salud y nutrición

SOBRE LAS FRUTAS – William L. Esser

«De todos los alimentos que puede comer el ser humano, las frutas son el mejor en todos los aspectos para el mantenimiento de su salud al más alto nivel.»

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De todos los alimentos que podemos comer, las frutas son el mejor en todos los aspectos. Cautivan a la vista, deleitan al olfato y estremecen al gusto normal mucho más que cualquier sensación incitada por cualquier otro alimento. En si misma, la fruta es perfecta. No requiere preparación de ningún tipo más que limpiarla, deshuesarla o pelarla. La cocción, los aderezos y cualquier otra preparación las hace menos sabrosas.

Además de ser muy atrayentes para todos los sentidos, poseen la mayoría de las proteínas, minerales y vitaminas esenciales necesarios para el mantenimiento de la salud a su más alto nivel. Si se come una variedad bastante amplia, las frutas (con la adición de frutos secos) serían suficientes para el mantenimiento de la salud ideal.

Muchos hechos indican que los humanos fueron originariamente frugívoros o animales comedores de frutas, no omnívoros como actualmente. Que los humanos se hayan desviado de su dieta natural durante los últimos miles de años no significa que los órganos hayan cambiado hasta el punto de adaptarse a la dieta predominante. Los cambios que han ocurrido son el debilitamiento, el reblandecimiento y la degeneración de una criatura de auténtica grandeza. Si algún cambio ha ocurrido, es que nos hemos convertido en criaturas enfermas. Hemos perdido nuestra excelencia física. Por esta razón, es más importante que nos adhiramos más estrechamente a nuestra dieta natural. Los hábitos ruinosos de alimentación deben ser eliminados por completo. Sólo la patología ha resultado de nuestra dieta antinatural.

Las frutas constituyen nuestra dieta ideal y deberían abarcar  la mayoría de su volumen. Las verduras, frutos secos y semillas pueden añadirse con gran beneficio cuando se observan las reglas de la combinación de los alimentos. Una mala digestión nunca es culpa de la fruta, si bien debería estar madura a la hora de comerla. Las frutas excesivamente maduras deberían evitarse. La fruta es  más exquisita y el súmmum de la perfección cuando es arrancada del árbol, tallo o vid recién madurada. Ninguna fruta comprada  comercialmente puede compararse a la fruta recién recolectada en cuanto a la calidad y sabor.

Siempre que sea posible, se debería comprar la fruta fresca del agricultor, más que del mercado que obtiene gran parte de sus existencias de almacenes. Los que viven en climas más fríos tienen poca elección durante el invierno.

Se debe tener mucho cuidado a la hora de seleccionar la mejor que esté disponible. La habilidad para juzgar las diversas frutas en el mercado, para determinar su conveniencia, es un logro que sólo puede darse con la experiencia. La mayoría de las frutas, independientemente de si pertenecen a la clasificación ácida, subácida o dulce, poseen una dulzura y un sabor agradables cuando están maduras. La experiencia le enseñará a juzgar una buen manzana entre un  montón de ellas de calidad inferior a primera vista. Se debe tener cuidado para evitar frutas que han sido dañadas por las heladas, plagas, putrefacción u otras influencias similares. Hoy en día las frutas que no proceden de la agricultura ecológica son fumigadas en exceso contra insectos y, antes de comerlas, deberían lavarse y cepillarse cuidadosamente para eliminar posibles venenos.

Algunas frutas inmaduras contienen almidón y diversas sustancias de carbohidratos que son desagradables e insanas. Por  otro lado,  la putrefacción es común en las frutas muy maduras y los azúcares se transforman en dióxido de carbono, alcohol, ácido acético y otros subproductos dañinos. Las frutas maduras en exceso deterioran rápidamente sus valores nutritivos. Estos cambios, más la pérdida de agua, explican la esponjosidad e insipidez de la fruta que ha sido almacenada durante períodos prolongados de tiempo.

La fruta es potencialmente alcalina. La alcalinidad se da después que ha pasado por los procesos de la digestión. Si la fruta es de mala calidad, se combina inadecuadamente o la digestión es débil, a menudo permanece ácida y su absorción crea muchos síntomas desagradables como nerviosismo, insomnio, orinar con frecuencia debido a la irritación de la vejiga, gases intestinales, moco en las heces, irritación de la garganta, etc. La mayor parte de las veces, sin embargo, los síntomas que se producen tras la ingestión de fruta no son culpa de la fruta, sino de las facultades digestivas dañadas. Hay personas que eructan y experimentan flatulencia y molestias en los intestinos sin tener en cuenta lo que coman. Las personas así afectadas están enfermas y deberían dejar de comer hasta que su sistema digestivo haya recuperado sus facultades.

Las frutas no deberían mezclarse al azar con otros alimentos ni con otras frutas. Incluso la mejor digestión no puede hacer frente con éxito a mezclas indiscriminadas y químicamente incompatibles. Una buena política es no comer nada más que una o dos clases de fruta en una sola comida.

Las frutas pueden dividirse en tres clases: dulces, subácidas y ácidas. Las frutas dulces pueden combinarse bastante bien con las frutas subácidas, aunque esto no debería convertirse en una costumbre. Pero la combinación de fruta dulce con fruta ácida puede resultar bastante molesta. Por ejemplo, mezclar plátanos y pomelo o dátiles y naranjas es peor que no comer nada. Lo mejor a la hora de combinar frutas es mezclar sólo frutas de la misma clase. Por ejemplo, plátanos, dátiles, higos y pasas son frutas dulces. Las manzanas, peras, la mayoría de las uvas, los mangos y las papayas están entre las frutas subácidas. Las bayas, cerezas, melocotones, piñas, etc. están entre las frutas ácidas.

Los melones de todas clases deberían tratarse como una categoría aparte y deberían comerse solos. Los frutos secos pueden comerse al final de una ingesta de frutas, preferiblemente después de una comida de frutas ácidas. La lechuga y el apio pueden añadirse beneficiosamente a las comidas de frutas en cantidades pequeñas.

Al igual que con cualquier otro alimento, masticar desempeña un papel importante en la digestión completa de las frutas. Cada partícula debería licuarse sistemáticamente, asegurando así la absorción y la asimilación. Esto es doblemente importante cuando te das cuenta de que la mayoría de las frutas no se digieren en el estómago. Tragarse alimentos sin que hayan sido masticados a conciencia es una de las razones principales por las que permanecen en el estómago y fermentan. Los jugos digestivos son incapaces de descomponer los grandes trozos de alimento y se inicia la descomposición bacteriana. Beber un vaso de zumo de naranja o cualquier otro zumo de fruta en uno o dos tragos hace más mal que bien. Debería beberse a sorbos lentamente y saborearse, como si se comiera, no tragarse como si estuviésemos intentando apagar un incendio. Nunca se deberían comer las frutas frías. La temperatura ambiente es la ideal.

Las frutas no deberían considerarse simplemente como un postre o un refrigerio entre comidas, ni bajo la misma consideración que la filosofía de que «una manzana al día mantiene al médico alejado.» Tomarlas como un «laxante» o para limpiar la corriente sanguínea o tomar frutas de cualquier manera que sepa a medicina en vez de alimento, es erróneo.

Las frutas son la mejor clase de alimento. Deberían ser tratadas como tal. La gente enferma no debería comer. Un cuerpo enfermo requiere descanso y ayuno, no alimento, independientemente de la naturaleza de la enfermedad. La parte principal de la dieta de una persona debería consistir de fruta. Es el alimento más delicioso, nutritivo, sano y perfecto que podemos tomar.

 

William L. Esser

 

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