EL PLEXO SOLAR – Omraam Mikhaël Aïvanhov

«El plexo solar dirige todas las funciones del cuerpo físico; de él dependen la respiración, la eliminación, la circulación, la nutrición y el crecimiento.»
Divulga Amor y Luz

«El plexo solar dirige todas las funciones del cuerpo físico; de él dependen la respiración, la eliminación, la circulación, la nutrición y el crecimiento.»

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La luz, el calor y la vida que conocemos no son más que un aspecto muy inferior de la verdadera Luz, del verdadero Calor y de la verdadera Vida. Detrás de la luz del sol está la Luz de Dios, pero no podemos conocerla, como no podemos conocer su Calor, su Amor o su vida, es decir el grado más intenso de la Vida. Dios es incognoscible e incomprensible, y sin embargo casi nos toca, aunque sea de una forma muy alejada, muy imperfecta. No tenemos que imaginamos que la luz del sol es la verdadera luz de Dios. Es un reflejo de la verdadera luz. La otra luz, no podemos ni comprenderla ni conocerla; es tan sutil y tan poderosa que se aparece a nosotros, e incluso a muchos otros espíritus más evolucionados, como si fueran tinieblas.

En la Ciencia iniciática se dice que son las tinieblas las que han producido la luz. En el origen era el caos, la materia desorganizada: hyle como la llaman los Griegos. Este caos está representado por un círculo, el cero. Simbólicamente, el círculo es el infinito, la materia inanimada. Pero es muy difícil comprender estas nociones; intelectualmente, es casi imposible. Los filósofos y los sabios que quieren comprenderlo todo intelectualmente, no pueden. Por lo que respecta a lo teórico, el cerebro es capaz. Pero no le es dado al cerebro comprender verdaderamente las cosas, es decir sentirlas, gustarlas y vivirlas.

Decimos a menudo que es el corazón quien comprende y hablamos de la inteligencia del corazón… Incluso los Evangelios hacen alusión al corazón como órgano de la comprensión. Pero ¿de qué corazón se trata? Creemos que es del corazón físico, el órgano que envía la sangre.

No, el verdadero corazón, el corazón iniciático, es el plexo solar: es él quien siente, quien comprende, quien aprehende las grandes verdades cósmicas. El cerebro solamente sabe discutir, escribir, hablar y pavonearse sin tener una idea clara de las cosas. Observad lo que pasa en el mundo actual, el mundo de la quinta raza: se explica, se habla, se escribe, pero en realidad no se comprende nada, porque mediante el cerebro es imposible tener una comprensión perfecta. Hay que vivir las cosas para comprenderlas, hay que vivirlas con todo el ser.

El plexo solar dirige todas las funciones del cuerpo físico; de él dependen la respiración, la eliminación, la circulación, la nutrición y el crecimiento. A través del plexo solar el hombre puede comunicar verdaderamente con el universo, pues el plexo solar está unido al cosmos entero, lo que no ocurre con el cerebro. En realidad, esta comunicación podría establecerse, pero el cerebro no está todavía suficientemente desarrollado para eso, pues su formación es muy reciente; el plexo solar es de formación mucho más antigua y es él quien creó y quien alimenta al cerebro. Sí, el cerebro es un producto del plexo solar, es su hijo; por ello le alimenta, le socorre, y cuando deja de hacerlo, el hombre se duerme, se atonta, o tiene dolor de cabeza y no puede reflexionar.

El cerebro no está separado del plexo solar, y si no se beneficia siempre de él, se debe a que todavía no sabe comunicarse. Ya os he explicado que el plexo solar es un cerebro invertido, pues en el cerebro la materia gris está en el exterior y la materia blanca en el interior, mientras que en el plexo solar la materia gris está en el interior y la materia blanca en el exterior. También os he dicho que la materia gris nos permite pensar mientras que la materia blanca nos permite sentir.

