EL GENIO DEL CORAZÓN (AGNI YOGA) – Episodio 7: «El ascenso a tu montaña»

«¿No hallarás acaso en tu montaña la puerta tras la que pueda hallarse el mundo de los dioses?»
Divulga Amor y Luz

«¿No hallarás acaso en tu montaña la puerta tras la que pueda hallarse el mundo de los dioses?»

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Amigas… amigos míos:

Comencemos este trabajo recordando “La Misión”… una buena película en la que hemos disfrutado de la sensibilidad de Ennio Morricone y su irrepetible banda sonora. En la que hemos compartido… también… el sufrimiento de un jesuita que, como un penitente, arrastraba su pesada carga de pasado… y nos hemos sentido liberados cuando se corta la cuerda que le ataba a ella… ¿Y qué decir del inocente y angelical “Ave Maria” de nuestros hermanos guaraníes?… Una inocencia tristemente diluida por la intolerancia… La película nos sugiere lo pesado de la mochila que cargamos a nuestras espaldas… del ascenso a lo más elevado de nosotros mismos… del Fuego Ardiente que nos espera en lo alto… En verdad… ¡Inolvidable!…

Hablemos, pues, de ello… En el episodio anterior compartimos conversación y ese sentimiento de fraternidad que suele aparecer en los momentos decisivos de nuestra vida o cuando, como fue el caso, nos cobijamos en la paz de una noche cuajada de fuego, amistad y estrellas… ¡Por favor!… ¿Quién no recuerda algún momento así en su vida?…

Encendimos una hoguera, conversamos… y nos habló con su potente silencio Aquel que siempre habla desde el Corazón… ¡Ah… el Genio de Luz!… y también… ¡que fraternal momento!… cuando a la conversación se unió una inseparable amiga cuya imagen nos representa en los mundos de la apariencia…

Una amiga que muchas veces identificamos como nuestra “personalidad”… y que sugerimos que cambie de aspecto según la necesidad o el interés que nos mueve por la Vida… ¡Ah, pobrecita!… ella es quien soporta por nosotros el frio… el dolor… el placer pero, también, reviste nuestros pensamientos, sufre nuestras enfermedades o goza de la paz que le otorgan nuestros mejores momentos… ¡Eterna compañera en los planes de la densidad… ¡Que útil es tu sacrificio!… y que poco te mostramos la consideración que mereces… siendo tú, hasta el más denso de tus átomos, una obra directa… directísima… del TODO que sustenta la creación…

Pero después de esa noche tan grata, el Sol ya asoma por el horizonte… Preparemos nuestra mochila y retomemos el ascenso a la montaña con ilusión… Tan ligeros y puros como el aire fresco de la mañana… Dejemos atrás el pesado lastre de lo acumulado y caduco en el valle de la vida…

Aligera la mochila. Y la cantimplora que tantas veces has llenado con las lágrimas del llanto… ¡Llénala con el agua fresca que el riachuelo más próximo te ofrece! … Y atento… siempre atento porque… en ocasiones… tu propia montaña puede parecerte un gigante terrible o un inesperado desafío pero… confiésalo… compañero de sendero… que con seguridad siempre te asalta la sensación de que las elevadas montañas pueden ocultar algún misterio en sus entrañas… ¿Será , acaso, la puerta tras la que pueda hallarse el mundo de los dioses?…

¿Y la cima? ¡Ah, la cima!… ¿Qué misterio te aguarda también en ella? ¿Qué vértigo sentirás en tu subida?… ¿Quizá el vértigo de todo lo nuevo que se presente ante ti?… ¿quizá el vértigo de sentirte vacío de toda meta?… ¿del silencio como toda respuesta?… ¿de la soledad desangelada?… ¡Mmmm!… siempre la fiel amiga soledad!…

