LA SENDA DE LAS ESTRELLAS – Ep. 9: «Héroe de corazón»

«Acaso, y en momentos de desaliento, ¿no ha reverdecido inesperadamente las hojas de laurel que ciñen tu frente de héroe?»
Divulga Amor y Luz

«Acaso, y en momentos de desaliento, ¿no ha reverdecido inesperadamente las hojas de laurel que ciñen tu frente de héroe?»

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ESCORPIO

Como peregrinos en la “Senda de las Estrellas”… nos encontramos en presencia de los dioses de Escorpio…

¡Saludémoslos  con un pensamiento del gran Marco Aurelio!…

“Un hombre no debería tener miedo a la muerte…

¡¡debería tener miedo a nunca comenzar a vivir!!”…

Si la caricia del viento deja un susurro en tus oídos… quizá sea la voz del Oculto la que viaje en él…

Si abre el Sol el escenario de su amanecer…  y sientes recobrar la vida… es que estas hecho de Él… ¡que eres un rayo de Su Luz!…

Y si al contemplar la Vida sabes y  sientes que eres ajeno al tiempo… ¡Es  tu  conversación con Él!…

Una conversación que solo las palabras de silencio pueden pronunciar…

¡Y cierto es que la Luz habla en el lenguaje de la Luz!…

Y tú… siendo Luz… ¿Qué puede impedir que vueles desde la epopeya de tu vida a la épica eterna de tu Alma?…

¡Vuela pues!… ¡Siéntete  en esa épica!…

¡Y sé la sacerdotisa  que de su  voz brotan los divinos augurios!…

¡Sé el héroe que ocultas tras una máscara y un escudo te protege en la batalla de la Vida!… Máscara que abrillantas con tu Luz para que luzca como una estrella… pero adviértele acerca de que su belleza le viene de ti… tal como las estrellas saben que son la máscara del Oculto…

Que la máscara crea ser una divina augur o un audaz Ulises en ti… pero sepa que solo tu protagonizas la épica de tu Alma!…

¡Ah, máscaras, escudos!… “egos” que creen ser tú y ciertamente te son de utilidad…

Dales las gracias por ello… son hijos tuyos… los crea tu vibración… pero bueno será que sepan que tú las creas y que a ti sirven…

¡Y qué paz sientes cuando después de la batalla te desvistes de ellos y reposas en la tienda y todo se aquieta en ti!…

Rebusca dentro de ti… ¿Acaso no es de mayor antigüedad tu “Valor” que el  de los héroes cantados por los poetas griegos?…

Acaso el valor con el navegas por el mar de la Vida… ¿No lo alienta el fuego de tu Alma?…

Y tus palabras… ¿No surgen tus más sentidas y profundas cuando las impulsa  Su vigor?…

¡Pues ea!… ¡Que sea tu Alma el trovador que cante audacia de tu epopeya!…

¡Que eres  un héroe de ánimo esforzado que navega para hallarse ante los muros de la simbólica Troya en ti y reclamar Luz!…

¡Naveguemos pues!… amigo, amiga mía…

Naveguemos impulsados por un aire de popa e hinchadas las velas de nuestra amistad… ¡que la brisa marina y las gaviotas acompañen  nuestra conversación!…

Convencido estoy de que tú eres la encarnación viva de la épica de tu Alma…

Acaso… cuando navegas en el profundo mar de tu vida… ¿no es  Ella quien  te habla?…

¿No es Ella la que te impulsa cuando no sopla el aire en tu vida… a remar con vigor?…

¡Y no, por favor!… ¡no compares tu valor!… porque siempre viajas  en los mares de ti mismo… viajas hacia el Sol de ti mismo y siempre… siempre… eres como un inmenso cosmos… como un mar profundo y por descubrir en el interior de ti mismo…

Acaso y en momentos de desaliento… ¿no ha reverdecido inesperadamente las hojas de laurel que ciñen tú frente de héroe?…

Y tú… Luz de tu Alma…  ¿No eres muestra de Su valor cuando  combates  con la desnudez de la humildad?…

Cuándo te atreves a renunciar a ti mismo en un acto silencioso… inadvertido y que quizá nadie acierta a comprender… o te obliga la Vida a poner a sus pies toda la supuesta dignidad de la “máscara” que guardas en la mochila del tiempo…

¿No te exige… en ocasiones… la renuncia a tu pequeña vida?…

¡Que reto para el héroe que eres!… tomar una decisión  crucial… seguir el camino de la tradición que recorres como hijo de hombre o romper con todo ello y emprender tu vuelo por la ruta que te marca lo más sagrado en ti!…

Y adelante… navegando siempre hacia ti mismo… hacia la simbólica Troya y, recordémoslo, reclamar tu Luz…

Pero… ¡ah, amigos todos!… cierto es que debemos mostrar valor ante el dragón que nos impide asaltar sus muros… pero las tres puertas de una bien construida muralla deben ser abatidas… y como que las hemos forjado con el hierro y la madera de la costumbre y el tiempo… la lucha ha de ser sin mascara… a cara descubierta y desnudas las manos… con el Corazón tan solo escudado en la humildad…

¡Y rendir honor a la gesta de cuantos hombres y mujeres que… anticipados en el tiempo… ya han combatido ante ellos…

¡Que todos esos Héroes te observan y alientan desde los mundos ocultos!…

¡Cerremos filas con Ellos!… que aun cuando hemos olvidado nuestra procedencia… ¡jamás el intuido motivo por el que combatir!…

¡Sea así!… ¡Cerremos filas en la falange de los trabajadores de la Luz!