Así pues, gracias a la materia blanca que está en el exterior, el plexo solar siente todo lo que pasa en el ser humano, en todas sus células; por eso se ocupa sin cesar de restablecer el equilibrio. Mientras que el cerebro no siente nada en absoluto, salvo cuando todo va muy mal y todo está obstruido. Pero no sabe cómo remediado. Por ejemplo si vuestro corazón late demasiado deprisa o demasiado lentamente, o si tenéis dolores de estómago, el cerebro es incapaz de saber lo que conviene hacer. Por otra parte esto no depende de él. Mientras que si le dais los medios para que funcione normalmente, el plexo solar lo restablece todo. Posee una farmacia formidable que no podéis ni imaginar; y como está en relación con todos los órganos y con todas las células, sabe lo que pasa y puede intervenir. Está, pues, mucho mejor equipado que el cerebro. Pero todo esto no está bien explicado, ni siquiera en la ciencia médica.

El cerebro se ha desarrollado muy tarde en los animales y en los hombres; el cerebro de las hormigas, por ejemplo, está mejor organizado que el del hombre, porque las hormigas existen desde antes. Si se compara el cerebro de las hormigas al del hombre, es sorprendente ver lo bien organizado que está un cerebro tan pequeño. El cerebro humano no está todavía bien organizado, pero lo estará más adelante, porque tiene la misión de registrar la totalidad de los conocimientos y de concebir realizaciones fantásticas. Pero, lo repito, el que dirige, el que ordena y del que todo depende, es el plexo solar, que está conectado al centro Hara situado un poco más abajo.

Los Occidentales están destruyéndose porque toda su actividad está situada en el cerebro: los estudios, los cálculos, las preocupaciones, etc… pero como no están preparados para resistir grandes tensiones, muchas enfermedades nerviosas sobrevienen actualmente porque el cerebro está sobrecargado. Si los Occidentales supieran cómo repartir el trabajo entre el plexo solar y el cerebro, no se cansarían nunca. ¿Por qué? Porque el plexo solar no se fatiga nunca, es un depósito inagotable. Pero el hombre que vive una vida desordenada, estorba el funcionamiento del plexo solar y se siente bloqueado, deprimido, enfermo, a través de su sistema nervioso. El que no vive correctamente está demoliendo el factor más importante del cual depende el resto de su organismo.

En los viejos tratados de alquimia se habla de una clase de aceite o de esencia que poseía propiedades maravillosas: daba la salud, la inteligencia, la belleza, el saber… En realidad, todos los seres vivos, las plantas, los animales, los hombres, pueden destilar esta esencia. Se la ha llamado con distintos nombres: savia verdadera, prana, elixir de la vida inmortal… Otros la llaman magnetismo. De esta esencia hablaba Jesús cuando decía: «De su seno brotarán manantiales de agua viva.» Y cuando el hombre se alimenta, cuando respira (pues en el aire se esparce una esencia venida del sol que podemos captar a través de la respiración), e incluso cuando piensa, lo que busca es extraer esta esencia, este aceite.

Ahora bien, esta esencia se encuentra en todas partes. Las plantas la extraen del suelo, del aire, de los rayos del sol y, gracias a ella, preparan la savia. La savia de los vegetales es el símbolo de esta savia viva que circula dentro de nosotros. Y ¿por dónde circula? Por el plexo solar. Algunas veces, cuando estáis inquietos, descontentos, impacientes, si sois lo bastante sensibles para poder observar lo que pasa dentro de vosotros, constatáis que algo se dispersa dentro de vuestro plexo solar. El plexo solar es el vaso que conserva el magnetismo viviente y cuando éste se escapa, os sentís débiles, incapaces de actuar o de concentraros.

Por el contrario, si os sentís dichosos y tranquilos, percibís una expansión en el plexo solar, algo que mana como una fuente. El plexo solar es el depósito de las fuerzas vitales, la acumulación de todas las energías; si sabéis cómo llenarlo diariamente, tendréis un manantial del que podréis extraer en cada instante las fuerzas que necesitéis.

Este es un ejercicio que podéis hacer a la salida del sol: mientras meditáis sobre la luz y sobre el calor del sol, poned la mano derecha en vuestro plexo solar; de esta forma lo llenáis de fuerza y de energía, lo cual os permitirá continuar infatigablemente vuestro trabajo.

 

OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV

De su libro «Hacia una civilización solar»

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