sutil del hombre. Sin embargo, ¡esta parte sutil ha existido siempre! ¿Por qué pues, en muchos casos, los médicos se empeñan en no ver más que la parte material, física? Hace cuarenta o cincuenta años, sólo nos preocupábamos por el número de calorías necesarias para el buen funcionamiento del organismo. No se hablaba más que de la cantidad de proteínas, lípidos, glútidos y sales minerales que el hombre tenía que ingerir en su alimentación. Después se descubrieron las vitaminas; y desde entonces, no se habla más que de ellas, que en dosis minúsculas tienen una acción mucho más poderosa que los prótidos, glúcidos, etc. Actualmente, el último descubrimiento son las glándulas endocrinas, cuyas secreciones son sumamente sutiles; y las hormonas, que son todavía más importantes.

Sin embargo, sea cual sea su importancia, las glándulas endocrinas no son las responsables de todo lo que ocurre en el organismo: Se limitan a ejecutar las órdenes que se les da; y si están bloqueadas, si segregan en exceso, poco o mal, es porque dependen de otras funciones mucho más sutiles que aún no han sido descubiertas por los investigadores. Sí, todavía hay cosas por descubrir. Lo invisible manda sobre lo visible, el mundo sutil da órdenes al mundo físico, el espíritu a la materia. Pero los contemporáneos aún no lo han aceptado. ¡Creen que la parte sutil, psíquica, depende de la materia, del cuerpo físico, y que los pensamientos, por ejemplo, son segregados por el cerebro como la bilis es segregada por el hígado! En realidad, es todo lo contrario, ya que los pensamientos son entidades vivas. Pero ya os he hablado de esto y no volveré a hacerlo.

El ser humano posee en sí mismo los elementos capaces de oponerse a la enfermedad. Como prueba, tenemos los casos en que enfermos condenados por los médicos han conseguido curarse. ¿Cómo? Por la voluntad y el pensamiento. No todo el mundo lo consigue, por supuesto, porque hay que tener desarrolladas ciertas facultades, pero es posible. Os he hablado de ciertas plantas cuyas raíces no están en la tierra, viven suspendidas en el aire, extrayendo su vitalidad de la atmósfera. ¿Cómo lo han conseguido? Sí, hay plantas que, en semejantes condiciones, son capaces de absorber todos los elementos que les son necesarios. ¡Cuánto más el ser humano! Los químicos dirán: «Se trata de procesos químicos, siempre se trata de química…» Sí, sí; por supuesto, todo es química, ¡pero la química obedece al espíritu! El espíritu es capaz de producir elementos químicos curativos. Pues bien, la medicina no ha reconocido ni ha aceptado aún estos poderes del espíritu y en eso consiste su error.

Sin embargo, hay que reconocer que cada vez más, la medicina es consciente de los efectos benéficos de la armonía sobre la salud. Va descubriendo paulatinamente que muchos trastornos provienen de la disonancia que se ha instalado en la vida interior de los seres humanos: Disonancia en sus pensamientos, en sus sentimientos, etc. La medicina y la psicología han encontrado toda clase de términos científicos para referirse a estos trastornos; mientras que yo continúo teniendo un vocabulario sencillo, que explica muchas cosas: Yo llamo a todo esto «disonancia». Si se observa como actúa la armonía y la desarmonía en todos los terrenos, en todas las actividades, en todos los sectores de la sociedad, sean cuales sean las palabras científicas de las que nos servimos para expresarla, todo se reducirá siempre a estos dos términos: Armonía y desarmonía; o bien, orden y desorden.

La medicina ha realizado progresos considerables a través de los siglos, ha encontrado los medios de vencer la peste, el cólera, el tifus, la tuberculosis, etc. Pero todavía no consigue salvar a la humanidad de los trastornos del sistema nervioso: ansiedad, angustia, nerviosismo, depresiones; los cuales actúan a su vez desfavorablemente, sobre el organismo. Y, por otra parte, como sabéis, las enfermedades varían. Si en el pasado resultaban afectadas ciertas partes del cuerpo; en la actualidad, son otras las afectadas: El sistema nervioso o el corazón, por ejemplo. Por supuesto, hay otras. No se trata siempre de enfermedades incurables, pero están muy extendidas; y algunas son difíciles de curar, como la poliomielitis, el cáncer, etc.

Sin embargo, estoy muy contento de ver que en el ambiente médico se está produciendo un cambio y que van apareciendo tendencias completamente nuevas que se acercan a nuestra enseñanza. Y puesto que las teorías, los puntos de vista que hemos expuesto corresponden a la Ciencia iniciática existente desde tiempos inmemoriales, ello demuestra que la ciencia oficial retorna hacia las grandes verdades del pasado.

Últimamente ha habido tantas reacciones en contra de los antibióticos y de la quimioterapia, las cuales en ciertos casos han dado resultados negativos, que los médicos están un poco confusos. Mucha gente se vuelve hacia la homeopatía porque se han dado cuenta de que los médicos alópatas sólo se preocupan de la enfermedad, olvidándose del ser humano con sus cualidades individuales y específicas. También han visto que, matando los microbios o virus causantes de la enfermedad, se aniquilan otros microbios que son útiles al organismo.

La medicina, finalmente, ha acabado por comprender que las facultades psíquicas del hombre, le hacen muy distinto a todos los demás seres vivientes. Ha observado que los mismos medicamentos no actúan de igual manera en todas las enfermedades y que, por lo tanto, no hace falta administrar la misma medicación a todos los que padecen la misma enfermedad. Los buenos homeópatas estudian a cada persona en detalle: su temperamento, sus deseos, sus estados psíquicos, y le administran el medicamento que le conviene a cada quién y no a otra persona. Han constatado que para cada enfermo hay que tener en cuenta también un conjunto de elementos que ellos llaman «el terreno», mientras que hasta ahora la medicina también había descuidado el medio en el que se propaga la enfermedad para estudiar únicamente la enfermedad por sí misma.

