Anuncios
conocimiento

CÓMO LIBERARSE DE UNA CARGA

«La liberación de la carga consiste en el abandono del egoísmo desde tu interior, para colocar en su lugar el más puro amor. Emprende tu tarea con amor en tu corazón y la realizarás con satisfacción y felicidad.»

ESCUCHA…

 

 

 


LEE…

 

Para mí, esto es la vida;
si ésta se convierte en una carga, me uniré a ella para convertirla en la carga de una canción.

BAILEY

Todos dicen: es glorioso ganar una batalla.
Pues yo digo que es igual de glorioso perderla.
¡Las batallas se pierden con el mismo espíritu que se ganan!

WALT WHITMAN

 

page48image13415168

Hemos oído y leído mucho sobre tener que soportar una carga, pero se ha oído y se ha leído muy poco sobre la mejor manera de liberarse de ella. ¿Por qué tienes que cargar un peso que te oprime el corazón, cuando puedes librarte de él y vivir sin tensiones y con buen humor? Ningún hombre lleva una carga sobre sus hombros más que cuando tiene que transportar algo de un lugar a otro. Nadie desea llevar sobre sus hombros una carga perpetua y considerarse un mártir por todo lo que sufre. ¿Por qué tendrías tú que imponer a tu mente una carga inútil y después añadir a ese peso las desgracias de tu baja autoestima y de la lástima por ti mismo? ¿Por qué no soltar tanto tu carga como tus infortunios y contribuir a la alegría del mundo, siendo tú feliz antes que nada? Ninguna razón puede justificar que soportes eternamente una penosa carga. Así como en el aspecto material una carga sólo se lleva para trasladarla de un lugar a otro y nunca es motivo de sufrimiento, también en el aspecto espiritual una carga sólo debe ser un medio para llegar al justo y necesario objetivo final, y, cuando éste se alcance, se debe soltar. De ese modo, el hecho de llevar un peso, lejos de ser una fuente de dolor, se convierte en un motivo de alegría.

Nos parece que los sufrimientos corporales que algunos ascetas religiosos se infligen a sí mismos son inútiles e innecesarios. ¿No es también innecesario e inútil el sufrimiento mental que tantas personas se infligen a sí mismas?

¿Dónde está la carga que causa infelicidad o dolor? No existe. Si tienes que hacer algo, hazlo con alegría, sin quejarte ni lamentarte para tus adentros. La mayor sabiduría es abrazar la necesidad como si fuera una amiga y una guía. Es absurdo fruncir el ceño a la necesidad como si fuera nuestra enemiga y tratar de someterla o evitarla. En todo momento, nos encontramos con nuestras propias cargas. Los deberes sólo se convierten en cargas opresivas cuando nos negamos a reconocerlos y abrazarlos. El que hace cualquier tarea necesaria con un espíritu ruin y siempre se queja, persiguiendo placeres innecesarios, se flagela a sí mismo con los escorpiones de la desdicha y la decepción, y se impone una doble carga de desaliento e inquietud por la que no deja de lamentarse.

Despierta a cosas mejores.

Despliega abiertas tus alas para alcanzar las alturas; vuelve a hacer tuyo el salmo de la vida; alaba todo lo bueno, exalta todo lo que es verdad; aclama la victoria total sobre el mal. Crea una canción más rica, una canción más dulce; con todas las dudas, las preocupaciones y el dolor compón un estribillo alegre y entusiasta. Con tus espinas teje una corona de raro regocijo. Empieza tu canto ahora: «Con una actitud alegre y generosa, pondré toda mi atención y me concentraré completamente en hacer todas las cosas que establecen mi pacto con la vida, y, aunque tenga responsabilidades colosales, eliminaré de mi conciencia cualquier pensamiento que pueda relacionarlas con un peso molesto o con una carga dolorosa.»

Cuando declaras que algo (un deber, una relación o una obligación social) te molesta y que es agobiante, te resignas a la opresión con este pensamiento: «Me he metido en esto y voy a llevarlo a cabo, pero es un trabajo pesado y penoso». Pero, ¿es realmente tan agobiante o es tu egoísmo lo que te ahoga? Te diré que eso que tú consideras una gran restricción, es la primera puerta hacia tu emancipación; que el trabajo que consideras una maldición perpetua, lleva en sí mismo la verdadera felicidad para ti, la cual tú crees que puedes encontrar en otra dirección inaccesible. Todas las cosas son espejos en los que te ves reflejado, y, el pesimismo que percibes en tu trabajo, no es sino un reflejo del estado mental que tú mismo estás generando. ¡Adopta una actitud correcta y generosa, entregándote de corazón a lo que estás haciendo, y observa los resultados! De inmediato, ese pesimismo se transformará para convertirse en un instrumento de fuerza y de bendiciones, y será un reflejo de lo que estés aportando. Si tienes el ceño fruncido al mirarte en el espejo, ¿te quejarías de que éste te devolviera un rostro deforme, o cambiarías tu expresión para percibir una impresión más agradable?

