ACUARIO Y LA NUEVA EDAD DORADA – Jaime Camps Lorenzo

«Lo llamarían la Era de Acuario, la Nueva Edad Dorada de un Nuevo Hombre en un Mundo Nuevo.»
Divulga Amor y Luz

«Lo llamarían la Era de Acuario, la Nueva Edad Dorada de un Nuevo Hombre en un Mundo Nuevo.»

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Era un mundo donde gnomos, hadas, duendes y otros seres y elementales de la Naturaleza vivían alejados del hombre. El que antaño fuera su mejor aliado y amigo para la conservación de las especies y la suya propia, hoy se hallaba sumido en la más tenebrosa oscuridad. Sin principios ni metas claras que seguir, su existencia se debatía en el caos más absoluto.

Las guerras llenaban sus campos y ciudades, lo construido por el hombre era de nuevo destruido por el hombre en lo que él llamaba «progreso tecnológico». Había perdido las riendas de su propia vida y ya no era dueño de sí mismo, había creado un monstruo que se revolvía contra su creador.

Las enormes extensiones y parajes de aquel mundo se encontraban sembrados de dolor, muerte y cadáveres; el hambre y las enfermedades que él mismo había creado, sesgaban la vida de aquellos que habían tenido la suerte de escapar de la guadaña de aquel que reinaba en sus tierras. El hombre contra el hombre, el hermano contra el hermano, los padres contra los hijos…

No existía la confraternidad. El hombre, que anteriormente fuera depositario del control de la vida y rendía respeto a su Creador y a lo creado, se hallaba ahora en la más absoluta oscuridad. Sus nuevas metas tan sólo eran luchas por el poder y el control sobre los demás seres vivientes, su única razón de vivir, humillar y pisotear los derechos de aquellos, sin que los suyos fueran quebrantados, era intransigente con los defectos y errores de los demás, pero exigía tolerancia y comprensión ante sus fracasos y equivocaciones.

Ya no se respetaba aquella antigua ley universal en la que el hombre era respetado y amado por sí mismo como hijo del Creador y se consideraba hermano de todos los seres que existían. Al hombre de ahora se le medía por sus riquezas, posesiones y bienes materiales; es decir, por lo que tenía y poseía, no por lo que era.

En todas partes, norte y sur este y oeste, reinaba el caos y la desesperanza, no existía el equilibrio ni la armonía, todo hacía prever un final catastrófico. En el cielo, los planetas conocedores de aquel caos, crearon con su movimiento nuevos influjos para ese mundo y sus habitantes, abriendo con ello nuevos estados de conciencia que ya estaban enraizados en su interior y que ahora afloraban en su comportamiento.

La Luz comenzó a nacer en el corazón de unos pocos, creándoles serias dudas sobre la dirección de su vida. Tras profundos estudios sobre el hombre y sus formas de existencia, le mostraron al resto de sus semejantes cual podía ser el nuevo camino a seguir y por eso fueron ridiculizados, fueron llamados profetas, sabios, gurús, iluminados y fueron perseguidos por la misma sociedad a la que ellos pretendían ayudar.

El pueblo que estaba ciego y hundido en la total oscuridad, temía conocer la verdad y perder su «comodidad», que más bien era esclavitud, pero la Fuerza Creadora que irradiaba energías renovadoras, hizo que algo cambiara en la mente y el corazón de unos pocos primero y de cientos y miles después; como al lanzar una piedra al río se crea una onda que va creciendo cada vez más y se expande y lo abarca todo, de igual manera le sucedió al hombre.

Al principio sólo unos cuantos siguieron el nuevo camino, más tarde comenzaron a unírseles más y más seres que iban despertando de su largo letargo, seres que ya empezaban a sentir y a ver una salida que les llevaría lejos del caos en el cual sobrevivían. Todos ellos tuvieron que enfrentarse a algunos que profetizaban un final de muerte y destrucción para todos, pero haciendo caso omiso de tales predicciones y siendo conocedores de que no hay nada escrito más que aquello que uno mismo piensa, crea y escribe, siguieron su lucha para construir el nuevo camino, el camino que les llevaría a un nuevo mundo sin guerras entre hermanos, ni fronteras, ni banderas ni naciones de ningún tipo que separaran a los hombres. Sabían que «querer es poder» y ellos querían cambiar, necesitaban hacerlo; ya tenían la fuerza, ahora sólo faltaba dar el paso.

Las viejas estructuras de poder y manipulación en la que durante centenares de años ellos habían vivido sometidos bajo la esclavitud, comenzaban a perder su protagonismo. Nuevas palabras se oían: Amor, Solidaridad, Humanidad, Hermandad… Amanecía un nuevo mundo, algo maravilloso asomaba por el horizonte. Su llegada no seria fácil ni rápida, ya que miles de años de miedo y oscuridad habían encogido el corazón de los hombres. Pero lo que tenía que ser, llegaría a ser a pesar de todas las fuerzas que se opusieran; la Luz, el fuego se había encendido y ya nada podría extinguirlo. Se habían sembrado las primeras semillas y, con el tiempo, éstas irían dando sus frutos.

Lo llamarían la Era de Acuario, la Nueva Edad Dorada de un Nuevo Hombre en un Mundo Nuevo.

JAIME CAMPS LORENZO

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