¡DI LA MALDITA VERDAD! – Jeff Foster

«Contarle tu "maldita" verdad a alguien podría salvarte la vida y sanarte desde lo profundo.»
Divulga Amor y Luz
«Contarle tu “maldita” verdad a alguien podría salvarte la vida y sanarte desde lo profundo.»
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He visto obrarse milagros cuando la gente simplemente dice la verdad.

No la verdad «bonita» ni la verdad que busca complacer o reconfortar, sino la cruda verdad. La verdad salvaje, la verdad que no conviene, la verdad tántrica, la «maldita» verdad.

La verdad que tienes miedo de decir, la horrible verdad acerca de ti mismo, la que escondes para proteger a otros, para evitar ser “demasiado”, para evitar ser avergonzado o rechazado, para evitar ser visto…

La verdad de tus sentimientos más profundos, la rabia que has estado disimulando, controlando, que no has dejado ser.

Los terrores de los que no quieres hablar, los impulsos sexuales que has intentado adormecer, los deseos básicos que no soportas expresar…

Finalmente, las defensas se caen y ese material «peligroso» emerge desde lo profundo del inconsciente. Ya no puedes retenerlo más. La imagen de «buen chico» o de «buena chica» se evapora, «el perfecto», el que «ha sabido resolverlo todo», el «evolucionado»… Todas estas imágenes arden.

Tiemblas, sudas, sientes que vas a vomitar. Piensas que podrías morir al hacerlo, pero finalmente dices tu maldita verdad, esa verdad de la que estás profundamente avergonzado.

No la verdad abstracta, no la verdad «espiritual», no una verdad diseñada con palabras buscadas cuidadosamente

para prevenir la ofensa, no una verdad cuidadosamente empaquetada. Sino una verdad desordenada, intensa, desaliñada.

Una verdad sangrienta, apasionada, provocativa, sensual, sin domar ni pintar, mortal.

La verdad sobre cómo te sientes, la verdad que permite que otra persona te vea sin que te ocultes, la verdad que hace que el otro se quede sin aliento. La verdad que hace que tu corazón palpite con fuerza.

¡Esa es la verdad que te hará libre!

He visto depresiones crónicas y ansiedades que habrían empeorado de por vida, disiparse de la noche a la mañana.

He visto como traumas profundamente incrustados se han desvanecido.

He visto cómo fibromialgias, migrañas de toda la vida, fatigas crónicas, dolores de espalda insoportables, tensiones corporales o desórdenes de estómago, han desparecido sin que hayan vuelto nunca más.

Busca a una persona de confianza, un amigo, un terapeuta, un consejero, y permítele entrar. Deja que te sostenga mientras te quiebras. Déjale amarte mientras lloras, te enojas, tiemblas de miedo o te haces un lío.

Contarle tu «maldita» verdad  a alguien podría salvarte la vida, sanarte desde lo profundo y conectarte con la humanidad en formas que nunca antes habías imaginado.

 

JEFF FOSTER
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