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LA LEY DE LOS INTERCAMBIOS – Omraam Mikhäel Aïvanhov

«Las personas se unen, se besan, hacen intercambios sin prepararse, ni lavarse, ni desprenderse de la suciedad que recogieron en su corazón y en su alma pasando por los caminos de la vida.»

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Es sorprendente ver cómo los humanos, que tienen la pretensión de sondear los misterios de la Creación, omiten el estudio de procesos tan importantes como la nutrición, en los cuales Dios ha puesto toda su sabiduría y su amor. Si uno estudia las leyes de la nutrición, puede comprobar que se encuentran por todas partes en el universo, puesto que son estas leyes las que rigen los intercambios ente el sol y los planetas, y son válidas en todos los ámbitos, y en particular, en el del amor. E incluso las leyes de la concepción y de la gestación son idénticas a las de la nutrición.

En todo lo que comemos: pescado, frutas, verduras e incluso queso, hay que sacar algo: una espina, una piel, una corteza… y si no es así, al menos hay que enjuagar o lavar la comida. Así pues, antes de comer, uno debe tomar precauciones para no herirse el paladar, romperse los dientes o estropear su estómago. Y, ¿por qué no se hace lo mismo en la vida? Antes de unirse a alguien, antes de aceptar a esa persona en nuestro corazón, en nuestra alma, ¿por qué nos imaginamos que está ya preparada para ser absorbida y digerida? Me diréis: «¿Pero, es el amor?» Sí, lo comprendo, es el amor, pero este amor es ciego, no es el verdadero amor. El verdadero amor es lúcido, no está en contradicción con la sabiduría.

Las personas se unen, se besan, hacen intercambios sin prepararse, ni lavarse, ni desprenderse de la suciedad que recogieron en su corazón y en su alma pasando por los caminos de la vida. Un Iniciado actúa de otra manera: cuando alguien se presenta ante él, le considera como «una fruta suculenta», claro está, pero una fruta que deberá lavar o pelar antes de «comerla».

Esta es la diferencia que existe entre los Iniciados y los hombres normales que no tienen luz, sabiduría, ni conocimientos: la manera cómo realizan los intercambios y las asociaciones. Las personas normales son como los gatos que se tragan a los ratones con la piel y los intestinos, y después se quejan: ¡Ay, qué desgraciado soy con mi mujer!» O bien: «¡Ay, qué marido me ha tocado!» Pero, ¿por qué tienen la mentalidad del gato? ¿Por qué se apresuraron en comerse a esta mujer o a este hombre, es decir, por qué intimaron sin reflexionar sobre sus sentimientos, sus pensamientos, su respiración, su aura?

Analizad y revisad vuestra existencia… Os daréis cuenta de que hasta hoy no os deteníais más que en los detalles externos, sin profundizar, a fin de ver cuáles eran los deseos, los pensamientos o el ideal de las criaturas a las cuales queríais uniros. Los Iniciados son muy complicados y con razón; han comprendido la lección que cada día nos da la naturaleza por medio de la nutrición, y saben que se debe actuar de igual modo en la vida psíquica. Sabemos que cada día hay que pelar, limpiar, eliminar, pero en el campo psíquico todavía no se ha comprendido la lección que la naturaleza nos da. Mirad, incluso una madre que adore a su hijo y que haría todo por él, si éste la quiere besar después de haber jugado con barro, le manda primero lavarse y después le besa. ¿Por qué no le abraza enseguida, si le ama?.. El gran Libro de la Naturaleza viva está instalado ante nosotros, pero está únicamente abierto para los sabios y cerrado para los demás…

Coméis tres veces al día, seleccionáis el alimento antes de comerlo, pero unís vuestra existencia al primero que llega, sin conocerle, arriesgándoos a envenenar toda vuestra vida. Únicamente al Señor es a quien debéis amar antes de conocerle. Pero a los humanos es necesario conocerles antes de amarles, es decir, antes de «comerles», de invitarles a vuestro santuario. Si no se ama a Dios primero, no se le conocerá jamás. Y la misma ley puede aplicarse a un gran Maestro: no le conoceréis nunca y permanecerá cerrado para vosotros si no empezáis a amarle.

