LA SENDA DE LAS ESTRELLAS – Ep. 6: «Una carta al león que hay en ti»

«¡Que el cordero y el león que se agitan en nuestro Corazón sean uno y podamos compartir nuestra alegría!»
Divulga Amor y Luz

«Una nueva serie escrita por Juan A. Sánchez de León y narrada por Mi Voz Es Tu Voz. ¡Disfruta de La Senda de las Estrellas!»

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LEE…

LEO

Queridos todos…  

Recorriendo la Senda de las Estrellas… en este episodio  nos encontramos frente a las luminarias de Leo…

¡Dirijo… pues… una carta al león que albergáis en vuestro Corazón!…

Y en particular… la dirijo a ti…

¿Acaso no se agita… en ocasiones… la fuerza del león en ti?… ¿No lo hace cuando la injusticia muestra su insolencia ante tu mirada?… ¿Cuándo te preguntas  acerca de la causa qué impide a la Humanidad experimentar su Luz para mostrar su condición de libre, honrada e inteligente?… ¡Que ya es una larga pesadilla la que nos lo impide!…

¡Despertemos de ella con un rugido rompedor! ¡Y poder afirmar todo aquello en lo que creemos!… ¡Y experimentar la vida en paz y libertad!…

¿Crees que el águila de la Humanidad puede dejar de volar?…

¿Pueden seguir sus alas siendo lastradas por la ignorancia?

¿Se podría apagar el fuego que arde en ti?  ¡No y mil veces no!…

¡Porque está en tu naturaleza ser luz y afirmarte en la Luz!…

La rebeldía… ¿ no bulle en ti ante la injusticia?…

¿No se remueve tu compasión por las  “causas perdidas” a causa de esa injusticia?…

¿No se vigorizan tus brazos tras afirmar decidido tu fe en la Luz?…

¿No sientes latir en tu Corazón la épica del mismo Rey Arturo?… 

¿No es tu fuerza… tu magia… la que extrae a Excalibur de las rocas que la Vida te pone por delante?… 

¿Y con énfasis alzas tu espada hacia el cielo… afirmando y proclamando la grandeza de la Humanidad?…

Y si eres hijo de Libra, de Piscis o Acuario…  no, no mires para otro lado,  ya que tu Alma mil veces ha pasado por las estrellas de Leo… y mil veces al día ruge la fuerza del león en ti… y otras tantas puede que la sofoques…

¡No lo hagas ahora!… ¡Que rompa los barrotes de la jaula donde lo encierras!…

Amiga, amigo mío… ¡sirva esta carta para afirmar tu grandeza!…

Para afirmar tu naturaleza solar e identificarte  con todo cuanto de glorioso se halla en ti…

¡No… no la ocultes!… ¡que el Fuego Solar no sea tan solo privativo de los presuntuosos hijos de Leo… que ese inextinguible Fuego  también es una zarza ardiente en el quinto pétalo del Corazón de todo hijo del Sol!…

Así… ¡ea!… seas quien seas y sea el signo que te bendiga… ¡siente hoy el león en ti!…

¡Cuando abras tu Corazón afírmate en lo mejor de ti!… ¡vierte la esencia de tu propio Fuego!…

Y que el Fuego ¡selle, lacre y afirme tu identidad como hijo de la Humanidad y, por tanto,   la de un dios encarnado!…

Y así,  al elevar tu mirada al cielo… al identificarte con cuanto se glorifica en Él…  puedas afirmar… ¡“Yo soy Aquello y Aquello soy yo”!

Permítete observarte desde tu Hogar en el Elíseo… ¡Que épica la tuya!… ¡Que magnifico eres!…

Así… en tu Hogar… visualiza un altar en el que se confundan el lino blanco de un mantel… el triple cáliz dorado de tu Corazón…  las invisibles paredes de luz angélica… y las vestiduras blancas de tu Alma…

¿Allá en lo alto…  no es el Sol Quien oficia y bendice la ceremonia de tu vida?…

¡Qué grandeza!… ¡Qué mágico ritual cuando elevas lo mejor de ti hacia  Él!… ¡Gloria al Sol!… ¡Gloria al Padre Atón-Rá!…

Pero prosigamos con la carta… una carta no tan solo escrita para ti… que  también necesito poner voz a mis reflexiones…

Hazme un hueco en el sofá de las confidencias… ¡leámosla al calor de la  amistad!… ¡Léela tú por mí… que de tu voz oigo yo mi propia voz!…