Actualmente se vuelve a los principios enseñados por Hipócrates. Hipócrates fue un médico griego que había estudiado la ciencia médica en Egipto y en la India. Enseñaba que, sobre todo, hay que darle al organismo la posibilidad de defenderse. Porque el organismo, es decir, la naturaleza, sabe elaborar sus defensas preparando espontáneamente elementos químicos capaces de neutralizar los agentes de la enfermedad. Cuando un hombre desarrolla la resistencia de su organismo, está tan bien armado que ante sus defensas el enemigo retrocede. La prueba está en que, habiendo gente que durante las epidemias circulaban tranquilamente entre los enfermos sin contagiarse jamás, otros sucumbían al mal a pesar de tomar toda clase de precauciones. ¿Por qué? Porque en el caso de los primeros el terreno no era favorable a la proliferación de los microbios. Las enfermedades no atacan al hombre si ven que el fuerte está bien defendido.

Hipócrates conseguía reforzar el organismo por medios naturales, ya fueran baños, tisanas de hierbas, exposición al Sol, reposo, purificación, ayuno, etc. Mientras que hoy, al ingerir cantidad de medicamentos que los debilitan, la gente impide que su organismo se defienda porque, al emplear sólo remedios externos, no desarrollan las fuerzas internas. La gente se precipita sobre los medicamentos a la más pequeña indisposición; y eso, no es razonable. ¿Por qué no probar antes un método natural? Por ejemplo, cuando os hayáis enfriado y tenéis escalofríos, desnudaos y haceos fricciones enérgicamente con una toalla o un guante de aseo o de crin. Y a continuación, volveos a vestir y bebed varias tazas de agua caliente y abrigaos bien con unas mantas. Sudaréis y, de esa manera, podréis restableceros. Probad mi método, es sencillo, yo lo he experimentado muchísimas veces. No hagáis como la mayoría de la gente que esperan a caer enfermos y entonces ya necesitan todo un arsenal de medicamentos. No hay que esperar tanto. Y además, fijaos bien, tampoco toméis cualquier cosa, ya que, entonces, vuestro organismo no conseguirá enfrentarse a todos los ataques a los que se verá expuesto. Muchas anomalías surgen a causa del abuso de productos farmacéuticos. Por esa razón, en vez de continuar realizando experimentos muy avanzados en el terreno de la química, hay que buscar en otras direcciones; hay que situar a los enfermos en condiciones totalmente diferentes con el fin de despertar los poderes que yacen dormidos en su interior.

El ser humano está construido para poder neutralizar todo el mal que exista en él. Sólo le falta el conocimiento, la voluntad; en una palabra, todo lo que es de orden espiritual. Actualmente, por el contrario, todo el mundo reconoce unánimemente que los antibióticos e incluso la radioterapia (rayos ultravioletas, infrarrojos, los rayos de cobalto, etc.), tienen efectos secundarios absolutamente perjudiciales. Pues sí, se han realizado experimentos sin conocer demasiado las reacciones que se van a desencadenar. Y es así como ciertos enfermos, sin ellos saberlo, sirven de conejos de indias. También se utilizan animales, pero lo que es bueno para los animales no es necesariamente bueno para el hombre. ¿Cómo podemos pensar que lo que da buen resultado en un ratón o en un conejo, dará buen resultado en un ser humano? La estructura del ser humano es totalmente diferente a la de los ratones y a la de los conejos. Y además, tampoco tenemos derecho a matar a miles y miles de animales para realizar experimentos. Ese es un crimen que la humanidad deberá pagar algún día.

Si leéis el Génesis, veréis que, hasta la época de Noé, Dios no permitió a los hombres matar animales. A Adán y Eva, les dio solamente vegetales y frutas como alimento. Más tarde, después de la salida del arca, como los hombres habían perdido su inocencia o su luz, se les permitió matar animales para comérselos, prohibiéndoles únicamente atentar contra la vida humana porque «la sangre del hombre clama venganza». Pues bien, yo pienso que también la sangre de los animales clama venganza y que muchas nuevas enfermedades tienen ese origen. 

Así pues, actualmente, una parte de la medicina empieza a volverse hacia Hipócrates, hacia la naturaleza. Por ejemplo, se están redescubriendo los beneficios del agua de mar y se construyen cada vez más centros de talasoterapia cerca del mar. Esta agua, posee todos los elementos necesarios al organismo, ya que contiene los mismos elementos que la sangre. Gracias al agua de mar, los egipcios curaron a Platón, los babilónicos, los chinos y los japoneses también conocían esta terapia. Yo estoy completamente de acuerdo con este método, ya que corresponde a nuestra enseñanza y también porque restablece el equilibrio del hombre, al echar mano de este gran depósito inagotable que es la naturaleza y facilitarle a su organismo todo cuanto necesita. Según los últimos descubrimientos de la ciencia, ahora sabemos que, como todas las criaturas, el organismo del ser humano proviene del mar, cuyos elementos se hallan en su interior. Cuando se sumerge en el mar, su equilibro se restablece porque el agua fue su elemento primordial.

También es muy bueno beber agua de mar. Es como si se operara una verdadera transfusión. «Pero, me diréis, ¿no se pueden tomar tales elementos en píldoras fabricadas en unos laboratorios?». No, no es lo mismo porque, en el mar, esos elementos están vivos y el organismo los absorbe y los asimila mejor. Todo lo que el hombre ha producido en una fábrica o en un laboratorio, no es tan aconsejable. Ciertas personas pretenden que los minerales contenidos en el agua del mar se deben a las lluvias, los ríos y todas las aguas que han atravesado las diversas capas de la Tierra, pero las últimas investigaciones han demostrado que el yodo, el boro y otros elementos muy poco corrientes que se han descubierto en el mar, no se encuentran en la Tierra; todavía se ignora su origen.