Evidentemente, la cuestión ahora es saber cómo amarle. La mayoría aman a un Maestro como a un lago al que van a lavarse dejando toda la suciedad. No piensan que otros vendrán a beber a este lago… ¿y qué beberán? La mayoría de los que vienen para conversar con un Maestro vierten sobre él todo lo indeseable que recogieron durante su existencia, y es el Maestro el que debe después lavarse para liberarse de estas impurezas o transformarlas, lo que constituye para El un trabajo suplementario. Y si un Maestro se ve obligado a limpiarse, con mayor razón los demás hombres. ¡Ah! pero ellos no tienen necesidad de limpiarse… convivieron con todos los diablos y no se dan cuenta de que están cubiertos de manchas.

Pero dejemos este tema y volvamos a la lección que podemos sacar cada día de la comida. Cada ser es como una fruta u otro alimento del que no se debe guardar más que la parte digerible y sabrosa. Dios colocó una chispa en cada forma de amor más evolucionada, la más alta: saber unirse únicamente a la chispa divina de cada criatura para alimentarla. Si hacéis esto no tendréis necesidad de desconfiar, ni de perder el tiempo estudiándole antes de amarle, porque esta chispa es pura… Si se trata de la personalidad, es mejor conocerla antes de aceptarla, pero aceptad enseguida la chispa divina que brilla en cada ser y únicamente debéis entrar en contacto con esta chispa. Si no os conformáis con mirar solamente el lado exterior, podéis encontrar esta chispa incluso en los animales, las plantas y las piedras. Todos los seres poseen esta chispa en su interior, incluso los criminales, y si sabéis cómo despertarla, cómo reanimarla, podéis dirigiros a ella y comulgar con ella.

Un Iniciado no quiere mantener relaciones con la naturaleza inferior de los humanos, con su personalidad. Sabe que en los sótanos de una casa se encuentran ratones, moho, y que es mejor subir a los pisos superiores. Al contrario de las personas corrientes que no se interesan más que por los defectos de los demás e incluso se reúnen para hablar mal de ellos, un Iniciado busca la chispa divina oculta en todos los seres que encuentra, para unirla al Padre Celestial y a la Madre Divina… De este modo hace un trabajo sobre ellos y un día la luz visita a aquellos seres. He aquí cómo trabaja un Iniciado sobre sus discípulos: se ocupa de esta chispa divina que comienza a despertar, y por ello el discípulo ama a su Maestro, porque un Maestro se dirige a lo que hay de mejor en él.

Y vosotros haced lo mismo: cuando encontréis un ser humano, pensad en descubrir esta chispa escondida en él, su Yo sup erior, para ayudarle a crear un lazo con el Señor.

Los hombres y las mujeres pueden compararse a las frutas, ya os lo he dicho… Cuando os relacionáis con ellos, cuando les miráis, habláis o escucháis, es como si estuvierais saboreándoles. Pero, ¿qué hacéis la mayor parte del tiempo? Miráis sus vestidos, sus joyas, su rostro, no vais más lejos buscando la vida que está allí escondida, el espíritu, el alma. Y sin embargo, es esto lo que debiera interesaros. Pero no, os quedáis en el lado exterior y os decís: «¡Ah, esta chica, si pudiera acostarme con ella!» y le hacéis fotos. Pero, ¿qué es lo que habéis visto? Deseando satisfaceros, divertiros, visteis solamente la apariencia exterior: sus piernas, su pecho, su pequeña nariz graciosamente respingona…

Un Iniciado desea alimentarse también, pero busca la vida divina. Y cuando encuentra frutas o flores, es decir seres humanos que llevan esta vida en ellos, no se echa encima para devorarles, sino que se contenta admirando sus colores, sus formas, respirando su perfume, sus emanaciones, y se va feliz porque estas frutas y estas flores le han permitido acercarse al Cielo.

Si llegáis a comprender la nutrición, resolveréis todos los problemas, incluido el problema sexual. Sí, todos aquellos que decidieron no alimentarse más en este terreno, es decir, aquellos que huyen de los hombres y de las mujeres con el pretexto de ser castos y puros, mueren espiritualmente e incluso a veces físicamente. La cuestión está, pues, en «comer», pero es preciso saber qué comer y cómo comer.