Pero ¡venga!… ¡arriba!… ¡ánimo!… ¡Y que cada paso se ilumine de tu Luz!… Y ¡Ay… amigo, amiga mía!… y si lo deseas… extiende, de vez en cuando, tus brazos como si fueran alas

con las que volar… sé cómo un niño de ojos muy abiertos… como queriendo abrazar todo el horizonte con una sola mirada… que exactamente ese niño, esa niña… ¡exactamente!… ese eres tú…

Y en tu ascenso… otórgate la mayor consideración hacia ti… ¡amaté ti mismo! ¡valórate en tu grandeza!… y tal como en una carrera ciclista… ¡déjate animar por la Voz del Genio del Corazón en ti!… y venga… ¡siempre hacia arriba!… Y cuando te asalte el desaliento… ¡Que desde tu Corazón resuene una trompeta que anuncie tu empuje, fuerza y tesón! Que toda la naturaleza se entere de que tú, hijo de Dios, estás embarcado en la empresa de tu Vida… que se ponga a tu disposición y… ella misma… ascienda contigo…

Y cuidado con el miedo… ya que es como un bandido al que le gusta asaltarnos en cualquier inesperado recodo del sendero… Pero querido compañero… permíteme un consejo… ¡que sea tu sentido del humor el mejor de los antídotos! ¡Que sepas reírte de ese bandido y hasta de ti mismo! ¡Que el miedo se disuelva cuando tú te expreses tal cual eres!… y atento… que si en la oscuridad del desaliento… por si se muestra el riesgo de un precipicio… mantén encendida la linterna que… como aprendiz del dios que eres te viene instalada de serie… siempre… ¡tú Luz!… ¡Compruébalo!… Y que el temor no detenga tu ascenso… ¡que también hay momentos de alegría… ¡Que gozo cuando algún pajarillo que, desde su ramita, salude tu presencia!… Y quizá te atrevas a conversar con él… ¡Mmmm… que acompañados estamos desde los mundos invisibles…!

Pero observa… siempre la soledad como compañera… quizá con escasas respuestas que den un significado a tu vida… E incluso, a veces, la aparente ausencia de la Voz Interior que pareciera haberse ido de vacaciones… Pero ¡tranquilo!… que son “pájaras” en el ascenso… cálices amargos que al beberlos… poco a poco los espejismos se van disolviendo…

Así es… amigos míos… como se va fraguando el temple de nuestra decisión por lo divino… Así es como se va escribiendo… en nuestro libro de bitácora… el increíble viaje cósmico en el que estamos embarcados… Un viaje en el que, afortunadamente, las afirmaciones del pasado ya comienzan a no devolver su eco…

Y ¿Qué me dices si a veces te asalta una “sensación de vacío”… como si te alejaras de ti mismo… como si todo se alejara de ti? Dime… y por tu experiencia… ¿No es quizá la proximidad de una nueva Luz que ilumine tu sendero?…

¡Ah, y la soledad… el vacío y el silencio!… ¿No son acaso los tres ingredientes con los que agitas el más sabio coctel de tu vida?… ¿No son las herramientas de tu escalada? ¿No son el piolet, la cuerda o el mosquetón que te aferran al empeño de tu propósito en tu escalada cómo Alma?

¿Y el “silencio”?… ¿No va quedando atrás el estruendo de tus cánticos de alegría o el lamento de tu tristeza?… ¿No comienzas a percibir el silencio apacible de tu ánimo?… ¿No se llena tu Corazón de respuestas nuevas e inquietantes?… ¿No van quedando atrás las letanías ociosas de las religiones?…

Permíteme compartir contigo una inquietud… ¿No comienzas a estar cansado de buscar fuera de ti mismo?… ¿De buscar consuelo al margen de tu Corazón?… de pretender respuestas en libros ajados por el tiempo, dogmas y tradiciones… de meditar pretendiendo llegar adonde…¡asúmelo! ¡ya estás tú!… De buscar palabras de consuelo en experiencias ajenas… ¿No vas desnudándote de todo ello conforme dejas atrás la comodidad del valle?

