INSTAURAR EL AMOR CRÍSTICO – Maestro Jesús a través de Xavier Pedro Gallego

«Palabras de quien sería el maestro Jesús dirigidas a las Semillas Estelares antes de iniciarse la misión Crística en la Tierra, reflejadas en el libro «No me retengas», de Xavier Pedro Gallego.»
Divulga Amor y Luz

«Palabras de quien sería el maestro Jesús dirigidas a las Semillas Estelares antes de iniciarse la misión Crística en la Tierra, reflejadas en el libro «No me retengas» de Xavier Pedro Gallego.»

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Amadas Semillas Estelares:

Cuando se requiera mi servicio en esta esfera de los hombres, será la señal del principio de la Nueva Humanidad que germinará y se diseminará por la faz del planeta. Ello implica que habrá que despertar la Divinidad en el corazón de los hombres, lo cual no será ni fácil ni inmediato. La semilla tendrá que asentarse, superar edades de sequía, incomprensión, supuesta esterilidad y abismos de inseguridad; aunque todo será pura apariencia.

Cumplir esta misión requerirá que todos nosotros nos enfundemos cuerpos de carne y que trabajemos tan unidos como si fuéramos un único ser, mostrando el Amor en su estado más puro y transmitiéndolo a los corazones que acudan a nuestro encuentro; así lograremos instaurar el Amor Crístico en esta Tierra, que es la mía y la vuestra.

Yo guiaré vuestros pasos y vosotros continuaréis mi obra cuando me haya ido. En primer lugar, los seres humanos tendrán que comprender que su camino y el del Padre/Madre son uno y que es inútil luchar contra los designios de Dios; y no me refiero al dios que ellos han creado desde su ceguera y egoísmo, sino al Dios Creador que vibra en los corazones dormidos y petrificados a causa de las falsas creencias. Eso exige que dejen de luchar y competir consigo mismos y con los demás; y sólo así conseguiremos que dejen de hacerlo y les abriremos los ojos con la primera virtud: la Entrega.

Los ayudaremos a que sientan en el corazón que su Luz interior todo lo sabe, que cuanto buscan lo encontrarán allí y que el esfuerzo, la manipulación, el miedo y la cobardía, sólo confirman la falta de fe en sí mismos. Los ayudaremos a entender que el vacío que hay en su vida los convierte en ariscos, huraños, agresivos, insociables, fanáticos y los incita a combatir con su entorno para conservar una posición de poder que no es real. Cuando se rindan ante tal evidencia, inmediatamente descubrirán sus miserias, es decir, todo aquello que hayan utilizado como corazas y escudos para defenderse, pero no de los demás como creían, sino de sí mismos. Este reconocimiento los derrumbará, caerán de rodillas y se sentirán mezquinos, hipócritas, indignos y culpables, y necesitarán comprender por qué están donde están. Nosotros los ayudaremos a levantarse, llevándolos al equilibrio a su ritmo y medida, restaurando su parte interna, que estará bastante maltrecha, y devolviendo la armonía a su alma. Nuestra compasión les revelará quiénes son en realidad, y los haremos merecedores de su nuevo ser, enseñándolos a valorar la vida que están viviendo y a respetar y aceptar la vida de los que compartan con ellos ese tramo del camino.

Así, lentamente, irán atravesando «la noche oscura del alma», que es la parte más difícil y problemática de su evolución terrenal. Y una vez rescatados de la inactividad en la que estaban sumidos, les hablaremos de su misión de vida, los alentaremos a servir a los demás mostrándoles lo que es el Servicio y les animaremos a que se activen para que se complementen con las almas afines que vayan apareciendo en su peregrinar por la Tierra. Cuando lleguen a esta fase, les diréis que recuerden siempre lo siguiente: «Lo importante en la vida terrenal no es saber lo que uno tiene, sino saber lo que uno vale». Repetidles este decreto cuantas veces sea necesario, ya que tendría que grabárseles en el corazón y en la conciencia; insistid hasta estar seguros de que lo hayan integrado en su ser y, entonces, mirándoles profundamente a los ojos, que son el espejo del alma, les diréis: «Si sabes lo que vales, sal ahí afuera y recoge lo que mereces». Al decir tales palabras, veréis cómo se les desfigura el rostro, cómo se les caen los disfraces, cómo desaparece todo aquello que no son en realidad y cómo se disipa la niebla ante la presencia del Sol. Admirad luego cómo las hogueras del Fuego Sagrado del Amor consumen sus miserias; y cuando los veáis desfallecer, colapsados ya por tanto amor que les surca el pecho ardiente, dejadlos solos, entregadlos nuevamente al Padre/Madre, hasta que ese mismo fuego los transforme en lo que son realmente: seres de Luz en un mundo oscurecido por las apariencias.

La entrega, la misericordia, es decir, la «cordialización de las miserias» y la armonía, impulsarán a esas almas a continuar recorriendo por sí solas el camino hacia su propia cristicidad o «estado de cristal». Sin embargo, no tardarán mucho en volver a buscaros, aunque entonces deberéis tener en cuenta que ya no son los mismos seres que dejasteis a merced del Fuego Sagrado, si no que serán recién nacidos a una nueva realidad; tratadlos como tales. Es una etapa muy delicada, porque al alma endeble y ávida de conocimiento, le urge alimentarse. Llegarán a vosotros como si fueran un enorme interrogante hecho de mil preguntas. Calmadlos, sosegadlos… Apaciguad esa hambre de saber dándoles de comer poco a poco, dadles sólo lo que su estómago de recién nacidos pueda digerir. Elegid los manjares y procurad que los mastiquen bien para que las digestiones sean fáciles. Transmitidles la verdad que los hará libres en esa fase, sin provocar en ellos ansiedad ni fanatismos, evitando que retornen a callejones sin salida; con el tiempo veréis que van estabilizándose y fortaleciéndose, y entonces podréis incrementar el alimento con verdades mayores que ellos asumirán lentamente.

Pero tendréis que estar muy atentos porque comenzarán a fijarse en su entorno y se corre el peligro de que con duras críticas y juicios de valor, arremetan contra aquellos que todavía no hayan sido transformados por el Fuego Sagrado. En ese instante, les hablareis de la Compasión, no en la vertiente de la pena o del compadecimiento, sino como una palabra compuesta, plena de sabiduría: «Compasión», cuyo significado es «la pasión por comprender» la evolución, el momento y las circunstancias que rodean a las almas observadas. Se trata de que entiendan que cada ser está en un estadio distinto de evolución y que siempre han de respetar su ritmo de evolución y su nivel de conciencia, no haciendo más por él que lo que su libre albedrío les permita y manteniéndose al margen mientras no requiera ayuda o servicio. Esto les resultará difícil, pues la inercia de un alma recién activada es desear e incluso, en algunos casos, imponer a las demás la nueva verdad en la que ella ha despertado. Deberíais ser muy contundentes en eso, ya que su intransigencia podría deteriorar la apertura y el despertar de otras almas que acudan a vuestro encuentro.

¡Que así sea!

 

XAVIER PEDRO GALLEGO

www.espainovaterra.com

Libro «No me retengas»

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