Lo ideal sería poder tomar baños de agua de mar caliente para que, de esa manera, el agua penetrase mejor en la sangre, como se ha demostrado a través de los últimos descubrimientos de la ciencia. A esta agua, se podrían añadir algas; ya que estas también tienen un gran poder curativo. Mi abuela curaba de esta manera y, por lo tanto, yo sé desde hace sesenta años que es posible restablecer la armonía del organismo, tomando baños de agua caliente con hierbas. También es bueno comer algas. Los japoneses comen muchas y eso les da una extraordinaria resistencia. Daos cuenta de lo inconsecuentes que son los seres humanos… Los que preconizan la talasoterapia se maravillan de los resultados que se obtienen del agua de mar y de las algas, pero jamás se preguntan de dónde provienen estas fuerzas y estas energías que transmite el mar. Olvidan siempre lo esencial; ¡y lo esencial, es el Sol! Es él quien proporcional al agua del mar y a las algas la  vitalidad que luego extraen los humanos. Él es el factor esencial; el agua del mar y las algas, no son más que transmisores. Si el agua del mar no estuviera vivificada por el Sol, no reportaría ningún beneficio.

En la manera de razonar de los seres humanos; falta siempre lo esencial, porque no poseen la verdadera sabiduría: Nunca piensan que todo lo que existe sobre la Tierra tiene su origen en el Sol. Un árbol; por ejemplo, ¿qué es un árbol? No es más que un depósito de rayos solares condensados. Si quemamos el árbol, toda esta luz vuelve al Sol, liberando algunos gases, vapores de agua y un poco de ceniza. Y el mar, como el árbol, no es más que un depósito de rayos solares. El Sol mira el mar, lo llena de su vida; y al beber esta agua o al bañarse, se recibe la vida que el Sol ha depositado en ella.

La fitoterapia y la aromaterapia utilizan plantas. Se trata de una terapia que os recomendamos igualmente. ¿Por qué? Porque las plantas también tienen la propiedad de captar y de concentrar en su interior los elementos que provienen del Sol o de las estrellas. Tengo una confianza absoluta en sus virtudes; y si se sabe la manera de dosificarlas y combinarlas, no causan ningún perjuicio. Os recomiendo, pues, que utilicéis lo más posible las plantas.

La quiropraxia fue descubierta por un americano y, poco a poco, se ha extendido por todos los países; pero en realidad, se trata de una ciencia muy antigua. Os recomiendo también esta terapia; por otra parte, a menudo he hecho hincapié en la columna vertebral, diciéndoos que muchas enfermedades provienen de algún defecto de la misma: Una desviación, un nervio pinzado, una vértebra comprimida. Puesto que los nervios nutren los órganos, no hay que intentar curar los órganos sin curar primero los nervios de los que aquéllos dependen, y esos nervios pasan por la columna vertebral. Los órganos están directamente ligados al cerebro por la columna vertebral y es, pues, como un puente entre el cerebro y el resto del cuerpo. Y si la columna vertebral no funciona correctamente, se producen en consecuencia toda clase de anomalías. Es necesario restablecer la corriente, ocupándose de los nervios que pasan por la columna vertebral. Los que han estudiado esta ciencia, han curado muchas enfermedades; han conseguido incluso curar la sordera que, en ciertos casos, es debida a una anomalía de la columna vertebral.

El magnetismo también es una terapia y, además, junto con la fitoterapia, una de las más antiguas. Desde al antigüedad, los iniciados han curado a través del magnetismo. Mirad lo que se dice en los Evangelios, que Jesús tocaba a los enfermos y los curaba. ¿Cómo? Introduciendo en ellos una fuerza, su fuerza, un fluido armónico perfecto. Como si introdujera la vida, y ¿qué es la vida? Exactamente lo que hace una bocanada de aire puro cuando respiráis o una transfusión de sangre: Restablecer el equilibrio del organismo. Cuando un iniciado toca a un enfermo, realiza una verdadera transfusión de vitalidad, porque el iniciado vive una vida armoniosa, una vida de plenitud, una vida divina. Es como si diera su sangre, y el enfermo se restablece instantáneamente. El magnetismo es la medicina más antigua, la de los iniciados que curaban por contacto o simplemente mediante una mirada, por algunas palabras, sin tocar al enfermo. En realidad, se trata del principio de inyección, ya que consiste en hacer que algo penetre  en el cuerpo.

Existen muchas otras terapias. Algunos, antes de la guerra, se interesaron por la celuloterapia. Curan, prolongan la vida o retrasan la vejez inyectando en el cuerpo humano células trituradas de ciertos animales provenientes del bazo, del hígado, de los ganglios, de los riñones, etc. La celuloterapia era ya conocida hace siglos; Paracelso, la conocía también. Se sabe que todavía existen en África o en América, tribus que comen ciertos órganos de animales para poseer sus cualidades. Creen; por ejemplo, que para tener la fuerza y la audacia del león, hay que comer su corazón, mientras que quien come el corazón de un conejo, se vuelve miedoso. Evidentemente la celuloterapia produce resultados, pero es una forma de magia negra; ya que comporta el sacrificio de criaturas vivientes. Por lo tanto, es una terapia que no aconsejo. Ciertamente cura, pero hay que encontrar otros sistemas. Voronoff; por ejemplo, realiza transfusiones de glándulas sexuales, pero este método ha sido abandonado, porque al recuperar su fuerza sexual por este medio, el hombre tornaba también a la animalidad. Extraer células de animales para introducirlas en el hombre no es deseable; y por tanto, no lo aconsejo.

Rechazo todo lo que contradice la Ciencia que he estudiado (La Ciencia iniciática). La Ciencia iniciática considera al hombre en su globalidad; y no solamente, una parte de su ser: El hígado, el bazo o el corazón… Hipócrates decía que si existe desorden en una parte del cuerpo, todo el organismo se encuentra perturbado. Es necesario pues, restablecer la armonía general; y la parte afectada, será curada por el propio organismo. De todas maneras, los comprimidos, las inyecciones, los antibióticos, todos los medicamentos quedarán sin efecto; si el ser humano no continúa alimentando el desorden en su interior, a través de sus pensamientos y de sus sentimientos.