¿No te inquieta que… en este sendero ascendente… tu sabiduría solo puede comenzar a surgir de tu vacío?… y te preguntas… ¿Cómo puede surgir de la nada algo? ¿Acaso no debe ser vaciado un vaso para ser llenado de nuevo?…

Pero… ¡Que divino anhelo cuando fijas tu mirada en la cumbre! y… en una breve fracción del “no-tiempo”… te sientes como la síntesis de todo esfuerzo pasado y de todo esfuerzo futuro… la síntesis de tu propósito y de tu destino… Y siempre hacia arriba… amigo, amiga mía… ¡¡¡que somos Luz al encuentro de la LUZ!!!…

Y mirando el Sol creciente… poderoso… ¡abre tu Corazón!… y que un rayo de Amor Incondicional brote de Él… Permítete compartir… ¡que surja de ti!… un profundo sentimiento de fraternidad hacia quien, bajo el mismo Sol, se afana tal como la hermana hormiga en el trabajo que, desde lo Alto, se ha diseñado para ella… hacia el romero que te ofrece los aromas que el Gran Alquimista ha ingeniado… o hacia el pajarillo que saluda tu ascenso con el trino que el Gran Compositor ha escrito en el pentagrama de la armonía…

¡Que esa fraternidad la sintetices en el centro exacto de lo divino en ti mismo… Que se diluya el recuerdo ingrato pasado y la angustia del futuro… y… contémplate junto a la hormiguita, el romero… el pajarillo, codo con codo, frente al Gran Hacedor… el YO SOY… ¡Siéntete a ti mismo más allá del sosiego… más allá de la paz… ¡Ah… un momento en el que… sencillamente… ¡Te sientes… en Ti!

Y hacia arriba… Que no te importe que en algunos tramos del ascenso… la oscuridad, a veces noche cerrada, sea más intensa… ¡Que no te importe!… ¡Arriba pues!…

Pero… amigo mío… ¿No te parece percibir allá en lo alto, como un tenue resplandor que comienza a avivar tu esperanza? ¿No percibes una Llama que, a lo lejos, reafirma tus pasos? ¡Ah…! Quizá sea que tu Alma comienza a sugerirte Su misterio… ¡tu propio misterio!…

Llegados a este punto del sendero… quizá muchos recordemos la película “Los Diez Mandamientos”… y la llamada que… desde la tranquilidad del Pozo de Madián, impulsa a Moisés a ascender al Monte Sinaí… Una ascensión absolutamente simbólica y que expresa el profundo contenido de soledad, vacío y silencio que todo Ser Humano… como expresión de su Alma… debe experimentar… hasta estar en presencia de la “Zarza Ardiente”… El Fuego de la Vida…

Pues tal como Moisés… ¡ea!… dirige tu mirada hacia Agni…¡el Sol!… Y que tu veneración hacia Él se refleje como autoestima hacia ti mismo… Nadie como Él sabe medir tu valor al beber “las aguas del olvido”… y borrar de la memoria… quizá tan solo por un momento de la eternidad cósmica… que en Él… ¡se halla tu Hogar!…

Y allí estás… en la explanada… en lo más elevado de tu Corazón… donde irradia… ilumina… se muestra la “Llama Ardiente” de ti mismo… y te sugieres aproximarte a Ella… Y cuando lo intentas se repite una conocida historia. Surge una Voz silenciosa que resuena potente en ti…

—No te acerques. Descálzate de tus sandalias porque el lugar que pisas es Terreno Sagrado.

—¿Quién eres?

—“YO SOY” la VIDA que alienta en ti…

Amigo mío… ¿Cómo penetrar en el Terreno Sagrado del Corazón calzado de las sandalias del pasado?
¿Cómo hacerlo con nuestros pies todavía temblorosos y que recién han pisado los senderos del miedo?