¿Cuántas veces y siguiendo la hoja de ruta de mi alma he sido como un espejo en el que se reflejaron  las estrellas de Leo?… 

¿Cuántas veces me mostré altanero?… ¿No fue acaso mi ignorancia la que me hizo  ver grandes hazañas en lo que tan solo era un espejismo del engañoso tiempo?… 

¡Cuántas veces he brindado en honor de mi  mismo… y quizá en alguna ocasión lo siga haciendo todavía!… 

¿No fue  la fuerza solar la que me impulsó a no acatar más amo y señor que yo  mismo?…

¿No fueron tiempos en los que mis vestiduras parecían relucir espléndidas ante los hombres… pero en no pocas ocasiones un obstáculo para los proyectos de mi alma?…

¿No fui motivo de temor para quienes atreviéndose a poner en duda el valor de mi palabra sufrieron la acometida incontenible de mi ánimo?…

Hubo tiempos en los que no rechacé el fulgor de lo aparente…  ¡Cuánta   ignorancia la mía!…  pero con seguridad que, en otros, también supe sufrir y soportar el dolor cuando debía hacerlo… quizá unas veces por orgullo… otras por dignidad… y otras… quizá porque tal como el águila no puede dejar de ser águila… yo, hijo de Leo, no podía dejar de ser león…

Tiempos en los que afirmé lo que creía ser… y no necesitando más argumentos y creencias…

Me afirmé  en todo aquello que las almas decididas  se afirman y si había que ordenar… ¡pues ordené!… y si la Vida me obligó a  saber obedecer… más tarde que pronto aprendí y hube de hacerlo…

Pero eso sí… ¡y bien lo sé… amigo mío!…   sí  había que sacrificarse me sacrifiqué… aunque en ocasiones ¡ah, maldición!… ¡esa fuerza también fue motivo de sacrificio para otros!…

Tiempos en los que… yo así lo asumo…  mi palabra fue ley… mi gesto un mandato… y mi mirada una sentencia…

Pero no… ¡hoy ya no!… Porque contemplando la Luz desde este sofá de confidencias… deseo que mis palabras sean como una espada… como un símbolo de compasión y de amor…  ¡Que se eleve hacia lo alto buscando  contactar con los espacios infinitos y no buscando la tierra para saciar su sed de sangre!…

Y si hay que sacrificar… ¡ah, las dudas!…  sacrifiquemos a esas descreídas hijas de la mente… ¡sacrifiquémoslas  en el “altar de la nada”!…

Y aligerar mi equipaje de todo pasado y del apetito de futuro… que las ropas que sirvieron a mi alma para rodearse de materia se consuman…

Y vestido así… con la desnudez de la pureza… ¿Crees… amigo mío… que puedo presentarme ante el Sol que preside el altar de mi Corazón?…  

¿Y elevar ante Él mi cáliz y ofrecerlo a los dioses de Virgo para que en él sea vertida la promesa  del pequeño Cristo que duerme en mi Corazón?… Un pequeño Cristo que abra sus ojos por los tiempos de Capricornio…

Y siendo así… permitámonos conjurar a la Luz…

¡Que se ilumine nuestro Corazón de Ella!… ¡Que el “Fuego de la Afirmación” decore la cuna del Cristo en ti… en mí… ¡Que se cumpla el nuevo tiempo para la Humanidad!… ¡Que toda profecía y todo misterio… sea revelado!

Queridos amigos todos…

Concluyendo esta carta no puedo evitar… confidencialmente… confesaros que  me asalta la necesidad de despojarme de toda armadura…

¡Quiero que todos nos unamos en el ya llegado nuevo tiempo en el que no precisemos vestirnos sino de ropas ligeras…  y que sobre nuestro pecho ya no se  agite  un  león amenazante… ¡no!… ¡Que una chispa de la Luz del Corazón sea suficiente para ser identificado!…

¡Pues sea!… ¡Que el cordero y el león que se agitan en nuestro Corazón sean uno!…

¡Porque  quiero compartir vuestra alegría!…

¡Porqué quiero que todos seamos  envueltos por la nueva Luz con la que nos bendice la Vía Láctea!…

Sencillamente… ¡Porque quiero compartir la gloria que aguarda a la  Humanidad!

¡Que así lo deseo… escribo…  y así se cumpla!…

Fraternalmente,

Juan…

JUAN ANTONIO SÁNCHEZ DE LEÓN

www.lasendadefuego.com/

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