EL GENIO DEL CORAZÓN (AGNI YOGA) – Episodio 5: «Ella»

«¡Ah, ELLA! La Madre, la directora, compañera y amiga en el drama musical que interpretamos en la Vida.»
Divulga Amor y Luz

«¡Ah, ELLA! La Madre, la directora, compañera y amiga en el drama musical que interpretamos en la Vida.»

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Querida amiga, amigo:

Si por casualidad o porque este trabajo resuena en ti… ¡Se bienvenido!… Y, por favor… ¡Siéntete cómodo!… ¡Entrégate y déjate descansar en los brazos de ti mismo!… 

¡Tú sabes que son muchas las cosas por las que te mereces este momento de relax!… Que son muchas tus andanzas buscando a tu Deseada en la senda de tu vida… 

Y permíteme una sugerencia… en el momento que tu Corazón  perciba la más mínima porción de Su Calor… Cuando sientas que comienza a incendiarse de ti mismo… ¡Entrégate de forma cierta… decidida… sincera!… Y únete… ¡sé uno con Ella!… hasta el punto de que tus sentidos sean por los que Ella contemple lo hermoso de la densidad… oiga el llanto pero también las risas hermosas y diáfanas de la Humanidad… perciba nuestros aromas… saboree los vinos que Gaia la ofrece… y ¡ah, amigo!… que a través de ti… pueda tocar y sentir el terciopelo de las flores… 

Entrégate en tu expresión de Energía manifiesta… ¡siéntete en Ella!… hazlo como si fuera el propio Dios Quien oficiara y bendijera tu unión con Ella… 

Y preséntate ante tu Alma desnudo… vacío de ti mismo… y sé… en Ella… una antorcha de Luz en la vida!… 

Siéntete   como caminante entregado que, bajo la sombra fresca de un árbol,  acompaña  con su canto relajado y alegre al trino de los pájaros que le dan la bienvenida… 

Y medita acerca de cómo se  aceleran tus pasos… de como tu corazón se excita cuando… allá a lo lejos…  percibes tu casa y el aroma de la  leña que arde en la chimenea comienza a envolverte… y que… ¡ah, por fin!… la Luz que se irradia desde sus ventanas ya no es una quimera… 

¡El Hogar!… ¡Que oculto parece estar!…  pero de vez en cuando y como un guiño del sol entre las nubes… también se deja ver… aunque fugazmente… por la mirada de tu intuición… 

Amigo mío… te sugiero… me sugiero a mí mismo… que ¡decididamente!… nos dejemos guiar por el faro de Luz que nos aproxima al Hogar… ¡Ah… el Hogar!… allí donde siempre… Ella… la mejor de las Madres nos aguarda, cuida, alienta y abre nuestros ojos a la Sublime Radiación de la Luz del “YO SOY” en ti…en mí, en todos… 

En el episodio anterior hablamos acerca de un viaje “Más allá de ti”… para descubrir lo que siempre hemos sospechado… y es que “más allá de ti”… sencillamente… ¡estás tú mismo!… 

Y, ahora,  es Ella… ¡ah la Madre!… quien se asoma por la ventana de nuestro Corazón… engalanada por la radiante iridiscencia de colores blancos no conocidos… más allá de nuestra imaginación… 

¿Podrías tú? ¿Podría yo mismo describir el aroma del loto sin usar las palabras?… ¿Cómo describir la sutilidad de “sentir como si”… “de ser como realmente se es”… de ser ajeno a la limitación de las formas y el tiempo?… ¡Ah… compañero de sendero… ¿Cómo poder expresar todo ello a través del silencio… del lenguaje del Genio de Luz que tú eres?… 

Pero permíteme   un consejo… tal como me lo dirijo a mí mismo… mantén afilada la espada de tu discernimiento… y hasta llegar a tu Casa…  permítete dudar de muchas cosas… duda de los espejismos que nos presenta el sendero… ¡hazlo si es necesario!… ya que la duda es como el marcapáginas del libro de texto en el que, día a día, leemos y aprendemos… pero eso sí… amigo mío… de ti… de tu Luz… y por oculta que se te antoje… ¡no dudes jamás!… ya que es la esencia íntima de todo cuanto te alienta en la Vida…

Querido amigo, amiga…  no lo dudes… ¡No dudes de que tú mirada siempre está enfocada hacia la Luz!… solo que, a veces… pues ya se sabe… un pequeño desaliento… una circunstancia pasajera que aparece en tu vida… una persistente nueva lección que aprender… o se presenta un chaparrón que no esperabas… pero siempre… siempre… amanece un nuevo día en el que proseguir tu camino hacia las puertas de tu Corazón… hacia la Luz que se halla tras ellas y que tu probado valor… tu  inofensividad… paciencia   y pureza  constituyen… digamos… como el “pin”  con el que  abrirlas… 

Puertas tras las que te aguarda la esfera de la Luz en ti… tu propia sabiduría ajena al tiempo y a la dualidad… Allí donde… como Alma… te aguardas a ti mismo…  

