LIMPIA TU MENTE Y TODO SE LIMPIARÁ – Quetzacóatl

«Limpia tu mente y todo se limpiará, limpia tu corazón y todo se limpiará, limpia tu cuerpo y todo estará limpio.»
Divulga Amor y Luz

«Limpia tu mente y todo se limpiará, limpia tu corazón y todo se limpiará, limpia tu cuerpo y todo estará limpio.»

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Le decían:

«¿Cómo sabremos qué nos enseña el atardecer y cómo nos enseña la mañana y cómo nos trae conocimientos cualquier circunstancia?»

Y él así contestaba:

«Cada cosa fuera de ti es un espejo donde te miras.

Si la nube de la angustia llena el horizonte de tu corazón verás una nube de angustia en cada corazón. Si la calma viene a sentarse en medio de tu pecho, verás que cada uno también lleva sentada la calma en su pecho. Si tu cabeza es la guarida donde se esconden pensamientos de odio, de rencor o de envidia, cuando camines por las calles y las plazas de la vida sólo verás pasar por ellas al odio, y sentado en los bancos al rencor, y en cada esquina a la envidia.

Y tú dirás: ¡Desearía volar más allá de esta ciudad porque está contaminada y quisiera salir de esta casa para sentir el campo limpio y su pureza!

Y yo te digo: Limpia tu mente y todo se limpiará, limpia tu corazón y todo se limpiará, limpia tu cuerpo y todo estará limpio.

Ignorante es aquel que, viendo lo de afuera sucio, no se da cuenta de su suciedad y no dice: Me adentraré en mi corazón para limpiar mi templo porque su altar está sucio y su luz atenuada. Ignorantes son aquellos que pretenden limpiar su templo en el templo de los demás, y todos los días y todas las noches de su existencia piensan que el mal está fuera de ellos y no en su corazón.

¡Mira los centzontles y mira los jilgueros y mira el cocoztli! ¿Quién podrá decirles que su canto no es armónico?

¡Mira los sauces y los ocotes y los ahuehuetes! ¿Quién podría decirles que su crecimiento no es armónico?

¿Cómo, entonces, podría decirse eso del hombre?

¡Cuánto aprendería un espíritu crítico si supiera que cuando critica a alguien se está criticando en voz alta a sí mismo!

Cada cosa tiene su lugar y cada uno tiene su camino. Solo aquel que no lo conoce sigue los caminos de otros hasta que al fin encuentra el suyo. ¡Y bendito el día en que lo encuentra, porque ese día habrá nacido de nuevo!

Solo a partir de ese momento le dirán algo los atardeceres, le dirán algo las mañanas y le hablarán las flores. Empezará a caminar con la Naturaleza y su lengua será como la de los pajarillos, sus manos serán como los ríos y sus ojos serán la Vida que mira a la vida.»

 

Extraído del libro «Así hablaba Quetzacóatl»

 


 

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