El secreto reside en aprender a alimentarse con dosis homeopáticas, es decir, mirando, escuchando, respirando. Uno no debe dejar de alimentarse bajo el pretexto de convertirse en un santo y de conocer al Señor, pues entonces no conoce al Señor, ni nada, e incluso la vida se escapa y uno se queda sin impulso, sin inspiración, sin alegría. La santidad es una nutrición, mis queridos hermanos y hermanas, he aquí lo que comprendieron los Iniciados; y en lugar de absorber una comida pesada, impura, comen todo lo que es divino. En el campo de la sexualidad, los humanos son siempre extremistas: o se mueren de hambre, o se echan como locos a comer hasta la indigestión.

La solución la encontraréis cuando empecéis a estudiar la nutrición y las diferentes maneras de alimentarse en todos los planos. Comprenderéis que no se puede vivir sin comer y que incluso los Ángeles y el Señor tienen que comer. El Señor se nutre con las quintaesencias más sutiles de los árboles que plantó: sus criaturas. El Señor se alimenta, y tiene muy buena salud, ¡os lo puedo asegurar! Tiene buena salud porque sabe comer lo preciso, no absorbe ninguna impureza, todo lo impuro lo deja a los demás para que lo transformen antes de ofrecérselo nuevamente.

Me preguntáis cómo se puede saber si alguien se alimenta bien o no… Y, ¿cómo distinguís vosotros si un hombre es un mendigo que busca su comida en las basuras, o un príncipe cuya mesa está siempre cubierta con los platos más suculentos?… Ocurre lo mismo en el plano espiritual. Los Iniciados tienen un aire distinto al de los hombres normales, porque están bien «alimentados», mientras que los otros comen cualquier cosa.

Para mí, hay una manera de verlo: cuando veo a alguien que no tiene ninguna luz en el rostro, sé que está desnutrido. Diréis: «Sí, pero va a la Iglesia, da dinero a los pobres, baja los ojos cuando encuentra a una mujer…» Es posible, pero yo veo que interiormente come alimentos inadecuados. Mientras que si yo encuentro a un ser radiante, a pesar de lo que se me diga respecto a él, pienso: «¡Este tiene un secreto y yo quiero aprender este secreto, porque es una fuente que mana!» Alguien me dirá: «¡Pero yo le he visto mirar a las mujeres en la playa! » Esto no tiene ninguna importancia, lo que es importante es lo que él busca, lo que él ve.

Si un hombre se eleva hacia la Divinidad, maravillándose ante la belleza de las mujeres, ¿ por qué queréis impedírselo? «¡Pero un hombre puro, un santo no hace jamás esto, y hay que seguir las viejas reglas! —Ah, bueno, entonces vosotros, a pesar de vuestra pureza y santidad, ¿por qué seguís siendo tan débiles, apagados, y carecéis de impulso e inspiración? ¿Por qué creéis que con vuestra santidad no habéis logrado nada? Y, ¿por qué razón aquél, con su supuesta indecencia, ha alcanzado el Cielo y la luz?» Así pues, aquí hay algo que estudiar. Ved que las personas no saben pensar ni razonar.

Los intercambios son la base de la vida: intercambios con los alimentos, el agua, el aire, los seres humanos, pero también con todas las criaturas del universo, con los Ángeles, con Dios. Los intercambios no consisten solamente en nutrirse, comer y beber. Consisten en beber y comer, pero en todos los ámbitos, no únicamente en el plano físico. Así pues, cuando digo que la nutrición debe ocupar el primer lugar, hablo de la nutrición en todos los planos, de los intercambios que debemos hacer con las diferentes regiones del universo para alimentar todo en nosotros, desde nuestro cuerpo físico hasta nuestros cuerpos más sutiles. Si yo insisto frecuentemente sobre la necesidad de purificarse, tanto en el plano físico como en el psíquico, se debe a que la pureza restablece las comunicaciones, y una vez restablecidas, podemos recibir las corrientes de energía luminosa que circulan por el universo.

La oración, la meditación, la contemplación y el éxtasis son también una clase de nutrición, la mejor, la más sublime, pues saboreáis un alimento celeste: la ambrosía. Todas las religiones hablan del brebaje de la inmortalidad que los alquimistas llamaron el elixir de la vida inmortal. Y es verdad que se puede encontrar este elixir en el plano físico, pero con la condición de que sea buscado en las regiones más elevadas, en las más puras.