Tampoco estoy de acuerdo con los métodos que separan los seres y las cosas de esta totalidad, de esta unidad (Que es el universo), con el fin de estudiarlos. Ya que este método, los mata. De esta manera no se llega a nociones correctas. Analizar, disecar, es un mal sistema. He dicho a menudo que para estudiar las cosas, no hay que cortarlas del árbol de la vida. Si se las separa, se destruye su belleza, su luz, su irradiación, su vitalidad, se las reduce al estado de cadáveres. No se sabe todavía estudiar la vida. También yo, algunas veces me pongo a analizar, pero es para conduciros mejor hacia la síntesis; no me detengo en el análisis, ya que el análisis por sí solo, no hace más que disgregar.

Al desmontar un reloj, podéis conocer todas sus piezas, pero entonces ya no funciona. Los biólogos saben muy bien cuáles son los elementos que constituyen al hombre, pero a partir de estos elementos son incapaces de crear un ser humano, un ser que piense, que viva, que ande, que actúe. Los elementos están ahí, pero falta lo esencial: la vida que conoce las dosis, las combinaciones y todas las nociones necesarias para un buen funcionamiento del organismo. Hay que llamar a la vida, pues sólo ella sabe cómo restablecer el equilibrio en el estómago, en el cerebro, en los pulmones, en todas partes. Y puesto que los biólogos no se ocupan de la vida, sino que se ocupan de la materia, no consiguen resultados positivos. Mientras no se desprendan de su filosofía materialista y mecanicista que separa las cosas de la unidad cósmica, no conseguirán salvar a los humanos de la enfermedad. Su ideal es, por supuesto, muy noble; hacen grandes sacrificios, tienen una inteligencia y unas capacidades extraordinarias, pero su filosofía es errónea, por lo cual, muchas cosas todavía siguen fuera de su alcance.

Todo lo que os revelo, está en armonía con esta grandiosa filosofía que me ha sido transmitida y que el mundo entero adoptará algún día. La ciencia se ve ya obligada a volver cada vez más hacia las verdades del pasado. Así, por ejemplo, durante largo tiempo los químicos se han burlado de los alquimistas que pretendían transformar el plomo en oro, y después han descubierto que, puesto que el átomo de plomo tiene 82 electrones y el del oro 79, si se le suprimen tres electrones al plomo, se obtiene oro. Desgraciadamente, no se puede fabricar este oro en gran cantidad, ya que todavía es inestable y los procesos de fabricación son extremadamente costosos. La ciencia oficial empieza, pues, a tambalearse; empieza, poco a poco, a interesarse en la frenología, en la telepatía, en la radiestesia, y pronto reconocerán también la astrología. Un día veréis, oiréis y leeréis en todas partes estas verdades que hemos enunciado hace ya tiempo. La ciencia se dará cuenta cada vez más de que los antiguos, sin telescopios ni microscopios, habían realizado grandes descubrimientos (¿Quién los instruía?…). Y así, se pondrán a estudiar seriamente todo lo que han enseñado los iniciados; será una gran conmoción. Entonces, todo se derrumbará. Se enseñará la ciencia de la vida, la síntesis y, en ese momento, el Reino de Dios será posible. Pero mientras no sea derribada la fortaleza de la ciencia oficial materialista y se reemplace por la Ciencia de los Iniciados, el desorden continuará.

Ahora os voy a mostrar por qué la medicina preconizada por la Ciencia esotérica sobrepasa a las demás. Puesto que generalmente los médicos han estudiado en las facultades, donde siempre hay que dar prioridad al aspecto físico, descuidan los pensamientos, los sentimientos, el comportamiento, la manera de vivir, cuando esto es precisamente lo que debiera ocupar el primer lugar. La verdadera terapia es nuestra forma de vivir; las demás ocupan el segundo, tercer o cuarto lugar…

La medicina psicosomática estudia el lazo que existe entre el psiquismo y el cuerpo físico, la manera en que se acentúan el uno sobre el otro. La medicina psicosomática gana terreno, lo cual está muy bien, pero su eficacia sería mayor si sus teorías estuviesen fundadas en una filosofía, en una verdadera visión de conjunto. Esta visión de conjunto tiene como punto de partida al ser humano, ya que éste es la base de todo. No podrá realizarse ningún progreso verdadero en cualquier terreno, ya sea científico, económico, social, psicológico, médico, en tanto no se reconozca la estructura del ser humano, las fuerzas que residen en su interior, así como su relación con el universo, de acuerdo a lo que la Ciencia esotérica ha estudiado desde hace miles de años.

Muchos científicos consideran al hombre como una máquina; durante largo tiempo lo han comparado a una pieza mecánica, sin sospechar que existen en su interior fuerzas, entidades e inteligencias absolutamente desconocidas, capaces de producir nuevos elementos en el organismo. Ignoran que el hombre posee cuerpos sutiles. No saben qué es el pensamiento, ni la voluntad, ni mucho menos el alma y el espíritu; por lo demás,  desconocen los poderes que éstos contienen. Entonces, ¿cómo pueden imaginar que con todas estas lagunas curarán al ser humano? Es imposible. Por supuesto, el plano físico es importante, pero hay que mirar más arriba, donde están otras existencias, otras entidades. Lo que os digo se basa en un conocimiento verdadero y la humanidad se verá obligada un día a aceptarlo. El ser humano es algo más de lo que se ve y se toca; él no se conoce y la medicina tampoco le conoce a él. Sí, nuestra medicina aún trabaja sobre seres que no conoce, ¿cómo puede entonces conseguir grandes resultados?

