EL GENIO DEL CORAZÓN (AGNI YOGA) – Episodio 8: «Por una Nueva Humanidad»

«Como Humanidad habéis recorrido muchos senderos, y ahora ese esfuerzo es la aldaba que llama a la puerta de la Luz que Yo deseo abrir para vosotros.»
Divulga Amor y Luz

«Como Humanidad habéis recorrido muchos senderos y, ahora, ese esfuerzo es la aldaba que llama a la puerta de la Luz que Yo deseo abrir para vosotros.»

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Queridos amigos:

El duro ascenso del episodio anterior nos exigió un esfuerzo mezclado de vacío, soledad y silencio… pero también… ¿por qué no?… fuimos saludados… alentados por una naturaleza que siempre pone su Luz a nuestra disposición… 

Y, simbólicamente, alcanzamos la cima de la montaña que se yergue en nuestro interior… una cima en la que la naturaleza se viste de pureza… donde parece que la sensibilidad se agita dulcemente y deseas permanecer en permanente diálogo con ella… y la Vida… ¡ah, amigos la Vida!… se muestra tan expresiva e inquieta que el latir de nuestro corazón parece no caber en el pecho cuando… ¡ya por fin!… las primeras luces de un nuevo amanecer para la Humanidad parecen despuntar en el horizonte… 

Ante esa visión… quizá sea aconsejable dejar atrás la discusión acerca de que si son tirios o troyanos… de si es la tercera, cuarta o quinta dimensión la que nos aguarda… ¿No será más intenso abrirnos a la dimensión… al Hogar del Alma y expresarla allí donde estemos? ¿Abrirnos a su Luz creciente y reflejarla en todo cuanto de grande hay en nuestra vida?… ¡que lo hay!… pero también… llenar de Ella esos pequeños momentos de ese “aquí y ahora” tan intensamente vividos… como escapados del tiempo… Que tú… yo… todos… somos Hijos de la Luz… y que… ¡para eso estamos aquí!… 

Y así… ¡mmmm¡ y como Humanidad… ¡dejemos que reviva el calor en nuestros Corazones!… que el silencio apacible de un pequeño “aquí y ahora”… sea como un canto a la paz tal como un soplo de aire hace que las agujas de los pinos vibren, en un profundo “Om”… como si fueran las cuerdas de una inmensa lira en manos de los dioses… 

Y sentémonos sobre una roca… ¡sea de la dimensión que sea!… ¡seamos uno con su poder!… Inspiremos profundamente el aire mientras clavamos nuestra mirada en el azul del cielo… y ¡ah… sentir en nuestra cara la calidez del Sol!… Dejar que nuestra vista se recree en el rio que allá abajo… en el valle de la vida, semeja un hilo de plata acudiendo a su cierto destino… 

Sentir que te inundas de tu propia paz… De la cálida y dulce sensación de Amor que… de forma natural… brota de ti y de ti se irradia… ¡Y sembrar las semillas de todo cuanto de cierto es en nosotros!… Y ser… ¡SER! … ¡Ser tú mismo!… ¡tú misma!… ¡Ser yo mismo! y amar… y sentirnos como preñados de la Luz que ya sugiere una nueva revelación para la Humanidad… y decirnos… ¡¡ordenar!!… ¡Basta ya de oscuridad!… 

Ser como una burbuja de energía iridiscente y dentro de ella una encalada ermita decorada de primavera… de los pámpanos de una parra que comienzan a desperezarse… y ¡ahhh!… allí… siempre esperando… el Genio de Luz que albergas en ti… 

Amigos… ¡Ah… que goce!… ¡Qué silencio!… ¡Qué momento de Belleza para el Corazón!… ¡Qué indecible momento de “aquí y ahora” el reencuentro con la Luz… con el Genio que somos en Ella!… 

“Hijo mío… Yo… El Genio de Luz en ti… ¡tú mismo!… soy Quien del Manantial del Agua de la Vida siempre espero para ofrecerte el vaso de Belleza, Verdad y Perfección que guardo para ti… 

Soy Quien te aguarda a las puertas de la ermita del Corazón… Quien impulsa el crecimiento de una Naturaleza que deseo contemplar con tus ojos… Soy el verde del valle… el rio que se pierde en el horizonte… mi hogar es el Sol que te alumbra… y Tú… hijo mío… el esperado… siempre eres en Mí… 

Soy la Fuente cantarina de Paz en tu Corazón… De Quien inhalas la Vida… Quien deposita en tus manos las semillas de Luz para que las siembres por el mundo… ¡Anhela!… ¡imprégnate del Amor del que tú mismo eres y del que a través de ti irradio!… 

Como Humanidad habéis recorrido muchos senderos… y ahora… todo ese esfuerzo… no es sino la aldaba que llama a la puerta de la Luz que Yo deseo abrir para vosotros… 

¡Abandonad el tiempo en manos de vuestro pensamiento, y las formas que expresa… y ¡sed Humanidad en Mi!… ¡se tú mismo en Mi!” 