¿Cómo hacerlo cargando con la superstición y la ignorancia en las alforjas?
¿Cómo quemar en el altar del Corazón el incienso de la Libertad… cuando todavía tan solo confías al esfuerzo… el método o la disciplina… el reencuentro con tu propia Luz? ¿Acaso sigues necesitando que algo o alguien medie por ti cuando… mirando directamente a la Creación… puedes ofrecerte… hablar… y sentirte en presencia de YO SOY en ti? ¿Cómo siendo Sumo Sacerdote en tu Corazón todavía precisas a otros sacerdotes que intermedien entre el TODO inexplicable y tú?
¿No es acaso en Tu Padre… o tu Madre Celestial en Quien vives… sientes… y piensas?… ¿Necesitas… acaso… intermediarios?
¿A quién se dirige el Calor del Fuego Ardiente sino a ti?…
¿No sientes… íntimamente… ¡y muy en realidad! Que tus ojos son sus ojos… tus oídos son los suyos… que al bendecir tu mano es su tacto… y así… ¡amigo mío!… que todos tus sentidos son las ventanas por las que tú, como Hijo de la Humanidad… expresas al YO SOY en la densidad?
Y pregúntate… ¿si no es así, para que estas aquí?… pero mira… ¡permite que la respuesta surja, quedamente, desde tu Corazón!…

Descalzar los pies del pasado y sacudir el polvo de las sandalias, es la acción más temible y menos deseada que la personalidad… la eterna máscara… puede llegar a experimentar cuando deduce que… en adelante… ya no cuenta para los “asuntos importantes” que solo se hablan en el Santuario del Corazón… asuntos a los que los llamados “egos”… aquello cuanto de ti se identifica con lo externo… no pueden acceder. Es en ese momento… cuando comienza una lucha tremenda por abrir la puerta tras la que hay que dejar a un lado lo que la razón interesada sugiere y contemplar la Razón Pura que el Corazón ofrece…

Que… Ay, amigos… ¡son tantas las cosas de las que debemos desvestirnos!…
Asumir que sintetizamos todas las eternas experiencias que, como caminantes en el Sendero de la Vida hemos recorrido… ¡Qué somos la propia Alma!… ¡Que no precisamos mediadores que nos conecten a Ella o con los supuestos dioses!
Descalcémonos… pues… de las sandalias del pasado y presentémonos como Almas… desnudos ante la LUZ…

Y… así… querido compañero de sendero… ¿No deseas llegar a la cima de tu particular montaña?… ¿No deseas tumbarte y acariciar con las manos los verdes brotes de hierba, olisquear una humilde florecilla… y respirar el aire fresco como si fuera un maná surgido del propio aliento de Dios?…

Y dejar que tu cuerpo se inunde de la energía de la Tierra… mirar perdidamente a través del azul del cielo y abrirte al agradable calor del Sol? ¡Ahhh!… y no pensar… y sentir… sentirte ajeno al tiempo… casi como en la antesala del cielo…

Siendo así… permíteme sugerirte de nuevo… ¡amate a ti mismo! ¡considérate en tu grandeza!… Que absolutamente nada ni nadie puede interferir ese hilo invisible… dorado… y ardiente… que enlaza tu Corazón al Corazón del Sol que te ilumina y calienta?
¿Puede algo… o alguien… en ese momento… mediar entre Tu Padre o Tu Madre… el “YO SOY” en ti… salvo tú mismo cuando encarnas, que realmente es así, al pequeño… ¡al radiante Cristo que crece en ti!…

¡No… amiga mía, amigos!… Ni las palabras aquí pronunciadas… ni los textos de los libros más sagrados… ni las profundas reflexiones del más elevado gurú… al fin y al cabo tal como tú… Almas manifiestas en forma de hombre o mujer… caminantes como tú en el mismo Sendero de la Vida… ¡Ahhh! Que nada ni nadie puede gozar, sufrir, apetecer por ti el ascenso hacia tu propia LUZ…

Y llegados a este punto permíteme jalearte… aplaudirte… y animarte… ¡Venga… hacia arriba!… ¡Siempre hacia la LUZ!…

¡¡Qué grande eres!!

Con dedicación,

Juan

JUAN A. SÁNCHEZ DE LEÓN

Basado en el libro: «LA SENDA DEL FUEGO»

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