CUANDO LA ORACIÓN NO FUNCIONA – Gregg Braden

«Al aplicar nuestro modelo de oración como pensamiento, sentimiento y emoción, veremos por qué funcionan nuestras oraciones y porqué no.»
Divulga Amor y Luz

«Al aplicar nuestro modelo de oración como pensamiento, sentimiento y emoción, veremos por qué funcionan nuestras oraciones y porqué no.»

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No hace mucho hice una encuesta informal entre los participantes de mis seminarios respecto a la oración. Utilicé los resultados para proporcionar un ejemplo actual de la naturaleza de la oración en ese tipo de audiencia en particular. Cada encuesta empezaba con la pregunta: «Cuando rezas, ¿qué pides?» Puse un tablón con las hojas y en él iba registrando los múltiples y variados escenarios que habían descrito los miembros de cada grupo.

Después de seis meses de aquellas encuestas informales, de públicos que eran una muestra representativa de distintos estratos sociales, étnicos, geográficos y de edad, pude definir cuatro propósitos para orar: para obtener más dinero, para conseguir un trabajo mejor, para tener buena salud y para mejorar las relaciones, exactamente en este orden.

Al aplicar nuestro modelo de oración como pensamiento, sentimiento y emoción, podemos averiguar por qué funcionan nuestras oraciones y qué sucede cuando no es así. Por ejemplo, a la cabeza de la lista, lo más normal era rezar por dinero. Si queremos rezar para conseguir «más dinero», primero hemos de ser conscientes de cuánto dinero tenemos. Si rellenamos los espacios en blanco a medida que nos desplazamos por la tabla hacia la derecha, obtendremos una visión sobre la cualidad de dichas percepciones.

Cuando les decía a los asistentes que pedían más dinero en sus oraciones que describieran sus pensamientos sobre él, las respuestas me llegaban desde todas las direcciones de la sala. Como cabía esperar, eran bastante similares. Frases como «no tengo bastante», «necesito más» y «se me está acabando» eran bastante frecuentes. Enseguida apunté las palabras que correspondían al apartado «pensamiento».

Antes hemos identificado el pensamiento como nuestro sistema de guía, el programa direccional para la energía que movemos en el mundo. Sin ese poder que alimenta a nuestro pensamiento, este podría existir indefinidamente como una posibilidad en nuestra mente. El potencial del pensamiento sin la energía que lo alimenta, es lo que conocemos como deseo. Para que nuestro pensamiento tenga fuerza, hemos de infundirle energía; quizás esta sea la respuesta a por qué nuestras oraciones a veces parecen no tener respuesta.

Cuando no está el poder que da vida a nuestras afirmaciones, éstas pueden existir indefinidamente como un potencial, como deseos bienintencionados.

Es nuestro don de la emoción el que confiere poder a la posibilidad de nuestro deseo. Al reconocer que podemos elegir amor o miedo como la emoción que alimenta a nuestro pensamiento, es más frecuente que basemos nuestra necesidad en el segundo.

Cuando decimos que «necesitamos más» o que se «nos está acabando», generalmente la emoción que está detrás de esas afirmaciones es el miedo. Aun reconociendo que puede haber excepciones, he puesto la palabra «miedo» a la cabeza de la categoría «emoción» en nuestro tablón.

Con estos elementos de la oración aparentemente simples, adquirimos una claridad tremenda acerca del mecanismo de cómo y por qué nuestras oraciones funcionan en el modo en que lo hacen.

Con los resultados de esa tabla delante, planteo la siguiente pregunta: cuando unimos la emoción del miedo con el pensamiento de «no tengo suficiente», ¿qué sentimiento obtenemos?

La respuesta suele ser el silencio. No me sorprende, porque el sentimiento es distinto para todos. La palabra que utilizamos para describir el sentimiento no es importante. Lo que importa es el sentimiento.

-¡Venga! -les vuelvo a preguntar-. ¿Cómo os sentís cuando pensáis que no tenéis dinero y experimentáis la emoción del miedo?

-¡Uf! -oigo exclamar desde algunas partes de la sala. -¡Fatal! -dice alguien.

-Justamente -respondo yo-. Ahí es precisamente adonde quiero llegar. – A través de nuestros sentimientos, de la unión invisible de pensamiento y emoción, escogemos las situaciones que condicionan nuestra vida. Cuando imaginamos un resultado con el ojo de nuestra mente y somos conscientes de la emoción que lo está alimentando, forjamos el sentimiento.

Para comprender lo que hemos creado, basta con mirar el mundo que nos rodea. ¿Cómo vamos a crear dinero, relaciones y salud si los sentimientos que alimentan a nuestra creación son «fatal» y «uf»? Los sentimientos de desvalorización alimentan precisamente la creación de esa experiencia contraria a la que deseamos tener en nuestra vida, el sentimiento de falta de autoestima.

Casi todas las personas presentes ya han escuchado los principios del ejercicio. Quizá lo que les resulte nuevo sea la oportunidad de poder comprender qué es lo que les había sucedido en el pasado cuando rezaban. Ahí es donde empieza nuestra sanación.

Al repasar juntos estos ejercicios, en menos de diez minutos, con la ayuda de un sencillo tablón para colgar hojas, es posible ilustrar el mecanismo de lo que puede que sea el poder más grande de la creación. ¡Es la dicha que surge de recordar nuestro poder para traer bienestar, abundancia, salud, seguridad y felicidad a nuestra vida, que se había perdido en Occidente hace mil quinientos años! Además de identificar cómo funciona nuestra tecnología interna de la oración, también tenemos que cambiar los elementos de nuestra oración para que nos sirvan mejor en el futuro.

Tras decir esto, inmediatamente se establece esta comprensión entre los participantes. Oigo un suspiro, luego otro y otro. Cada uno acentuado con brotes de risitas nerviosas, quizás en un esfuerzo para disipar la intensidad del momento. Al mirar los rostros de los asistentes, tengo el privilegio de contemplar el inicio del milagro.

GREGG BRADEN

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