Lo primero que hay que saber es que más allá del cuerpo físico, el hombre posee otros cuerpos de naturaleza sutil: el cuerpo etérico que impregna el cuerpo físico y que es portador de la vitalidad y de la memoria. Luego está el cuerpo astral, es decir, el cuerpo de los sentimientos y de las emociones. Luego el cuerpo mental… Os he hablado a menudo de estos diferentes cuerpos: etérico, astral, mental, causal, búdico y átmico, de manera que hoy no volveré a hablaros de ellos. Tomad por ejemplo a alguien cuyo cuerpo etérico no se encuentra correctamente ensamblado al cuerpo físico por su punto de unión. Ese alguien sufre enfermedades y, sin embargo, los médicos no ven nada porque el cuerpo físico se mantiene perfectamente normal. Pues sí, aún no se sabe cómo actuar sobre el cuerpo etérico. Mientras los médicos desconozcan la existencia de los cuerpos sutiles del hombre, no deben esperar la curación definitiva de las enfermedades.

Así pues, primeramente hay que estudiar al ser humano, ya que el hombre es la clave del universo y, mientras no poseamos esta clave, nos encontraremos frente a problemas insolubles. En la actualidad, es necesario que los investigadores den prioridad al hombre y lleguen a descubrir toda esta parte invisible: su aura, sus emanaciones, sus vibraciones, los intercambios que realiza con todas las entidades que pueblan la naturaleza y los diferentes mundos, el poder que posee de desplazarse a través del espacio, de captar distintas ondas, de ver y actuar a distancia… Y entonces, todo cambiará. Si nos ocupamos del hombre, nos encontraremos en el corazón de las cosas; ya que el hombre es verdaderamente la clave de todos los misterios.

Podéis preguntaros ahora a qué terapia debéis dar prioridad. Todas las que acabo de enumerar, la quimioterapia, la fitoterapia, la talasoterapia, la quiropraxia, no son las más importantes. La mejor terapia consiste en pensar, sentir y actuar en armonía con las fuerzas y entidades luminosas de la naturaleza y del universo entero. El hombre debe pues conocer esas fuerzas, esas entidades y sintonizarse con ellas; ésta es la primera medicina. Naturalmente no rechazo las demás y, en el caso de que un enfermo esté muy grave, evidentemente no es el momento de ponerse a predicar explicándole que debe cambiar su manera de vivir. En ese caso, es necesario actuar deprisa, administrar antibióticos, realizar una transfusión sanguínea o incluso, operar. Pero hay que saber que la mejor medicina consiste en controlar la manera en que vivimos; es decir, nuestra manera de alimentarnos, de pensar, de sentir, de creer, de amar…

He aquí por qué es tan importante que, en lugar de centrarse en la enfermedad, se empiece a estudiar la salud, los factores de los que depende, ya sean la respiración, la nutrición, la conducta, etc., y se enseñen a todo el mundo las leyes que aseguran su conservación. A partir de ese momento, no será necesario gastar miles de millones en la construcción de laboratorios de investigación ni hospitales, como nos vemos obligados a hacer en la actualidad.

Desgraciadamente, cuando escuchamos a médicos entrevistados por la radio o la televisión, nunca hablan de la manera de vivir. Hablan de nuevos tratamientos, de vacunas, de rayos, de operaciones, etc. Y entonces la gente tiene la impresión de que puede vivir de cualquier manera, sin respetar ninguna regla y cometiendo cualquier exceso. ¿Qué importancia puede tener? La medicina encontrará un medio de curarlos y de permitirles continuar su existencia desordenada. Y así, los gobiernos se verán obligados a gastar sumas fantásticas para curar a la gente hasta que finalmente se descubra que lo más importante era muy sencillo: mejorar la manera de vivir.

Evidentemente no podemos dejar de admirar a ciertos médicos, sus descubrimientos, sus sacrificios. ¡Eso es extraordinario! Sin embargo, hay que decir que muchos de sus esfuerzos no han servido de mucho porque no han sabido en qué dirección investigar. Ciertas personas me objetarán que si la salud o la enfermedad dependieran hasta tal punto de la manera de vivir, los niños no deberían estar enfermos, ya que no han tenido tiempo de tener malos pensamientos, malos sentimientos, ni de cometer malas acciones. Aparentemente es así, pero solamente para aquellos que ignoran que el ser humano retorna más de una vez a la Tierra. Si un niño está enfermo, se debe a la manera en que ha vivido en sus existencias anteriores. Sin haber estudiado la Ciencia Iniciática, no se puede razonar sobre las verdaderas causas y se llega a conclusiones erróneas. Existe una regla que es siempre válida: dar prioridad a la manera de vivir, de pensar, de sentir y de actuar. Sin comprender esto, no solamente no solucionaréis nada en esta existencia, sino que crearéis condiciones muy negativas para vuestras próximas encarnaciones. Así pues, aceptad todas estas verdades enseñadas por los grandes iniciados. Decíos: «Puesto que existen cosas que no alcanzo a entender, confiaré en la Ciencia divina y daré prioridad a la manera de vivir». A continuación, podéis añadir todas las terapias que queráis. Sin embargo, insisto: dad prioridad a la forma de vivir.

Existe además una terapia que he mencionado indirectamente hace un momento, y es la terapia del Sol. Un día, la humanidad entera se volverá hacia el Sol, que es una fuente inagotable, y el Sol realizará las curaciones más completas previa transformación de la manera de vivir, que será la primera terapia. Cuando la humanidad viva según las reglas divinas, no necesitará ya de clínicas ni de hospitales. Actualmente, sólo se habla de construir nuevos hospitales, ya que cada vez hay más enfermedades y más enfermos. Eso se debe a que los hombres viven y piensan cada vez peor. Cada vez son más instruidos y saben más, pero cada día están más enfermos. Lo cual es inquietante porque, aunque por un lado existe una evolución, por otro se está produciendo  -¿cómo lo llamaríamos?- un derrumbamiento. Y no se pondrá remedio a esta situación con elementos materiales, ya que Dios no ha concedido una eficacia absoluta sobre la materia. La materia es siempre un paliativo.