¡Ah… querida amiga, amigo mío… que gloria somos en Ella!… 

Pero… ¡ea!… dejemos que sea el Genio de Luz quien determine nuestros pasos… ¡que sea el timonel de nuestra Vida navegando hacia el Hogar!… 

¡Hagámoslo!… Y aunque sea por tan solo la fracción de un momento apacible y del que tan solo tu… ¡solo tú!… conoces su naturaleza… abandónate en la placidez que Ella… la Joven Anciana de cabellos plateados… reserva para ti… y tal como el  juglar enamorado canta a su amada… hablemos con palabras que solo desde el Corazón se pueden comprender…

— ¡Hijo mío… mí hija!… Soy quien de mi aliento… te alientas en tu Corazón… Soy la brisa celeste de la que surgen los vientos  impetuosos con los que respiras… Soy la matriz de tu afán… de tus sentidos… palabras… pensamientos y hasta de todos los ensueños que siembras en el Sendero de la Vida… 

Y ya parezca una venerable anciana… ya me engalane de juventud… la Vida… siempre… estalla en ti a través de  Mi… Yo soy quien percibe la llamada de tu Corazón cuando… angustiado… acudes a mi… Yo… tu Madre… ¡Sé… conozco y medito tu eterna búsqueda!… 

Así… hija mía… nadie como Yo conoce la naturaleza de la tristeza que destilas  de tu soledad… Quien enjuga tus lágrimas… Quien  conoce todo de ti… 

Pero soy también quién en tu descanso… te canto nanas celestes con las que calmar tu ánimo… y Quién… ¡tantas veces!… he aquietado la fiebre de tu desconcierto con esos ungüentos mágicos que solo las madres conocemos… 

Más ¡cuando la alegría visita tu Corazón!… ¡Soy el manantial del que brotan todas tus risas!… ¡Y que recompensa para mí como Madre!… ¡Que regocijo de la feminidad en Mi que solo de Dios se puede concebir!…

Soy quien te acuna… y te envuelvo de mí misma… Soy la fuente del Amor que sientes cuando te acojo en Mi regazo!… ¡Soy el anacarado hilo de Amor del “YO SOY” que… a través de Mi… se expresa en ti!…

—¡Madre!…  Tu presencia me  pasa inadvertida en tantas ocasiones… ¿Por qué no sé percibirte  cuando me hablas con tu voz de diosa… con esa voz que solo las madres sabéis modular?…      ¿Por qué me veo obligado a beber de  la “copa del olvido”?… pero, a veces,  un recuerdo vago, lejano… me trae los aires de un día afortunado de un tiempo cualquiera… un día que no sé ni recuerdo cuando fue… Pudo ser hace mil años… diez mil… quizá ayer… ¡ahora mismo!… quiero no tan solo ver… quiero mirar inquieto y esperanzado…  ¡y verte!… y conocer en el silencio de mi Corazón… quien es la Anciana de cabellos plateados… pero… ¡de juventud desafiante!…

Contemplarte como la joven gacela que… gozosamente… corretea por los Campos Elíseos… Y, a tu lado,  sentirme ajeno al tiempo… sentir  en mí Tu eterna compañía…  cobijo… Tu maternal espera… Así… ¡al fin!… comprender que “quien espera” y “quien es esperado”…  ¡son una misma cosa¡ 

Quiero… en ardiente Corazón… en plácida unión…  inundarme de ti en amor eterno… al tiempo que Tu… ¡Ah,  amada Madre!  me desvelas Tu Amor por mi desde el principio de mis tiempos…  ¡Quiero contemplarte cómo una novia radiante en el  Templo de Luz!… ¡Que sea yo como un joven tembloroso que se aproxima a su portal!… 

—Yo… hijo mío… la Joven eterna… la eterna anciana… Isis en ti… me desvelo y me muestro en  la Llama que… ante ti…  alienta de mi Luz…  Y , así,  ilumino el misterio de los espacios curvos que deben nutrir tu sabiduría… 

Apercíbete del latido de tu Corazón en sintonía deliciosa con el Mio… Descubre el secreto de la Belleza en Mi… de la Verdad y la Perfección… Descubre que cuanto de diosa es en Mi… no es sino  la bendición del  “YO SOY”… reflejado en Mí… y de Mi en ti…

—Si… ciertamente yo soy en Ti… y Tu eres la amorosa Madre que… pacientemente… me habla todos los días del Amor y del deber… Eres Quien cada día… impulsas mi vida… Quien, con sutiles sugerencias, me haces percibir la belleza allí donde… ¡tantas veces!… mis ojos se resisten a verla…

Y cuando, tras mi último aliento en la densidad, regrese al Hogar… recíbeme ya vacío de quien siempre creo ser… ¡Ay Madre!… ¿Cuántas veces mis nudillos han repicado en las puertas del Hogar?… Y … Tú… cuantas veces ¡las has abierto!…