¡Ah, qué momento de “aquí y ahora”!… queridos compañeros de Sendero… Bajemos de nuevo al valle… ¡Hagámoslo gozosos y contentos!… Hay tantas cosas que hacer en él… son tantas cosas las que experimentar… ¡tantas semillas que sembrar!… 

Y mientras descendemos, busquemos colocar nuestros pies sobre las piedras del discernimiento… llevemos en nuestra ropa el aroma de las más olorosas plantas… pensando, como Humanidad, en cuanto hay por hacer… así… aun así… busquemos, de vez en cuando, la sombra fresca de algún pino generoso y… cerrando los ojos… en un pequeño “aquí y ahora”… seamos puente entre la Luz del “YO SOY” y el Poder de la Madre Tierra… Un pequeño instante en el que ajustar nuestra existencia con el Propósito de lo Infinito… Y que ese pequeño “aquí y ahora” se prodigue poco a poco… paso a paso… en el Sendero de nuestra Vida… 

Pero… ¡ea!… Amigo… amiga… que también sea momento de reflexión acerca de cómo a menudo cargas tu vida de buenas intenciones y de grandes propósitos. Que el trabajo de tu Luz de alas a nuevas metas y planifique los pasos que has de dar para llegar a ellas, compartirlas y despertar de cuanto en ti parece un sueño… de como en ocasiones resuena… en lo profundo de ti… el silencio de un misterio de tres palabras… “tú en MI…”. Tres palabras sagradas del Genio del Corazón… tal como una orden penetrante de ¡Hágase la Luz!… Pues sea… ¡hágase ese punto de equilibrio cierto entre los dioses y los hombres!… Amigo mío… ¡entre tú y Tu Mismo! 

Pero… ¡Ay…! Siempre aprendiendo… siempre en la dualidad de las cosas… de las formas… del eterno inconformismo tan propio en nuestra condición humana. Siempre apareciéndose el pasado cargado de lo que pudo ser y no fue… o de lo que fue… y no debió ser. Y el futuro… ¡ah, el futuro!… siempre como lo anhelado o lo temido… Pero… ambos… ¡dos impostores!… Dos bifurcaciones en el camino del tiempo que luchan entre ellos por adueñarse de nuestras pequeñas intenciones. Pero no… ¡quia!… Que el pasado y el futuro se diluyan en el atanor de alquimista que tú… todos albergamos en 

nuestro interior. 

¿Y el miedo?… ¡ah, el miedo!… siempre queriendo descontrolarse como brotando de una tinaja rota… siempre dispuesto a asustarnos con cuanto de nosotros mismos podamos encontrar en ella… ¡deseoso de amordazar nuestra vida con sus vendajes! Que no hay grillete de esclavitud que pueda, como él, ocultar la Luz de nuestra Humanidad… 

Pero… ¡Ea… que sea también ese pequeño “aquí y ahora” el que rompa esos grilletes!… Que sea la «Ciencia de nuestro Corazón»… la que nos abra la puerta de la Libertad por la que deshacernos de todos los impostores que opacan nuestra Luz. ¡Sintámonos liberados!… ¡llenemos nuestro pecho con un aire de plenitud!… ¡de un silencio en cuyo pentagrama podamos escribir, como una nueva Humanidad, todos los cantos que surgen de nuestro Corazón! 

¿Y la mente?… ¡Ah, la mente!… Se deleita en proclamar grandes postulados e ideas…. De confundirlos con grandes progresos espirituales… siempre seducida por cristalizar la Verdad… como queriendo encerrarla en la vasija de la tradición… lo bueno… lo útil… lo acostumbrado y lo cierto de lo sabido porque así está escrito… Que la mente, todos lo sabemos, es creadora. Le gusta cumplir la función para la que fue creada. ¡Ah… esa máscara que tan bien nos sirve!… Dejemos que cumpla su función… está en su naturaleza alimentarse de las resoluciones fantásticas que nos propone para abrir las puertas de todo misterio y… tras no hallarlo… volver a la rutina de lo cotidiano preñado de pasado o de la angustia de saber si verá la Luz, o no, en el futuro. 