Pero observa… ¿Cuántas veces te has aproximado a la “puerta del olvido”?…

¿No es una muestra de tu valor cuando arrojas a un lado tu escudo y avanzas decidido a pesar de las flechas de la ignorancia de ti mismo?…

¡Qué grande es tu valor al haber olvidado de dónde vienes… y seguir el impulso de tu corazonada y batallar!…

Luchar a pesar de sufrir por causas que no recuerdas…

Combatir para que se rasgue el velo de cuanto se oculta tras tus ensueños…

Batallar por la Luz… ¡siempre más Luz!…

Por desconocer cuál  es la causa de que… en ocasiones… una saeta pueda herirte… y curada tu herida… ¿No arremetes de nuevo contra la puerta del “olvido”?…

¡Ah, que gran desafío para ti… que eres el vivo retrato de tu Alma… y en ocasiones lo olvidas!…

¡Que desafío arrojar las armas del recuerdo y pelear a pecho descubierto!…

¿No es todo ello… una muestra de valor?

Y frente a la puerta de las “creencias”… ¿acaso ya no son las saetas sino los cantos de sirena los que te atraen desde el espejismo?…

¡Cantos de supuesta autoridad… con voz que exige obedecer ciegamente a quien se atribuye la voz de un dios!…

Cantos de  voces disfrazadas de religión y que el  tiempo va enterrando una tras otra… 

¿No proceden sus intérpretes de verdades supuestamente reveladas de gentes que aman, odian y sufren como tú?…

¿No extraen sus dogmas de páginas y libros ajados por el tiempo?

¿Cuántas veces has deseado viajar a paraísos de alejadas dimensiones y olvidando que tú ya estás en ellas?… y que tu pelea consiste no en ir a ellas sino que bajen a la Tierra a través de ti?…

¿No eres, acaso, un “Trabajador de la Luz?…

¡Qué valor el tuyo al talar ese árbol… aunque las raíces del pasado remuevan todos tus cimientos!

¡Qué valor cuando asumes tu soledad!… Porque no hay búsqueda cierta fuera de ti… por elevada que parezca y en la que encontrar tu propia Luz!

Aunque esa soledad parezca costarte  la vida y bien sabes… la Vida siempre vuelve a presentarse… remozada y ajena al tiempo ante ti …

Y aun a pesar de ello…

¡No!… ¡tú nunca dejas de creer en ti!…

Y dime… ¿acaso no eres un héroe de Corazón cuando muestras tu valor frente a la tercera puerta… la puerta de la “renuncia”?…

¡Ah, que grandeza la tuya!…  Grandeza porque has pedido ante “El Gran Observador” luchar con las manos desnudas de toda arma… despojarte del peto de la Libertad que luces esplendoroso en tu Hogar y bajar a la densidad a pecho descubierto… a merced de mil saetas… aceptar el sacrificio del dolor de la carencia y de la creencia…

Y llegados a este punto hazte una pregunta… ¿Crees que el orgullo… ese mentiroso que duerme en la tranquilidad de la tienda mientras tu peleas frente a la muralla sabe algo de tu renuncia?…

¡No, no lo sabe!… ¡No está en su naturaleza saberlo!…

¡No puede comprender que tú eres el auténtico protagonista de su vida!

¡Que estás enfrascado en una tremenda batalla… Una batalla que para vencer en ella tus armas son el valor y la humildad… y eso… tu máscara orgullosa… el ego ficticio… no lo entiende!…

Y aun a pesar de ello… ¡No!… ¡tú nunca renuncias a ti mismo!…

Que duerma pues y se disuelva en la nada…

Y conforme las puertas ceden ante el empuje… ¡que nuestra ignorancia se arrodille ante el misterio del Universo!… entonces… y solo entonces… se abren nuestros ojos y  ¡puertas y misterio se vienen abajo!…

Y cuando la Vida  te lo exija… ¡hinca tu rodilla en tierra y asume tu propia Luz!…

Y si te crees morir… ¡álzate de nuevo como el héroe de tus propias gestas!…

¡Que eres el Ave Fénix que siempre resurges de tus cenizas!…

¡Que tu valor lo inspira el Fuego de tu Alma!…

Un Fuego que arde para el guerrero que eres en el octavo pétalo de tu Corazón…

y porque… tal como Hércules… “te elevas cuando te arrodillas”.

Compañeros… ¿Cómo no unir nuestro esfuerzo en la batalla que acontece en cielo y tierra?… La batalla por la Luz…

¡Sea, cerremos filas!… ¡Que el Amor nos una y el Valor nos impulse en esta gesta que está escribiendo la Humanidad!…

¡Que caigan las tres puertas!…

¡Que se irradie la Luz de la “revelación” que ocultan tras ellas!…

Por mi parte…  uno mi esfuerzo al vuestro…

Juan

JUAN A. SÁNCHEZ DE LEÓN

www.lasendadefuego.com/

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