LA VOZ DE LOS MAESTROS: ¡QUE VIENE EL COCO! – Helena e Isabel Vilà

«¡Que viene el Coco! Esta expresión, ahora me hace gracia, pero cuando era pequeña según cómo me lo decían y cuándo, me aterrorizaba.»
Divulga Amor y Luz

«Esta expresión ahora me hace gracia, pero cuando era pequeña según cómo me lo decían y cuándo, me aterrorizaba.»

ESCUCHA…

 

 


LEE…

 

«¡Que viene el Coco!»

Esta expresión ahora me hace gracia, pero cuando era pequeña según cómo me lo decían y cuándo, me aterrorizaba.

Ahora, adulta ya y con conocimiento de causa, lo miro desde otra perspectiva, lo veo casi como una broma pesada, infantil, engañosa para los niños, criaturas aún sin el suficiente conocimiento para ver que eso no son más que cuentos de yayos.

Amenazas pueriles que pretenden hacer de los niños unas personitas temerosas y débiles que actúan, no por lo que sienten o piensan, sino bajo la amenaza de “un coco que se los llevará”… ¡vaya usted a saber adónde!

Los mayores nos han hecho vivir ese «miedo al coco» a casi todos y, cuando crecemos, nos parece que eso del coco es cosa de niños, que se utiliza para dominar y hacer callar al niño en relación a la conducta que sea.

En lugar de decirle al niño: «No hagas eso por esto, esto y esto», y «si lo haces puedes tener estas, estas y estas consecuencias perjudiciales para tu salud o tu educación y no te relacionarás sanamente con otras personas mayores o amiguitos», ¡PUES NO! Se ataja diciéndole: «Si sigues haciendo eso o no haces lo otro, vendrá el coco y te comerá». Y el niño, aterrado, deja de hacer eso o lo otro, no porque entienda las consecuencias de su conducta, sino porque le han dicho «que el coco se lo comerá».

Y aunque parezca una tontería, esa fórmula de no hacer que el niño comprenda y reflexione sobre las consecuencias de su conducta, en verdad, le corta de cuajo esa oportunidad, esa verdadera educación que parte de la coherencia y le enseña al niño a pensar y a discernir.

¡No! Esa posibilidad de usar el discernimiento se le amputa de golpe con ese hachazo de: «si lo haces o no dejas de hacerlo, el coco te comerá», y el niño ya no piensa por qué ni cuál es la razón de ese aviso, porque no es un aviso educativo, es una flagrante y vil amenaza.

Y así crecemos todos, con esa semilla plantada en nuestro interior y, cuando esa semilla de la amenaza a todo aquello que no cumple la expectativa de tus mayores poco a poco crece en nosotros, nuestra Raíz, nuestra Verdadera Naturaleza de seres libres y pensantes, se va secando cada vez más y, aunque no acabe de desaparecer, es ese algo, esa Raíz seca, la que muchas veces no acabamos por arrancar definitivamente y cuya semilla del desconocimiento, sometida y de poco criterio, se va haciendo cada vez más grande y va ocupando en nosotros más y más espacio.

Inconscientemente la vamos regando con el agua de las emociones compulsivas impregnadas de miedo y las abonamos con lo que otros, tan desnaturalizados como nosotros, nos dicen y nos confirman: «¡Si, ojo! ¡Hay que hacer esto o lo otro! Y no porque yo piense que es lo mejor para mí y los míos, es que sino vendrá (el coco) esto o lo otro y nos han dicho que saldremos muy perjudicados».

Es decir, a pesar de habernos hecho adultos, seguimos siendo niños asustadizos, no pensantes, actuamos no en pos de un pensamiento, un discernir del por qué tenemos que hacer eso que otros dicen que es lo mejor. Porque si fuera así, ¿por qué no me dan la oportunidad de formarme un criterio y a partir de él DECIDIR yo mismo lo que en verdad me conviene?

Miro a mi alrededor y veo a muchas personas que a pesar de la edad, la que sea, siguen siendo esos niños pequeños asustadizos que sólo responden al son de la amenaza y el miedo, que se han quedado vegetando en el infantilismo, se han vuelto perezosos, no quieren tomarse la molestia de VER en verdad qué es lo más conveniente para ellos. Y, si algunos se sienten bien con esas explicaciones e informaciones que reciben de sus gobernantes, que por lo menos sean conscientes de que hay niños que sí se han hecho adultos y ya no creen en el Coco.

Con mucho Amor,

LOS MAESTROS

 

Helena e Isabel Vilà

 
Más enseñanzas de «La Voz de los Maestros» narradas por Mi Voz Es Tu Voz  AQUÍ
Una única vez
Mensual
Anual

Haz una donación única

Haz una donación mensual

Haz una donación anual

Elige una cantidad

€11,00
€22,00
€55,00
€11,00
€22,00
€55,00
€111,00
€222,00
€555,00

O introduce un monto personalizado


¡Mil gracias por tu generosa colaboración!

¡Mil gracias por tu generosa colaboración!

¡Mil gracias por tu generosa colaboración!

DonarDonar mensualmenteDonar anualmente