Si es correcto y necesario que algo deba hacerse, entonces está bien llevarlo a cabo. Sólo puede convertir- se en una carga si existe el deseo de no realizarlo. El deseo egoísta hace que esta acción parezca mala. Si lo que se está haciendo no es correcto ni necesario y sólo se hace para obtener algún codiciado placer, resulta una insensatez que sólo puede conducir a situaciones agobiantes.

El deber que estás eludiendo es tu ángel reprobatorio; el placer que persigues, es tu enemigo lisonjero. ¡Insensato! ¿Cuándo cambiarás y adquirirás sabiduría?

Ésta es la beneficencia del universo, que está por todas partes y que, en todo momento, alienta a sus criaturas para que encuentren la sabiduría, mientras exige coherencia a sus átomos. Es bueno que la insensatez y el egoísmo impliquen sufrimiento en grados de intensidad cada vez mayores, ya que la agonía es el enemigo de la apatía y el heraldo de la sabiduría.

¿Qué es doloroso? ¿Qué es grave? ¿Qué es pesado? La pasión es dolorosa, la insensatez es grave y el egoísmo es pesado.

Es la oscura idolatría del ego,
la que, cuando nuestros pensamientos
y acciones se materializan,
exige al hombre que llore, que sangre y que se aflija.

Elimina la pasión, la locura y el egoísmo de tu mente y de tu conducta, y eliminarás el sufrimiento de tu vida.

La liberación de la carga consiste en el abandono del egoísmo desde tu interior, para colocar en su lugar el más puro amor. Emprende tu tarea con amor en tu corazón y la realizarás con satisfacción y felicidad.

La mente, a través de la ignorancia, crea sus propias cargas e inflige sus propias penas. Nadie está condenado a soportar ninguna carga. El dolor no es impuesto arbi- trariamente. Las cargas nos las creamos nosotros mismos. La razón es el legítimo monarca de la mente y la anarquía se impone en el reino espiritual cuando su trono es usur- pado por la pasión. Si damos prioridad al placer, la pesadumbre y la angustia nos acompañarán sin remedio. Tú eres libre de elegir. Si te sientes atado a la pasión y crees que estás desvalido, es porque te has atado tú mismo y no es verdad que estés desvalido. No importa cómo te hayas atado, siempre te podrás desatar. Has llegado a tu actual estado poco a poco, así que puedes recuperarte de la mis- ma forma; puedes recobrar la razón y destronar a la pasión. El momento de evitar el mal se encuentra antes de dejarse dominar por el placer pero, una vez que éste te haya seducido, sus consecuencias te ofrecerán sabiduría. El momento de decidir es antes de asumir responsabilidades pero, una vez asumidas, todas las consideraciones egoístas con sus correspondientes quejas, penas y lamentaciones, deberán desterrarse del corazón automática- mente. Las responsabilidades pierden su peso cuando se llevan con amor y sabiduría.

¿Qué pesada carga puede soportar un hombre que no se vuelva más pesada e insoportable si se le añaden pensamientos débiles de deseos egoístas? Si tu situación se está poniendo «complicada», es porque la necesitas y porque puedes desarrollar la fuerza para encontrar la solución. Tu situación se está volviendo complicada porque existe algún punto débil dentro de ti. Y continuará siendo complicada hasta que llegue el momento en que puedas erradicarla. Alégrate de tener la oportunidad de hacerte más fuerte y más sabio. Ninguna situación puede ser complicada para la sabiduría; nada puede desgastar el amor. Deja de obsesionarte con tus difíciles circunstancias y contempla la vida de las personas que están a tu alrededor.