Cuando vamos a contemplar la salida del sol, es justamente para beber esta ambrosía que el sol distribuye por todas partes y de la cual las rocas, las plantas, los animales, los humanos y todas las criaturas recogen partículas. Además, las plantas son más inteligentes que los humanos: cada día se unen al sol para poder dar frutos. Mientras que los humanos duermen hasta el mediodía o van a ver la puesta de sol. En lugar de mirar lo que asciende, lo que se engrandece y expande, prefieren mirar lo que desciende, lo que cae, muere y desaparece. Y como existe una ley según la cual uno acaba pareciéndose a lo que mira, a lo que ama, entonces ellos también, interiormente, empiezan a debilitarse, a hundirse.

El sentido de la vida está oculto en la nutrición; lo descubriréis si procuráis no introducir en vosotros más que partículas puras, luminosas, quintaesencias celestes, eternas. Estas partículas las encontraréis en el sol. Por eso, cada mañana debéis concentraros en el sol e intentar respirar, absorber estas quintaesencias que distribuye. Veréis que mejorará vuestra salud, que vuestra inteligencia se hará más lúcida, que vuestro corazón se alegrará y vuestra voluntad se fortalecerá.

Me diréis que desde hace años vais a la salida del sol y que todavía no habéis sentido nada… Es porque no sabéis cómo hay que mirarlo. Es la forma de hacer las cosas, la intensidad de vuestro amor, de vuestro pensamiento lo que produce resultados, y no el tiempo que empleáis haciéndolo. Si hoyos sentís tan vivos, tan colmados, es simplemente porque habéis obtenido algunos sorbos de esta fuente inagotable que es el sol. ¿Cuesta tanto comprenderlo?

El sol es un alimento, mis queridos hermanos y hermanas, no lo olvidéis jamás, y el mejor de los alimentos. ¿Por qué limitarse a los elementos de la tierra, del agua y del aire? Es preciso aprender a alimentarse con el fuego, con la luz. y es lo que hacemos a la salida del sol. Cuando Zoroastro preguntó a Ahura Mazda de qué se alimentaba el primer hombre, Ahura Mazda le contestó: «Comía fuego y bebía luz». Es decir, los rayos y la vida del sol gracias a los cuales pueden comprenderse todos los misterios del universo.

Y si ahora os digo que las leyes de la nutrición son idénticas a las de la concepción, os sorprenderéis de nuevo, pues no veis relación alguna entre ambas cosas. En realidad, la correspondencia existe: desde que empezáis a comer, creáis las condiciones para el nacimiento de pensamientos, sentimientos y actos. Si no comiérais, ¿qué podríais hacer? De la misma manera que el estado del padre y de la madre durante la concepción determina el destino del niño que va a nacer, asimismo el estado en el cual coméis determina la naturaleza de vuestra actividad física y psíquica… Con cada bocado que tomáis se produce una concepción. Entonces, ¿en qué estado estáis en el momento en que realizáis esta concepción?

El alimento es el germen vivo que debe producir un niño, es decir, pensamientos, sentimientos y actos. ¿Qué fuerzas saldrán de esta unión? ¿Serán estos niños deformes, escuálidos y débiles a causa de la ignorancia del padre y de la madre? Vosotros sois el padre, puesto que sois vosotros quienes dais el alimento; la madre, es vuestro cuerpo físico. Si el padre y la madre no están atentos, si no son inteligentes y razonables, los resultados serán catastróficos.

Cuando coméis en un estado de perturbación, de cólera o de descontento y luego os vais a trabajar, os sentís febriles, con unas vibraciones desordenadas que transmitís a todo lo que hacéis. Incluso, si intentáis dar una impresión de calma y de control, se desprende de vosotros algo agitado y tenso… Mientras que si habéis comido en un estado armónica, este estado se mantiene y aunque durante todo el día os veáis obligados a correr de un lado para otro, sentís en vosotros una paz que vuestra actividad no puede destruir.

Así pues, no os sentéis a la mesa con preocupaciones, dejadlas a un lado, ya las recuperaréis si realmente lo consideráis necesario, y gracias a haber comido tranquilamente, resolveréis con mayor facilidad vuestros problemas. Lo repito, las comidas brindan la ocasión para realizar los mejores ejercicios espirituales. Así pues, comenzad primero por eliminar de vuestro espíritu todo lo que pueda impedir que comáis en condiciones de paz y armonía. Y si no lo conseguís enseguida, esperad el momento en que os calméis; si no, envenenaréis vuestra comida y después os encontraréis en un estado caótico, como resultado de vuestra defectuosa manera de comer.

