salud y nutrición

EL MITO DE LA VITAMINA B12 – Néstor Palmetti

¿Qué creó el mito de que al no comer carne ni consumir leche, se producirá una carencia de la tan polémica y manipulada vitamina B12?

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Cada vez que se habla de eliminar el consumo de proteína animal, se agita el miedo por la falta de vitamina B12, siendo conocido el hecho de que la carencia de cianocobalamina (su nombre técnico) puede causar anemia perniciosa, degeneraciones nerviosas e incluso la muerte.

Pocos cuestionan si la carencia de B12 es nutricional o bien responde a una dificultad asimilativa. ¿Acaso esos síntomas no los acusan también empedernidos carnívoros? ¿Cómo? ¿No es que la carne se hace imprescindible para garantizar su adecuado nivel corporal? Tampoco se repara en que las poblaciones vegetarianas del planeta, que siempre hubo (los humanos evolucionamos durante tres millones de años con dieta vegetal), hay y habrá, son las más longevas y saludables.

Es bueno aclarar que la vitamina B12 se sintetiza únicamente a nivel bacteriano. La B12 que hallamos en plantas y animales proviene principalmente de las bacterias que crecen en ellos. Los animales son buena fuente de esta vitamina, simplemente porque en ellos se desarrollan más bacterias. Pero esto creó el mito: al no comer carne y leche, habrá carencia de B12.

Sin embargo, también los vegetales aportan B12. Las algas marinas (vegetales del mar, como las kelp, wakame y nori) son las mejor dotadas; también la levadura de cerveza y las microalgas espirulina (es el alimento no animal con mayor concentración de B12). Y no olvidemos que la clorofila es la fuente más fisiológica y abundante de la molécula precursora de la B12: la porfirina.

Ahora bien, ¿cómo se logra que toda la B12 ingerida sea aprovechada por el organismo? En el ciclo metabólico de esta vitamina entran en juego la flora intestinal, el adecuado fluido biliar y la riqueza enzimática. Merced a un armónico sinergismo, el proceso asimilativo adquiere su máxima eficiencia.

En contrapartida, la demanda de B12 se ve incrementada por el exceso de proteínas en la dieta; al consumir menos proteínas, menor necesidad de B12. Por otra parte, el calor puede destruir hasta el 96% de la B12 presente en el alimento; o sea que a más crudos, menor necesidad.

Todo esto indica que incluso un carnívoro, a pesar del consumo de carne y lácteos, puede tener deficiencia de B12 a causa del exceso proteico (mayor demanda orgánica), el desorden de la flora intestinal (menor absorción), la abundancia de cocción (destrucción de la B12 y de las enzimas necesarias para su metabolización) y la malfunción hepática (reducido flujo biliar y consiguiente disminución del aporte orgánico).

El Dr. Víctor Herbert, gran investigador de esta vitamina, estima que diariamente la bilis secreta en nuestros intestinos entre 1 y 10mcg de B12, siendo nuestra necesidad de apenas 0,5mcg. Recordemos que un hígado saludable debe producir diariamente alrededor de un litro de fluido biliar, mientras que un hígado colapsado y lleno de cálculos intra-hepáticos puede llegar a secretar apenas 200cc en una jornada.

Por más carne y suplemento de B12 que uno ingiera, si la bilis es escasa (presencia de “piedras” que bloquean el flujo biliar), la flora está desequilibrada (habitualmente en lugar de flora hay “fauna”) y el cuerpo sufre una crónica carencia enzimática, es obvio que la cuestión no tendrá un final feliz. Y es que lo “normal” hoy día, son personas que conviven con todos estos factores negativos.

 

NÉSTOR PALMETTI
Extraído de su libro “NUTRICIÓN VITALIZANTE”
Otros libros del autor: amzn.to/2MCXD6V

 


 

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