Éste es el caso de una mujer con familia numerosa que tiene que hacer grandes malabares con el dinero todas las semanas. Realiza todas sus tareas domésticas, lava la ropa, encuentra tiempo para atender a sus vecinos enfermos, y logra mantenerse completamente alejada de sus dos principales problemas: las deudas y el abatimiento. Parece animada desde el amanecer hasta el ocaso y nunca se lamenta de sus «difíciles circunstancias». Vive en una alegría constante porque es generosa. Es feliz porque piensa que es el medio de felicidad de otras personas. No piensa en las cosas que no tiene, como las vacaciones, las prendas bonitas, las horas de asueto de las que se ha privado, las obras de teatro que no puede ver, la música que no puede escuchar, los libros que no puede leer, las fiestas a las que no puede asistir, las cosas buenas que está dejando de hacer, las amistades que no puede cultivar y los muchos placeres que podría disfrutar si sus circunstancias fueran más favorables. Si lo hiciera, se convertiría en una criatura desgraciada y su trabajo sería una carga insoportable. Cada una de sus pequeñas tareas domésticas pendería de su cuello como una pesada carga, arrastrándola a la tumba y, a no ser que cambiara su actitud mental, ¡rápidamente moriría por el egoísmo! Pero, al no vivir en vanos deseos para sí misma, se libera de todas las cargas y es feliz. La alegría y la generosidad son amigas comprometidas. El amor no conoce ningún trabajo pesado.

Aquí te muestro el ejemplo de otra mujer que cuenta con unos ingresos más que suficientes para cubrir sus necesidades y permitirse lujos y diversiones. Sin embargo, el placer y el dinero hacen que pierda parte de su tiempo y evada ciertas obligaciones que desea evitar y que podrían ser para ella un trabajo de servicio amoroso, o bien alberga en su corazón algún deseo insatisfecho. Constantemente está enojada y se siente infeliz, quejándose de sus «difíciles circunstancias». El descontento y el egoísmo son compañeros inseparables. El narcisismo no conoce ningún trabajo alegre.

De los dos conjuntos de circunstancias que se han descrito (y de casos tan opuestos está llena la vida), ¿cuáles son las condiciones «difíciles»? ¿No es acaso cierto que ninguna de las dos circunstancias es difícil y que ambas han sido bendecidas o maldecidas conforme a la medida de amor o de egoísmo que se les ha infundido? ¿Acaso la raíz de los problemas no se encuentra en lo recóndito de la mente del individuo y no en sus circunstancias?

Cuando un hombre que ha estudiado alguna rama de la teología, de la religión o del «ocultismo», dice: «Si no me hubiera echado encima la carga de una esposa y una familia, habría realizado un gran trabajo; y, si hubiera sabido hace años lo que ahora sé, nunca me habría casado», se puede apreciar que ese hombre aún no ha encontrado el camino más directo y más amplio hacia la sabiduría (ya que no existe insensatez mayor que la de lamentarse) y que también es incapaz de realizar ese gran trabajo que tanto ambiciona. Si un hombre siente un amor tan profundo por sus semejantes, que está ansioso por consumar un gran trabajo para la humanidad, manifestará ese sublime amor siempre y en el lugar donde se encuentre a cada momento. Su casa estará llena de ese amor y le seguirá, a cualquier parte que vaya, la belleza, la dulzura y la paz de su corazón generoso, haciendo felices a sus seres queridos y convirtiendo en bueno todo lo que toque. El amor que sale al exterior sólo para airearse y que en el hogar nadie conoce, no es amor de verdad; es tan sólo vanidad.

He podido observar (¡un panorama muy lamentable!) los hogares sin alegría y los niños abandonados de los misioneros y religiosos que han perdido el rumbo. En ese tipo de autoengaño se encierra la lástima por nosotros mismos y el automartirio. Y los ilusos consideran que ese autoinfligido sufrimiento es una carga sagrada y religiosa que deben asumir.

Sólo un gran hombre puede hacer una gran labor. Y será grande dondequiera que esté, y hará su noble labor en cualquier circunstancia en la que pueda encontrarse, al desarrollar y manifestar ese trabajo.

Tú que estás tan ansioso por trabajar para la humanidad, por ayudar a los demás, empieza ese trabajo en casa; ayúdate a ti mismo, a tu vecino, a tu esposa, a tu hijo. No te engañes. Hasta que no lo hagas con extrema devoción, hasta que no apoyes aquello que tienes cerca y es pequeño, no podrás llegar a lo grande y lejano.

