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poema

DIGO – Un poema de Jorge Debravo

ESCÚCHALO RECITADO…

 

 


 

LÉELO

 

El hombre no ha nacido
para tener las manos amarradas
al poste de los rezos.

 

Dios no quiere rodillas humilladas en los templos,
sino piernas de fuego galopando,
manos acariciando las entrañas del hierro,
mentes pariendo brasas, labios haciendo besos.

 

Digo que yo trabajo,
vivo, pienso,
y que esto que yo hago
es un buen rezo,
que a Dios le gusta mucho
y respondo por ello.

 

Y digo que el amor
es el mejor sacramento,
que os amo, que amo
y que no tengo sitio en el infierno.

 

 

Costa Rica (1938 – 1967)
Libros del autor: amzn.to/2KFVxC3

 


 

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