Por el contrario… amigos míos… los grandes hombres que nos preceden, siempre nos indican… tal como Sócrates cuando decía ¡”Solo sé que no se nada!”… Todos ellos compañeros nuestros en el Sendero… exponentes de una Humanidad… tal como tú o como yo… siempre sugiriendo el camino por donde discurre la sencillez de lo pequeño… e insinuándonos… con ello… la puerta tras la que se halla el misterio de cuanto es Grande… Que la Verdad discurre por los mismos caminos por los que discurre la Vida. Y quizá no se trate de mirar al cielo… y de forma rotunda… como la heroína de “Lo que el viento se llevó”… proclamar que hemos visto la Luz y que nunca más pasaremos hambre de ella. ¡No! Los grandes 

propósitos… todos lo sabemos… están llenos de grandes frustraciones. 

La Verdad… la Luz… ¿Se oculta tras los velos de la sutileza? Quizá en cada uno de nosotros… sea como un suave y sutil impulso… como brisa imparable que la Vida nos sugiere en los infinitos espacios de vacío que se precipitan en el intervalo que le sigue a cada decisión… a cada acción… a cada aparente nimiedad que se sucede en nosotros de instante en instante. Recordemos la placidez… el intervalo del no-tiempo tras el fin del impulso de una ola y antes de que la arena la acoja… Una Verdad que se nos sugiere atemporal… inasequible… a poco que un pequeño instante de “aquí y ahora” nos aperciba de ello… 

Nos permita captar la inocencia en los ojos de los niños y que, siendo así, se desborde por los nuestros la inocencia del niño que dormita en nuestro corazón. ¡Ah… que momento!… ¿Debemos… pues… ser como niños?… contemplar con la inocencia de un niño como si la curiosidad del Alma asomara por nuestros ojos… como intentando ver todas las cosas por primera vez… 

¡Ah!… Un pequeño “aquí y ahora» que se vista de la sencillez de lo fugaz… de lo sutil… que sea una llave forjada con el Fuego del Corazón… y que abra nuestra sencilla mirada a la sencillez de la Compasión y el Amor. Que lo haga… amigos míos… tal como una lágrima es capaz de disolver la dureza de una mirada… 

Permitámonos esos “pequeños momentos”. Démosles cobijo en los grandes tiempos de nuestros días. Ellos son los que nos alejan del temor y nos abren las puertas de la alegría. Que la alegría es el aceite que suaviza las puertas de nuestro Corazón… y de todo cuanto se puede precipitar desde el Genio que en Él reside… que es mucho y… eso… cada uno de nosotros lo sabe en la intimidad de nuestro oculto retiro… 

Y tal como nos fue aconsejado… “vivir la Vida de instante en instante…”. De ahí la sugerencia de vivir pequeños momentos de “aquí y ahora”. Momentos que… como los sencillos adoquines… van empedrando nuestro camino. 

Y comprobemos como Humanidad… amigos… como tras un pequeño “aquí y ahora”… quizá se halle la solución a todos nuestros 

importantes problemas. Problemas no resolubles con la mente pero si comprendido y resuelto por el Corazón. Por ese esperado Corazón de la Humanidad… 

Por todo ello, es deseable plagar nuestra vida de pequeños momentos de “aquí y ahora”. Pequeños momentos preñados de “atención e intención”. Que la belleza de la alfombra reside en los pequeños y bien trazados nudos de su urdimbre. No existen palabras que extiendan esa alfombra mágica a nuestros pies. Pero si son ciertos esos pequeños momentos que la tejen de “soplo en soplo”. 

Pequeños momentos de “aquí y ahora”… que surgen de las manos hacendosas y siempre dispuestas del Corazón… y que nos deben deslizar por los senderos mágicos de la Vida… ?Nos atrevemos a tejerla…? 

Amigos míos… gracias por vuestra compañía… gracias por el impulso que aportan vuestros comentarios… En verdad que reflejar palabras… sentimientos y goce interno al escribir sobre la pantalla… no me es posible sin la responsabilidad que implica aproximarme a vosotros con el “alma al desnudo”. 

Y… eso si… ante cualquier duda de si una tecla u otra… ya sabéis como son estas cosas… ¡Démonos un pequeño “aquí y ahora”!… y que… por cierto… es como la llavecita de la felicidad… ¡La felicidad que a todos os deseo! 

Con dedicación,

JUAN 

JUAN A. SÁNCHEZ DE LEÓN

Basado en el libro: «LA SENDA DEL FUEGO»

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