Pero, ¿cómo hacer comprender a los humanos la importancia del estado en el que toman sus comidas, y principalmente el de ciertas parejas que se detestan, incluso en el momento en el que procrean un hijo, acto mucho más trascendental por sus consecuencias? No saben qué abominaciones están haciendo entrar en el niño que va a nacer; más tarde este niño sufrirá y envenenará a su vez su medio ambiente.

La nutrición es una forma de concepción, y el amor es una forma de nutrición. Sabed que el Cielo os hace responsables de lo que pongáis en el alma y en el corazón de vuestra pareja. Lo demás no importa tanto. Si besáis a vuestro bien amado cuando sois desgraciados para consolaros cuando estáis deprimidos, como ocurre frecuentemente, pues bien, eso es criminal, porque le dais toda vuestra suciedad. Es preciso que no elijáis ese momento. Amad a quien queráis, besad a quien queráis, pero después de haber derramado lo mejor de vuestro corazón y de vuestra alma, lo más luminoso que poseéis para darlo al ser que amáis. Sólo en estas condiciones el Cielo no os condenará. Si los humanos os ven quizás os condenen, pero el Cielo os aplaudirá.

Después de nueve meses pasados en el seno de su madre, cuando el niño nace, se corta su cordón umbilical y entonces el niño se alimenta a sí mismo de forma independiente. Sin embargo, incluso fuera del seno de su madre, el ser humano está aún en el seno de otra madre, la Naturaleza, y se alimenta a través de otro cordón umbilical, el plexo solar. En la India, en la China y en el Japón existen técnicas muy antiguas para aprender a alimentarse por el plexo solar… Os gustaría conocerlas… pero, ¿qué haríais con ellas si no sois aún capaces de tomar vuestro alimento según las reglas que os he dado?

¿Cómo no sentirse embargado de admiración ante esta Inteligencia divina que lo ha dispuesto todo tan maravillosamente? Se comen algunas frutas y he aquí que esta comida una vez digerida y asimilada contribuye a la vida de todo el organismo. ¿Cuál es esta Inteligencia, capaz de aportar a cada órgano de nuestro cuerpo lo que necesita para que podamos continuar viviendo? Gracias a este alimento vamos a continuar viendo, oyendo, respirando, saboreando, tocando, hablando, cantando, caminando. Y asimismo nuestros cabellos, nuestras uñas, nuestros dientes, nuestra piel, etc… van a recibir su alimento para seguir desarrollándose.

Sí, ¿cómo no sentirse embargado de emoción ante esta Inteligencia? De ahora en adelante, debéis pensar más en ella, intentar descubrirla, uniros a ella, darle las gracias, e incluso, a veces, pedirle autorización para asistir al trabajo que se hace en la naturaleza. Sí, pues el día que estéis preparados, os aceptará en sus innumerables talleres para enseñaros cómo trabaja en vosotros mismos o en las entrañas de la tierra, allí donde se forman los minerales, los metales, los cristales, las piedras preciosas… y en aquel momento haréis verdaderos descubrimientos.

¿Cuál creéis que es el origen de la Ciencia Iniciática? Nos ha sido dada por seres que habían desarrollado ciertas facultades de desdoblamiento, lo que les permitió ir a visitar el interior de la tierra y de los océanos, así como el resto de los planetas e incluso el sol, donde pudieron observar toda una vida inimaginable para los humanos: una tierra poblada por las criaturas más evolucionadas y luminosas. Pues lo que los Salmos llaman «Aretz ha Haïm: la Tierra de los Vivos», es el sol.

Así pues, estos espíritus tan evolucionados que han visitado todas las regiones del universo, pobladas de innumerables criaturas, nos dejaron como herencia la Ciencia Iniciática, y es esta Ciencia la que ahora os presento. Para tranquilizaros os diré que aún sé muy poco de ella, aunque espero un día saber mucho más. Pero, por favor, ¡no me pidáis que abandone esta esperanza!

 

FUENTE: Capítulo XI  del libro de Omraam Mikhaël Ïvanhov “EL YOGA DE LA NUTRICIÓN”

Ediciones PROSVETA – www.prosveta.com

 

 

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