Damos al cuerpo físico los alimentos y bebidas que necesita; pero el ser humano no es solamente un cuerpo: También es un alma y un espíritu, y no puede alimentarse el alma y el espíritu con carne, verduras u hormonas. Sin embargo, la ciencia no ha previsto nada para responder a las necesidades del alma y del espíritu, y éstos se hallan hambrientos, sedientos y sufren. Por esta razón, vemos tanta gente a quienes aparentemente no les falta nada, tienen un trabajo, una familia, una casa, un coche, pero en su interior se sienten insatisfechos, vacíos. Lo que prueba que han olvidado su alma, y en cuanto a su espíritu, ¡no vale la pena ni nombrarlo! La futura medicina se verá obligada a tomar en consideración todas las necesidades del ser humano, incluso las del alma y las del espíritu, para poder aportarle los elementos que le faltan.

Así pues, comprendedme bien: nuestra Enseñanza no os proporcionará casas, ni coches, ni vestidos, pero en ella encontraréis todo lo que llenará vuestra alma y vuestro espíritu. Y cuando el alma y el espíritu se hallen colmados, actuarán sobre el cuerpo, desencadenando en él nuevos procesos. Entonces, aunque no vaya muy bien vestido o no haya comido demasiado bien, el cuerpo funcionará con valentía, con la cabeza erguida. Sí, nuestra enseñanza os proporciona los elementos más preciosos e indispensables para vuestro equilibrio y vuestra felicidad.

Se sabe que muchos enfermos podrían ser curados con unas buenas palabras del médico, pero como tiene prisa, se contenta con hacer una receta y se va. Para muchos médicos, el amor, la esperanza, el dar ánimos, no tiene ninguna importancia; llegan incluso a matar a algunos enfermos al decirles que no tienen curación, que les queda sólo algunos meses o algunos días de vida. Sin embargo, ciertos médicos se dan cuenta de que deben mantener intercambios amistosos con el enfermo porque saben perfectamente que la curación no proviene únicamente de las medicinas.

Antiguamente muchos médicos eran apóstoles, mientras que en la actualidad no son más que mercenarios. En Estados Unidos ocurre que el enfermo no va al médico; son las máquinas electrónicas las que realizan el diagnóstico y, según sean los resultados, el enfermo ve o no ve al médico, el cual puede enviarle la receta por correo. Cada vez hay menos contacto humano, todo se mecaniza y el amor desaparece; ahora bien, precisamente lo que cura es el amor.

Sin embargo, un día todo cambiará, y los hombres descubrirán que es el amor, la confianza y la esperanza; y lo que les falta y enferman es a causa de las dudas, las sospechas, los conflictos y la desarmonía. Por esta razón, insisto: la medicina más eficaz es vuestra manera de vivir. Por supuesto, puedo decir que esto no actúa tan deprisa como un medicamento. Cuando tomáis un comprimido, casi inmediatamente podéis notar los resultados. Pero, ¿son verdaderos esos resultados? La medicina que yo preconizo es lenta, pero es la más segura y, a la larga, la más eficaz. Pero supone que el hombre acepte una filosofía correcta y verídica que lo abarque todo, ya que el resto depende de nuestros pensamientos. Cuando hablo de filosofía, sobrentiendo la única filosofía que no es el resultado de tinglados intelectuales, sino la descubierta por los grandes iniciados con sus extraordinarias facultades de clarividencia y desdoblamiento.

Y puedo decíroslo: el Cielo me ha elegido para ser uno de los herederos de esta filosofía divina. Sin ella, no puede conocerse el camino y se hiciera lo que se hiciese, nos perderíamos. Por esta razón, sitúo en primer lugar esta filosofía que nos enseña cómo vivir en armonía con todas las fuerzas y todos los mundos, para que ya no existan en nuestro interior más luchas y contradicciones. También nos revela cómo está construido el hombre y qué intercambios deben realizar su alma y su espíritu con las fuerzas de la naturaleza. Como en el caso de la respiración: la respiración también es un intercambio indispensable y, si el hombre se ve privado de ella, muere. De igual manera morirán su alma y su espíritu si no respiran, es decir, si no realizan intercambios con el cosmos.

Así pues, pensad en uniros con las fuerzas de la naturaleza: entonces tendréis una luz que os hará ver el universo como una construcción, un edificio formidable donde todo está unido, desde la cima hasta la parte más baja; y en ese momento, podréis restablecer muchas cosas en vuestro interior. ¿Por qué no apreciáis el valor de las verdades que os doy? ¿Acaso se debe a que no soy un personaje célebre ni reconocido? Lo que a mí me interesa, es conocer la verdad. He consagrado a ello toda mi vida. El resto, la celebridad, la gloria, no me interesan demasiado. Por otra parte, estas llegarán sin que yo lo quiera, ya que cuando poseéis la verdad, tarde o temprano es reconocida. Y si estáis en un error, acabarán también por darse cuenta; y aunque os hayan aplaudido, un día u otro os olvidarán. No, no; yo trabajo por algo, que no será nunca olvidado ni reemplazado.

Lo más importante es pues, aprender la manera correcta de vivir, la manera correcta de pensar, sentir y actuar. En otras conferencias, al explicaros el proceso de formación de las plantas, de los peces; e incluso del niño en el seno de la madre. Os he hablado de la ley de afinidad, y os he mostrado de qué manera el hombre se une a través de sus pensamientos y sentimientos a las regiones, a las entidades, a las fuerzas, a los elementos del espacio que le corresponden, y acaba por atraerlos4. Sí, el hombre atrae aquello alo que se ha unido, es algo irremediable y así se explican la salud y la enfermedad, la fuerza y la debilidad, la inteligencia y la estupidez, la belleza y la fealdad, etc. Se trata, de elementos que han sido atraídos.