Si un hombre ha vivido muchos años de su vida en la lujuria y en el placer egoísta, en el orden de las cosas está escrito que sus errores acumulados lleguen a ser un gran peso para él, ya que, hasta que esto no suceda, no los abandonará y no se esforzará por encontrar una mejor vida. Pero, mientras considere que las cargas que él mismo ha creado y que él mismo se ha impuesto son «sagradas cruces» que el Ser Supremo le ha asignado, que son signos de una virtud superior o que constituyen cargas que el Destino, las circunstancias u otras personas han colocado sobre él inmerecida e injustamente, lo único que hace es agrandar su insensatez, aumentar el peso de sus cargas y multiplicar sus dolores y sufrimientos. Sólo cuando este hombre se despierte a la evidencia de que sus cargas son su propia creación, que representan los efectos acumulados de sus propios actos, dejará de sentir esa compasión cobarde por sí mismo, para encontrar la mejor manera de deshacerse de esas cargas. Sólo cuando abra sus ojos para ver que cada uno de sus pensamientos y de sus acciones es otro ladrillo, otra piedra, que se suma al templo de su vida, podrá desarrollar el discernimiento que le permita comprender que su propia obra es inestable, que él ha sido un cobarde y no ha querido reconocerlo. Sólo así podrá encontrar el valor necesario para construir su tem- plo de un modo más noble y perdurable.

Las dolorosas cargas son necesarias, pero sólo mien- tras carecemos de amor y de sabiduría.

El Templo de las Bendiciones se encuentra más allá de los atrios externos del sufrimiento y de la humillación y, para llegar a él, el peregrino debe atravesarlos. Durante un tiempo permanecerá ahí, pero sólo mientras, debido a su propia imperfección, lo confunda con el atrio interno. Mientras se compadezca a sí mismo y confunda el sufri- miento con la santidad, seguirá sufriendo. Pero cuando se despoje del último andrajo sacrílego de la autocompasión, percibirá que el sufrimiento es un medio y no un fin; que no es más que una situación que él mismo ha originado y ha propagado y, entonces, regenerado y justo, atravesará con rapidez los atrios externos para alcanzar la morada interior de la paz.

El sufrimiento no se origina en lo perfecto, sino en lo imperfecto. No revela lo que es completo, sino lo que es incompleto. Por lo tanto, se puede superar. Podemos encontrar su autoengendrada causa, investigarla, comprenderla y eliminarla para siempre.

Por lo tanto, es verdad que debemos atravesar la ago- nía para poder descansar, que debemos pasar por la sole- dad para alcanzar la paz. Pero la persona que sufre no debe olvidar que es sólo un cruce «de paso»; que la agonía es una puerta y no una habitación; que la soledad es un sendero y no un destino; y que, un poco más allá, se encuentra el reposo lleno de dicha donde no existe el dolor.

La carga se va acumulando poco a poco; su peso va aumentando de manera imperceptible y gradual. Un impulso irreflexivo, una grave autoindulgencia, una pasión ciega que cede el paso a la complacencia una y otra vez, un pensamiento impuro, una palabra cruel, una insensatez repetida y, finalmente, todo el peso de tantos errores se hace insoportable. Al principio y, durante un tiempo, el peso no se siente. Pero, como aumenta día tras día, llega el momento en que la carga acumulada resulta intolerable, en que empiezan a cosecharse los amargos frutos del egoísmo y el corazón se derrumba por el sufrimiento de la vida. Cuando llega este momento, el que sufre debe encontrarse a sí mismo. Debe buscar la bendi- ta manera de deshacerse de la carga, sabiendo que encon- trará la sabiduría necesaria para vivir mejor, la pureza ele- mental para vivir con más benevolencia, el amor esencial para vivir con más nobleza. Y descubrirá que, cuando invierta las conductas por las que se acumularon sus car- gas, vendrán noches y días alegres, grandes satisfacciones y una dicha en la que no habrá carga alguna.

Sal de este mundo, elévate por encima,

sobre todas sus cruces y sepulcros;

aunque la verde tierra es justa y yo la amo,

debemos venerarla como amos y no como esclavos.

Sube donde el polvo no llega,

sino sólo el perfume de las flores.
Y tu vida estará llena de sorpresas
de las más bellas horas.

 

Capítulo 3 de su libro «Los caminos de la felicidad»
Sigue los capítulos narrados AQUÍ
Libros del autor: amzn.to/2UcGQsI
Más textos de James Allen narrados por Mi Voz Es Tu Voz AQUÍ

 


page60image12594432

Anuncios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: