«El velo se retira a medida que avanzáis en vuestro proceso de toma de conciencia, de sanación individual y de equilibrio.»


El velo se retira a medida que avanzamos en nuestro proceso de conciencia, sanación y equilibrio. María Magdalena y la diosa Artemisa nos explican cómo recuperar la conexión con nuestra verdadera esencia.

El velo se retira • María Magdalena y la diosa Artemisa

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Hermanos y hermanas de Luz:

Estamos aquí presentes, conectándonos con las almas que abren su corazón para recibirnos.

Una de las formas que tenemos quienes nos encontramos en dimensiones más sutiles de colaborar, guiar e impulsar el cambio que está produciéndose en la Tierra consiste en facilitar vuestra conexión con nosotros y con nuestra energía, para que volváis a sintonizar con esta frecuencia, con las frecuencias de Luz que sois, con las frecuencias esenciales de vuestra alma.

Al volver a conectar con nosotros y con estas frecuencias, podéis impregnaros de ellas y sentirlas de nuevo en vuestro cuerpo actual, no solo en sus capas más etéricas, sino también en el cuerpo físico. Conectar en todos los niveles de vuestro ser aportará una nueva dimensión a esa conexión, una mayor profundidad y expansión.

Por eso os animamos a sumergiros en el sonido de las palabras que escucháis. Y, quienes estéis leyendo, a sumergiros en el sonido de vuestra voz interior. Del mismo modo que podéis impregnaros y sumergiros en un aroma que os transporta o eleva hacia otro espacio, os proponemos recibir estos mensajes, porque esa es su principal finalidad: transmitir, reconectar, restaurar y reactivar.

Quizá creáis que el objetivo principal de estos mensajes es proporcionaros cierta información, ofreceros ayuda o aportaros claridad. Aunque todo ello puede formar parte de su propósito, su objetivo esencial es conectaros con nuestras frecuencias, conectar vuestros corazones y vuestro campo vibratorio con la vibración que habitamos en este momento. De este modo, durante unos minutos, podéis habitar las frecuencias sutiles. Por eso os pedimos que abráis el corazón a esta conexión.

Ahora deseo hablaros de ese velo que os separa de vuestra verdadera esencia, de ese velo que os separa de nosotros.

Muchos de vosotros ya sabéis que os encontráis en una etapa concreta dentro del recorrido de la humanidad, un periodo en el que se están produciendo grandes transformaciones. La transición hacia una humanidad más consciente no es simplemente un paso más. Esta ascensión, este cambio de la humanidad, esta transformación de frecuencia y esta elevación hacia una nueva dimensión constituyen un punto que la humanidad nunca había alcanzado hasta ahora.

Aunque anteriormente se hayan vivido estados de conciencia elevada, el descenso experimentado por la humanidad y el grado de desconexión que ha llegado a alcanzar hacen que este ascenso se vea enriquecido por toda esa experiencia y toda esa información. Por eso este momento representa un nuevo punto en el camino.

A menudo percibimos vuestra urgencia por obtener información y claridad, por comprender más, clasificar y encuadrarlo todo. Sin embargo, muchas veces esa urgencia no procede de vuestra alma, sino de determinadas programaciones, de la necesidad de controlar o incluso de la falta de conciencia acerca del punto en el que os encontráis.

Es importante comprender que, desde la realidad que habitáis, no es posible entender ni recordar la magnitud del Plan Divino. Cada uno de vosotros solo puede sentir, intuir o recordar fragmentos de la información. Por ello, sería un gran paso que abandonarais esa carrera hacia una iluminación ilusoria, una iluminación que con frecuencia asociáis con la acumulación de más información y conocimiento.

Aunque la información y el conocimiento os ofrecen la posibilidad de abrir y expandir vuestra conciencia, solo se avanza verdaderamente cuando ese conocimiento se incorpora, se vive y se siente a través de todos vuestros cuerpos, incluido el cuerpo físico. Muchas veces, la información llega y permanece en una capa exterior al cuerpo físico, en el ámbito de las ideas y el pensamiento.

Para que esa información cale profundamente y transforme vuestra percepción, para que ese conocimiento alcance una dimensión mayor, es necesario llevarlo hasta el cuerpo físico, sentirlo y vivirlo. Es decir, incorporarlo para después exteriorizarlo y ponerlo en práctica.

Visualizad el circuito toroidal completo: recibir, incorporar, gestionar y entregar. Solo entonces la información y el conocimiento se han integrado. Solo entonces ese conocimiento amplía vuestra conciencia.

Por eso os pedimos que os deshagáis, en la medida de lo posible, de todo intento de control y toda búsqueda puramente racional y que os dejéis llevar por los sonidos, las palabras, las ideas y la energía transmitida a través de estos mensajes, para que podáis sentirla en vuestros cuerpos.

Desde esa energía, desde esa frecuencia de apertura y receptividad, queremos hablaros del velo.

Amadas almas, como sabéis, existe un velo que separa la tercera dimensión de otras dimensiones. Muchos ya lo conocéis y otros apenas estáis empezando a percibirlo. Nos referimos a aquello que distingue la experiencia de vida en la Tierra: el velo del olvido, ese velo que muchos esperáis que se disuelva.

Quienes ya habéis recorrido el proceso del despertar lo conocéis, y quienes apenas estáis comenzando a hacerlo lo percibís, aunque todavía no lo comprendáis.

Sí, el velo se está retirando. Sin embargo, es importante entender que no se retira desde el exterior. Sois vosotros mismos quienes lo vais apartando a medida que avanzáis en vuestro camino de conciencia.

Para abriros aún más en este camino, antes es necesario equilibrar y trascender todo aquello que deba ser equilibrado, y permanecer, en la medida de lo posible, en equilibrio y armonía.

Puede que algunos os preguntéis por qué vuestro proceso personal es importante para la ascensión del planeta, por qué es necesario para alcanzar una mayor claridad. Tal vez penséis: «¿No sería más fácil que me lo mostraran? ¿No sería más sencillo poder ver y recordar para recorrer este camino con mayor facilidad?». Probablemente os hagáis muchas preguntas de este tipo, y es natural. Pero, queridos nuestros, precisamente ahí reside la diferencia.

El velo se establece para que podáis vivir la experiencia humana. Si recordarais vuestro verdadero origen, si recordarais lo que realmente sois, habitaríais una frecuencia diferente de la frecuencia de la Tierra. Por tanto, el velo os ayuda a alcanzar y habitar la desconexión, a densificaros para poder experimentar las frecuencias terrestres y, después, desde esa desconexión, volver a conectaros.

Ese es el camino de conciencia que todos recorréis a vuestro propio ritmo a partir del despertar. De eso se trata: de avanzar desde la máxima desconexión que cada uno haya elegido alcanzar hasta la máxima conexión que su alma haya elegido experimentar, iniciando un camino de reconexión que os permita volver a habitar vuestra verdadera esencia. Este es el camino que estáis recorriendo.

Sí, el velo se retira a medida que avanzáis en vuestro proceso de toma de conciencia, de sanación individual y de equilibrio. El velo se retirará cuando estéis preparados para asumir la responsabilidad que implica ocupar vuestro lugar. Ocupar vuestro lugar significa adoptar una actitud activa en este proceso de cambio, cada uno de acuerdo con aquello que su alma se haya propuesto. También significa aprender a vivir y permanecer en coherencia, dejar atrás lo que ya no os beneficia y atreveros a realizar los cambios necesarios.

Por eso la labor personal es tan importante en este momento, para que cada vez seáis más quienes vivís con coherencia y conciencia. No existe una ascensión individual; la ascensión es colectiva. El camino de expansión de la conciencia sí es individual. Esto no significa que todas las personas deban estar ajustadas, pero sí que es necesario que lo esté un número considerable de ellas.

Por eso compartid y difundid todo aquello que ya hayáis comprendido e incorporado. No os lo guardéis ni permitáis que el miedo a lo que otros puedan pensar de vosotros o a cómo puedan veros os impida transmitirlo.

Recordad de nuevo ese circuito de movimiento toroidal: recibir, incorporar, gestionar y entregar. Es semejante a la respiración, un ciclo constante de recibir y dar, y de dar y recibir. Ajustad vuestra frecuencia a la nueva vibración. Y, si os preguntáis cómo hacerlo, es necesario atravesar el proceso individual, realizar la labor interior y penetrar en la inhalación del alma. Cuando lo hayáis hecho, difundid lo aprendido. Después, regresad a vuestra inhalación y profundizad todavía más en vuestro proceso de sanación, trascendencia y equilibrio. A continuación, volved a exhalar y expandir lo aprendido. Inhalar y exhalar.

Recordad que estáis sanando, trascendiendo y equilibrando innumerables existencias y memorias ancestrales. Sois vosotros quienes portáis ahora la antorcha.

La inhalación y la exhalación del alma constituyen un ciclo constante y continuo que impulsa el flujo hacia otra frecuencia, permitiéndoos salir de una energía y entrar en otra. En esa inhalación del alma, entrad en vuestro interior. Centraos en vuestra respiración física para conseguirlo. Observad aquello que todavía sintáis que tenéis que sanar o equilibrar y después buscad las herramientas o los medios necesarios para hacerlo, siendo vosotros quienes conduzcáis y asumáis la responsabilidad de vuestro propio avance, sin esperar que la transformación llegue desde el exterior.

¡Avanzad! ¡Podéis dar un salto más! ¡Subid otro peldaño y cada vez veréis con mayor claridad!

Estáis ahí para realizar esta tarea. Estáis ahí para retirar el velo. Estáis ahí para iluminar. Y nosotros estamos siempre con vosotros.

¡Atreveos a dar un paso más!

Os saludamos con profundo amor.


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