Así pues, si os encontráis en dificultades, sin duda es debido a que en el paso, habéis perturbado el orden de las cosas con vuestra ignorancia; pero ahora, gracias a esta filosofía iniciática que os enseña a trabajar con vuestros pensamientos y deseos, podéis uniros a entidades y regiones más espirituales; construyendo así, un cuerpo con todas las cualidades que deseéis: Salud, fuerza, belleza… En esto, consiste el secreto de la resurrección. Si aceptáis comprender y aplicar esta ciencia de la vida, no solamente poseeréis el poder de protegeros de la enfermedad; sino también, el de reconstruir vuestro cuerpo como queráis. Puede ocurrir; por supuesto, que de momento el cuerpo oponga resistencia a vuestros esfuerzos, debido a que durante siglos habéis trabajado inconscientemente en deteriorarlo, y ahora necesitaréis mucho tiempo para restablecer su salud. Sin embargo, lo que os digo es completamente cierto. Seis o siete años de estudios, son suficientes par obtener el diploma de médico; pero para poseer la ciencia de la vida, son necesarios millares de años. ¡Eso os dará una idea de lo vasta que es!

Una vez comprendidas las necesidades del alma y del espíritu, se comprenderá también que es necesario despertarlas para poder realizar un trabajo. El resto, depende de esta actividad del alma y del espíritu; porque es ahí, en el ama y en el espíritu, donde se encuentran las causas; lo demás, son consecuencias. Así pues, al saber que se ha conseguido alcanzar la región de las causas (Allá donde las fuerzas se desencadenan), se vive en paz, se está seguro, ya que se conocen las consecuencias que se derivarán. De esta manera, pueden eliminarse las enfermedades psíquicas: Dando al hombre el conocimiento y la certeza. Si un ser se siente desorientado, angustiado, vacío, es porque no se une conscientemente a través de su alma y espíritu, a las fuerzas luminosas. Pero cuando aparece la luz, ésta le demuestra que está unido a la inmensidad, a la eternidad, que puede comulgar con las fuerzas cósmicas; y con ello, transformar su vida. En ese momento, la certeza y la alegría le acompañan. Mientras la gente no tenga las ideas claras, es prácticamente inútil intentar sanarla. Hay que clarificar sus ideas, y hay que hacerlo desde la infancia. Sólo se puede ayudar a los humanos a resolver sus problemas físicos y psíquicos, mostrándoles su verdadera naturaleza, la manera en que están ligados al Árbol de la vida y cómo pueden extraer fuerzas de él para trabajar y transformarse.

Así pues, no lo olvidéis: lo esencial es la filosofía y la manera de vivir, pero en el terreno físico debe darse prioridad al Sol. Algún día, la ciencia estudiará la manera en que puede curarse por medio del Sol; en qué momento, cuánto tiempo hay que exponerse al Sol, la manera de exponer al Sol agua en botellas de diferentes colores y a qué hora beberla y cómo, y con la ayuda de aparatos, cómo extraer del Sol todos los elementos curativos que contiene. ¡Será algo fantástico! De momento, la ciencia no concede al Sol una gran importancia porque sólo se interesa por la materia, por los elementos químicos. Sin embargo, si el agua de mar, las algas, las hierbas, los árboles e incluso las piedras y los cristales curan, es porque extraen su fuerza curativa del Sol. El Sol será lo último que se valore, pero cuando se descubra su importancia, nos veremos obligados a darle prioridad. Nos alimentaremos del Sol, respiraremos el Sol e incluso escucharemos su música porque tendremos aparatos capaces de captarla. Sí, la música más bella proviene del Sol. Y también los mejores mensajes. Se escucharán, pues, las emisiones del Sol. ¿Os preguntáis si hablo en serio? Pues sí, os estoy hablando muy en serio.

Así pues, para mí, la terapia del porvenir será la terapia solar: contemplar la salida del Sol, unirse a él, concentrarse en él para recibir todas las partículas que nos envía. La ciencia no conoce aún las partículas etéricas que contienen los rayos del Sol. Sin embargo, aunque no haya llegado todavía a admitir el lado más sutil de la materia, la medicina ya ha descubierto que los elementos imponderables son los más importantes en el organismo y para el organismo. Después de haber intentado curar los trastornos digestivos, circulatorios, respiratorios, alimenticios, ocupándose de los propios órganos, ha acabado por descubrir que son las secreciones imperceptibles de las glándulas endocrinas las que excitan o bloquean las funciones de los órganos. Pero esto, no es todo. El sistema endocrino no es el último descubrimiento, ya que las glándulas endocrinas dependen ellas mismas de centros más y más sutiles hasta llegar al pensamiento. Así pues, todo sucede como si en el pensamiento hubiera unas glándulas que gobernaran al conjunto del organismo. Desde el pensamiento hasta los órganos, existe todo un sistema jerarquizado que la ciencia descubrirá algún día. Sí, yo creo que las glándulas endocrinas no son las más importantes porque dependen a su vez de otras funciones. A través de sus pensamientos y de sus sentimientos, el hombre actúa sobre su sistema glandular y, si su organismo está enfermo o se restablece, si crece o deja de crecer, si adelgaza o engorda, las glándulas endocrinas no son las únicas responsables.

Sin embargo, resulta interesante ver que ahora la ciencia trabaja con elementos cada vez más sutiles. En medicina, por ejemplo, la homeopatía utiliza medicamentos hasta la 31 dilución centesimal. Podríamos creer que ya no queda nada, pero sí, todavía hay algo que actúa.

Los físicos también descubren aspectos cada vez más sutiles en la materia. Después de los protones y los neutrones, se descubrieron los mesones y los neutrinos. Cuando hayan llegado a los elementos etéricos, descubrirán partículas y energías todavía desconocidas que provienen del Sol y, entonces, se desarrollará una nueva ciencia en torno a los rayos solares. E incluso, en lugar de ir a buscar vitaminas a las farmacias, se tomarán directamente del Sol. Las vitaminas que se encuentran en las farmacias no pueden ser asimiladas perfectamente por el organismo, por lo tanto, vale más tomarlas en las frutas y verduras, donde el Sol las ha depositado. Aún no se conocen todas las propiedades que poseen las verduras más corrientes tales como las cebollas, los berros, los rábanos, etc. Tampoco se sabe que hay que comer las hojas de los rábanos, ya que son sabrosas y más nutritivas que los mismos rábanos. Y los nabos, también son excelentes.