—Soy quien vierte unas gotas de vino dulce en tu desesperanza cuando  bebes del cáliz amargo… Quien enjuga las lágrimas de tu Corazón cuando no hay pañuelo que lo haga… A Quien siempre acudes cuando… con voz cortada por la desesperanza… llamas a “tu madre”… cuando… realmente… y aunque lo desconozcas…  me llamas a Mi… 

—¡Recuerde yo!… que Eres mi Maestra y yo mismo en Ti … Que eres el impulso y yo soy quien ejecuta Tu obra… Que haces vibrar en mis oídos el dulce sonido de la Libertad y Quien abre los espacios para que… en libertad… ¡vuele ¡Y cada día… oiga Tu voz oculta, dulce, maternal… recordándome que no hay límite!… Que eres Tú quien impulsa mis alas más allá de Ti misma… 

¡Ay, Madre!… Yo soy en ti… ¡Tú eres  mi Alma!… 

Pero… ¡ea!… cerremos este trabajo situando nuestra atención mágica en lo más elevado de nosotros mismos… Seamos como una coral que se dispone a interpretar las vibraciones de la Luz… que cantemos todos en esa coral pero seamos una sola voz en el propósito de la armonía… 

Que ante la mirada atenta del niño Cristo que crece en nuestro Corazón… seamos como las notas inspiradas por la belleza que revolotean en atrevidas piruetas sobre el pentagrama de nuestra vida. 

Y que nuestro director… el Genio de Luz… y en medio de un silencio expectante… sea Quien entone la vibración de la Vida… una nota clave que, siendo imperceptible en la sala, sea captada por el sentido del oído de nuestro Corazón…  La nota clave de un diapasón de la que nos vamos a inspirar para gozar… cantar… sentir… ¡más bien describir!… los sonidos de los que, sobre los éteres, brotan las sutilidades de formas que… revestidas de color y de Luz… se prolongan más allá de todo limite que el tiempo propone… 

¡Y que arranquen los primeros compases!… ¡que de  los éteres surjan dibujos y colores!… ¡que se cree la luz!… tal como de la Fuente de Fuego brotan las Llamas que inflaman el pensamiento creador que se despereza en el Corazón del poeta.  ¡Ah! nuestros hermanos los ángeles… ¡Cuan hermoso es su trabajo!… Algún día hablaremos de su siempre cierta e íntima proximidad…

¡Que sea así… en nuestra coral llamada Humanidad!… ¡Y que nos fecunde el espíritu creativo del Gran Compositor…! 

Que la belleza y armonía de nuestro canto… sean hijas de la experiencia marcada por nuestros compases y el ritmo que los anima… 

Y comprendamos que… ¡siempre!… un silencio es tan importante como una nota “forte”… 

¡Ahhh!… Y sobrevolando el amplio escenario en el que, como Hijos de la Luz, desarrollamos Su grandiosidad… ya sea dramática o trágica… sea comedia agradable… o sea escena épica propia de los dioses que somos… Siempre en ese escenario… el manto estrellado del “YO SOY” siempre presente… siempre eterno… siempre unos en Él… o… ¿en ELLA?

 ¡Ah… ELLA!… la Madre… la directora, compañera y amiga en el drama musical que interpretamos en la Vida. Siéntete en sus brazos que son Fuente de toda VIDA… Sé cómo un pequeño Horus en brazos de la Madre Isis… Siéntete acunado por la sabiduría, Justicia y Compasión de su Corazón…Y escucha de Ella la dulce melodía que solo una Madre… en el ardor de Su Fuego y protegiéndote del misterio del velo que cubre Su rostro… te acuna y arropa en todos Sus infinitos niveles.

Destierra de tu ánimo y definitivamente, a la ignorancia. Y ¡por favor!… abandona el estigma del “pecado original”. Deja de repetir… como un mantra… “Señor yo no soy digno” ya que tú “eres el que eres”, es decir, la expresión del “YO SOY” en tus mundos.

Y si en nuestro sendero tú muestras la masculinidad de tu Alma… ¿no sientes como te inunda una inexpresable… aunque quizá torpe ternura… cuando aproximas a un niño hacia tu pecho? ¿No brota de él un profundo sentido de la divina feminidad que albergas en ti?…

Y si, por el contrario, muestras Su feminidad… ¿Que voy a poder decirte? Y Cuándo recuestas sobre ti a  tu hijo recién nacido… ¿No te sientes… como la Madre del Mundo? ¿No te sientes como una diosa hecha carne?…

¡Ah!… ¡cómo se esconde la Verdad en medio de las cosas sencillas y entrañables!…

Queridos amigos todos… Siendo en Ella… y a Su calor… ¿Cómo no ser felices tal como cuando un niño percibe el olor inconfundible… y oye… y siente los latidos de esa diosa que lo acoge en su regazo?…

¿Acaso no es… exactamente igual… cuando en nuestro silencio… en la paz interior… nos recogemos en el regazo de Ella… el Alma… la Deseada…

¡Sed felices!… por favor. 

Con dedicación…

Juan

JUAN A. SÁNCHEZ DE LEÓN

Basado en el libro: «LA SENDA DEL FUEGO»

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