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EL SALVADOR DE CADA HOMBRE ESTÁ DENTRO DE SÍ MISMO – Maestro El Morya

«Dile a un hombre que él es el hacedor de su propio destino y ¡despertarás a un tigre durmiente!»

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AMADO:

Contemplando el curso del pasado año, Me siento extremadamente agradecido al ver que la fe, esperanza y confianza que Yo he invertido en el Nuevo Empeño, ha traído un fruto de naturaleza maravillosa y duradera…

Pues, ¡quién hubiera dicho hace apenas doce meses que, a lo largo de la faz de esta Tierra, habría, reunidas en interés, servicio y entusiasmo, tantas corrientes de vida deseosas de aceptar la Verdad por Sí misma! Si pudieras saber de las incontables veces en que hemos sido privilegiados al tener conocimiento de una vibración, sobre la cual la Palabra de Dios había de llegar a los pocos que siempre han sido la vanguardia de la evolución, podrías comprender mejor Nuestra extrema gratitud y sorpresa de que tantos se hayan adherido fervientemente a la Verdad sin necesidad de gastar incontables toneladas de energía para convencer al intelecto de la autenticidad del mensaje, y de la perfección de la fuente desde la que fluye.

Es mucho más fácil captar los principios de una enseñanza expuesta después de que el Mensajero ha abandonado el campo y los seguidores, bañados aún en el aura de Su Presencia, están ya CONVENCIDOS de la autenticidad de esa Palabra; que abrir una puerta para la vertida de una nueva vibración la cual, por su propia rapidez y fuerza, habrá de encontrarse con la resistencia de ese rasgo humano al que le desagrada el cambio, la incomodidad y el esfuerzo personal necesario que se requiere para elevarse por encima de la vibración natural en la cual el alma y los cuerpos internos han estado más o menos adormecidos, ¡contentos con la esperanza de una “propiciación vicaria”!     (*) Nota de la traductora: Referencia a la creencia de que es posible salvarse mediante los esfuerzos o sacrificios de otros.

Dile a un hombre que él es el hacedor de su propio destino y ¡despertarás a un tigre durmiente! Si un hombre elige a un “salvador”, su conciencia está entonces limpia, de acuerdo a su estándar, y él descansa en la cómoda ilusión de que ese “cinturón de seguridad” auto-elegido transportará su forma recostada sana y salva a la otra orilla donde, automáticamente, ¡la vida eterna, y los diversos regalos que su personalidad atribuyó al Cielo, le aguardan! Esto es tan cierto en las así llamadas almas “emancipadas” – que se han salido de la creencia ciega en la redención encontrada en la “sangre del Cordero” – como lo es en el miembro ortodoxo de la iglesia… Los “emancipados” simplemente transfieren la carga de su salvación a otra persona, encarnada físicamente o efímera, y después regresan al sedante adormecimiento ¡que ha causado que la raza recalcitrante se convierta en una mancha en todo el sistema solar!

Siendo la PACIENCIA la orden del Cielo, tenemos que hacernos a un lado cuando vemos almas, aflojadas por los tremendos esfuerzos de la Hueste Angélica – particularmente del Señor Miguel – y de los Hermanos y Hermanas que representan la liberación de conceptos desfasados, errores y faltas nacidos de una malinterpretación de las verdades que le han sido traídas al hombre a lo largo de cada era…que finalmente se sacuden liberándose del letargo, y elevan la vista y la perspectiva para comprender el mensaje desplegado en el día presente… ENTONCES, cuando crees que están AL FIN en el Sendero, como niños deseosos de volver al útero de su madre, se enroscan otra vez a la sombra de su nuevo redentor, dejan de hacer esfuerzos adicionales, ¡y esperan la salvación mediante el logro de éste! Triste es el día en que se despiertan para encontrarse, quizás,

con que el redentor ha dejado de caminar en el Sendero de la Verdad y que su propio viaje, dependiente del progreso de la estrella a la que engancharon su vagón, se ha estancado… o, peor aún… ¡ha retrocedido!

Sabio es aquel que toma la vara en su mano, y camina el Sendero por sí mismo, con los ojos abiertos, el corazón sintonizado con la voz del Espíritu y manteniendo su propia vigilancia, sin distraerse en la falsa seguridad de los logros de otro – excepto que, como a un compañero de viaje, le bendice – pero que hace que la meta de sus experiencias dependa de sus propios esfuerzos… pues son esos los que obtienen la victoria.

Tuyo,

M

 

 

«El Salvador de cada hombre está dentro de sí mismo»
Julio, 1953
Extraído del libro EL PRIMER RAYO por el Chohán Maestro Ascendido El Moyra, recopilado y editado por Thomas Prinz

 


 

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