Para acabar, quisiera deciros que si conocéis la manera de respirar, beber y comer, ingeriréis vitaminas de todas partes allá donde el Sol las haya depositado, pues lo más importante es el estado psíquico en que recibís las cosas. Si no estáis en buen estado, podéis llegar a ingerir vitaminas durante todo el día sin conseguir reforzar vuestro organismo. E incluso quizá os provoquéis algún trastorno digestivo o circulatorio. Los médicos no insisten nunca sobe la importancia del estado de conciencia, de la actitud interna que deberíamos manifestar hacia las cosas. Por esa razón, los medicamentos que prescriben pierden su eficacia. Así pues, he aquí un punto esencial: la actitud con que recibimos las cosas.

Muchos dicen: «Maestro, cuando estamos con usted pensamos, sentimos y actuamos de otra manera; los problemas desaparecen, todo va bien. Pero cuando nos alejamos algún tiempo ya no es lo mismo, nos volvemos a encontrar con la prosaica realidad, ya no tenemos la misma convicción y no queda nada de lo que nos ha dicho». Y yo respondo  que yo también he tenido estas experiencias cuando era joven con mi Maestro Peter Deunov. Pero si estoy ahora con vosotros, no sólo es para induciros a aceptar ciertas verdades, sino también para induciros a realizar el esfuerzo necesario para mantenerlas el mayor tiempo posible. ¿La vida es dura…? ¡A quién se lo decís! Hay que luchar, enfrentarse continuamente y ello nos fatiga. Lo sé, la vida es muy difícil. De momento no os explicaré por qué la vida es así, pero yo estoy con vosotros para haceros comprender que, si aceptáis la luz de las enseñanzas, llegaréis a ser más fuertes, más valientes y, entonces, la paz y la esperanza se instalarán en vuestro interior.

Así que, cuando volváis a casa, esforzaos en mantener vivas en vosotros estas verdades que habéis recibido, no las olvidéis. Decíos: «sé que nunca podré escapar a las realidades de la vida cotidiana, pero debo empeñarme en estar bien atento el día en que aparezcan las debilidades, los desánimos y los pensamientos negativos. Pase lo que pase, no cederé, no bajaré la guardia. No perderé mi llama, mi entusiasmo, mi esperanza.» Sí, agarraos con fuerza las verdades que os doy, tomad algunas bocanadas de oxigeno y, a continuación, enfrentaos con la realidad. En ese momento, os volveréis fuertes y poderosos, llegaréis a ser una fuente de vida. ¿No es mejor así?

Muchas personas dicen: «¡Ah, ya comprendo! Desde ahora, seré fuerte. ¡Vais a ver quien soy yo!» Pero cuando se presentan las dificultades, se rinden. Después, cuando vuelven aquí, por supuesto se sienten avergonzados de haber sido tan débiles, y se enderezan nuevamente diciendo «¡Vais a ver quien soy yo!» ¡Sí, hasta la próxima vez…! Así pues, lo más prudente es no volver aquí hasta que os convirtáis en seres inquebrantables. En eso consiste la enseñanza, en llegar a ser inquebrantables y en recordar, pase lo que pase, que sois inmortales y que Dios ha puesto en vosotros todas las posibilidades. Si lo olvidáis, estáis perdidos.

Así pues, comprendedme bien. Diréis: «Le comprendemos, le comprendemos…» No, aún no habéis alcanzado la compresión que yo pretendo. Comprenderme significa permanecer inmutables en vuestras convicciones. Algunos lo sois, sí, pero los demás… A partir del momento en que se encuentran sumergidos nuevamente en los torbellinos de la existencia, se dejan influir por la mentalidad materialista que sólo piensa en asegurar el bienestar y el éxito material; sin tomar en consideración, las necesidades del alma y del espíritu.

Creedme, tenéis que desprenderos de esta filosofía materialista porque os debilitará, os embrutecerá. Si queréis una prueba, mirad: Cuando le metemos a un ser humano en la cabeza que no es más que materia, que el alma no existe, que no hay vida después de la muerte, ¿qué se puede esperar entonces de él? No hay que extrañarse si comete cualquier crimen. Lo más grave es que, a través de esas ideas, le destruimos la voluntad de realizar algo sublime; destruimos en él el poder del espíritu. En definitiva, lo matamos. Mientras que si le hacemos tomar conciencia de que tiene un espíritu, que él es espíritu y que, dándole al espíritu la posibilidad de manifestarse, conseguirá realizar grandes cosas, le estamos dando verdaderos poderes. Su cuerpo empezará a obedecerle, a acomodarse a sus decisiones, y ya no sucumbirá frente a las privaciones, las desgracias, las enfermedades… Avanzará porque es fuerte, poderoso y, entonces, será capaz de arrastrar al mundo entero. Pero si adopta la filosofía materialista, no será nada. En eso consiste el peligro de dar prioridad al cuerpo físico, a la materia, al lado externo y objetivo. La extensión del mal por supuesto, no se ve enseguida, pero, poco a poco, el ser humano se debilita y finalmente muere. Releed la conferencia sobre la fuerza del espíritu y encontraréis, todos los elementos para avanzar y vencer las dificultades. Pues sí, actualmente hay que adoptar la filosofía del espíritu. No escuchéis a los débiles ni a los embrutecidos, que os conducirán hasta el polvo. Es cierto, somos materia, polvo, pero sólo en parte; la otra parte, es celestial.

Lo único que me interesa es esta filosofía que os transmito pacientemente y que pone a vuestro alcance todas las posibilidades de desarrollo hasta el infinito. Aquellas filosofías que no reconocen en el hombre la posibilidad de evolucionar hasta el infinito, no pueden transmitirle el verdadero sentido de la vida.

 

OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Libros del autor: amzn.to/2YibuVZ

 

 


 

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