LA VOZ DE LOS MAESTROS: ¿MAR O MONTAÑA? – Helena e Isabel Vilà

«No es de recibo que quien en pleno invierno quiera ir a la playa, obligue al que con raciocinio y coherencia elija la montaña.»
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«No es de recibo que quien en pleno invierno quiera ir a la playa, obligue al que con raciocinio y coherencia elija la montaña.»

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De todos es conocido y a todos nos ha pasado que, en un momento determinado, ya sea para elegir casa de veraneo o pasar unas vacaciones o simplemente pasar un día de asueto y descanso, se nos ha planteado y se nos seguirá planteando, si elegir ir al mar o si pasar esos días, los que sean, en la montaña.

Cualquiera de las dos elecciones es acertada, ya que se adecua a las necesidades y preferencias de la persona que debe elegir.

Los de montaña prefieren aprovechar el aire fresco, el paisaje verde o boscoso, la tranquilidad y ese efecto de soledad que dan esos paseos por un bosque o tumbarte en la hierba, aire fresco, paisaje verde es una buena elección y decides: Montaña.

Lo mismo ocurre con el que escoge playa, sol, agua, arena, paseos a lo largo de la orilla, juegos varios en la arena, nadar, descansar, hacer picnic, encuentros en familia bajo la sombrilla o escapadas en solitario, esa también es muy buena opción para el que elige cómo disfrutar de la mejor manera ese tiempo de asueto.

Esto es ideal, tanto una como otra opción, cuando el tiempo acompaña y nos permite disfrutar de esos días de sol, alegría, juegos y descanso.

Pero, ¿qué ocurre cuando esa elección no está amparada por el buen tiempo, esa temporada veraniega que invita plácidamente a esas dos opciones?

Vamos a plantearnos un riguroso invierno, días tristes, oscuros, con viento, lluvia o incluso días claros con sol radiante pero sopla un viento frío que «pela».

Con este panorama y contando con unos días libres, con esas condiciones climatológicas, ¿creéis que esa elección entre mar o montaña, se os plantearía de la misma manera y con los mismos condicionantes que en verano?

Es muy posible que vuestro entendimiento y experiencia os dirigiera más a una elección de montaña, ya que en la playa os pelaríais de frío, y el tiempo no os permitiría disfrutar de ese espléndido y caluroso día de verano, ya que con las condiciones climatológicas de un crudo invierno, no os sería posible disfrutar, ni de lejos, lo que la estación veraniega pone a vuestra disposición.

Es decir, cuando el tiempo lo permite y es beneficioso por el clima, tenemos la posibilidad de elegir mar o montaña.

Pero, ¿y cuándo el tiempo no acompaña, cuando las condiciones cambian y en verdad la opción playa es un desastre? Si tienes un poco de entendimiento y haces caso a tu observación  de lo que provoca un invierno, y eso lo tienes claro, no optarás por la playa, porque las condiciones que te ofrece esa estación invernal , van a ser caóticas, aunque pienses que te abrigarás y podrás salir a navegar, cerrando paso a cualquier otra opción, ya qué te centras en lo que crees que puedes hacer, a pesar del tiempo, y no en sus consecuencias (frío, mala mar, vientos etc.)

¿Está bien elegir esta opción a pesar de esa estación invernal? La elección sigue siendo tuya, pero, ¿cómo andamos de previsión? Mucha, poca, ninguna, eso también es elección tuya.

Cuando vienen malos tiempos y la estación que nos embarga es cruda, inhóspita, desapacible, debemos ser cautos y elegir aquello qué dentro de nuestras posibilidades, que las tenemos, elegir aquello que más nos conviene, por lógica, experiencia, sentido común, y en este caso elegiríamos montaña, con esas casas preparadas para fines invernales, pistas de esquí para los aficionados y deportistas, paseos y tardes en compañía de personas queridas.

Por otro lado, están los «Interesados» en qué paséis esos días de invierno en la playa  porque sus intereses están en qué elijáis la playa, os darán, os venderán toda clase de enredos, engaños, con bonitas fotos trucadas, poniendo en sus carteles actores haciéndoos creer qué el elegir montaña, es para gente aburrida, friolera, enfermiza, sin coraje, escudados en la lógica y la poca credibilidad que les dan esas «inmobiliarias» que no cesan de repetir que como la playa, nada!

Hay personas que se dejan influir por esa propaganda vacía de toda lógica y deciden ir a la playa en esa estación invernal, pensando que si esas inmobiliarias lo dicen, es porque es lo correcto y lo mejor para ellos, y que los que deciden ir a la montaña son unos «caguetas» y se pierden con su poca cabeza unos maravillosos días en la playa, en esa plena estación invernal.

Y se van tan contentos a la playa, y lo previsible: mala mar, frío, subida de la marea, lluvia, empapados totalmente, descolocados, etc.

Y ven a lo largo de la playa carteles anunciadores con actores con caras sonrientes en una tabla de surf, en pleno invierno «pasándolo de lo mejor», y ellos, empapados, con frío, tiritando siguen en la playa, porque a pesar de lo que están experimentando, les han dicho que lo mejor es aprovechar esos días invernales en la playa, y que los que van a la montaña son poco patriotas y no hacen piña, porque son unos egoístas, ya que si todos fueran a la playa, se abrirían más bares, más centros comerciales, de recreo, más viajes en barco, etc, pero claro, como no todos van a la playa, eso les perjudica enormemente; y a pesar del frío, del malestar, se creen esas fantochadas, asumiendo que ese malestar, es para bien. Y aquél que ha hacho acopio de la lógica, la sensatez, los resultados y la experiencia de los qué están en la playa, sigue manteniéndose calentito y a buen resguardo en esas casas de montaña, adecuadas para esa estación del año; con el menosprecio y la crítica de las personas que prefieren pasar frío en esos desagradables días de invierno, porque otros les dicen que es lo mejor en esa estación del año.

Ahora estamos en esa estación invernal, donde la elección de playa o montaña está más clara que nunca, ya no depende de lo que te apetece, sino, que esa elección ahora está condicionada en la libertad de cada cuál, a la lógica, la coherencia y el bienestar.

No es de recibo que quien en pleno invierno quiera ir a la playa, obligue al que con raciocinio y coherencia elija la montaña.

Cada uno con sus más largas o cortas miras, puede elegir una cosa u otra, pero nunca exigir, coaccionar, amenazar, criticar, condenar la elección del que quiera o no pasar frío en esta estación invernal en la que nos encontramos todos.

¿Qué eliges, mar o montaña?

LOS MAESTROS

 

Helena e Isabel Vilà

 
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