Escollos para el alma reúne trece enseñanzas de Jeshua sobre esas actitudes que, casi sin darnos cuenta, dificultan nuestro camino espiritual. Un libro para reconocerlas sin juzgarlas, comprender lo que ocultan y transformarlas mediante la Conciencia, la Honestidad y el Amor.
ESCOLLOS PARA EL ALMA • Presentación y prólogo del libro del mismo título • Jeshua
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Aprovechando las energías creativas que nos envuelven y siguiendo el camino de creación y expansión de Mi Voz Es Tu Voz, que ya ha incorporado nuevos espacios dedicados a la música, estamos encantados de dar un paso más, y es que hemos comenzado también a publicar libros.
Y lo hemos hecho con Escollos para el alma, una obra basada en las enseñanzas de Jeshua y disponible en dos formatos: ebook y edición en tapa blanda.
Cada uno de los trece mensajes que forman parte de este libro ha sido ya compartido y narrado en Mi Voz Es Tu Voz. Ahora, quienes lo deseéis, podréis tener también estas enseñanzas por escrito, reunidas en un solo volumen para releer y consultar con calma.
A lo largo de sus páginas, el maestro aborda el desorden, la rutina, el disfraz, la complacencia, la susceptibilidad, la intransigencia, la envidia, el reproche, el cinismo, el desánimo, la resignación, la confusión y esa costra espiritual que se forma alrededor de las heridas y de la que a veces no queremos desprendernos.
No se trata de juzgar tales escollos, sino de reconocerlos, comprender qué ocultan y descubrir qué pueden enseñarnos al observarlos con conciencia, honestidad y compasión.
Este es el enlace de Amazon para adquirir Escollos para el alma, tanto en formato ebook para leer online como en tapa blanda para recibirlo físicamente.

Y ahora, para que podáis conocer mejor el espíritu del libro y comprender de dónde nace y qué camino nos propone, vamos a compartir con vosotros el prólogo que Jeshua ha incluido en él.
HABLA JESHUA
Amada familia:
Existen grandes decisiones capaces de transformar el rumbo de una vida, pero también pequeños gestos interiores, actitudes casi imperceptibles y reacciones repetidas que, día tras día, van determinando la manera en que camináis por ella.
Son flujos del ego que con frecuencia pasan inadvertidos. No les concedéis demasiada importancia porque parecen formar parte natural de vuestro carácter, de vuestra educación o de vuestra manera habitual de relacionaros con el mundo. Pensáis que un instante de desánimo, un reproche silencioso, una reacción susceptible, una mirada cínica, una comparación nacida de la envidia o un sí pronunciado cuando en vuestro interior deseabais decir no, apenas os influencian y poco repercuten en vuestro camino.
Sin embargo, yo os digo que todo aquello que se repite deja una huella.
Cada pensamiento sostenido, cada emoción alimentada y cada actitud que aceptáis como inevitable va creando una dirección dentro de vosotros. Y cuando esas pequeñas actitudes no son observadas, comprendidas y transformadas, pueden abrir fisuras en vuestra paz interior, en vuestra confianza, en vuestra relación con los demás y en la conexión consciente con vuestra alma.
No son siempre grandes abismos los que os alejan de vuestra verdad; a veces son pequeñas grietas que van ensanchándose lentamente.
Una palabra que no perdonáis, una expectativa a la que os aferráis, una comparación que debilita vuestra confianza, una herida que protegéis tanto que acaba por convertirse en parte de vuestra identidad, una rutina que os asfixia el alma, una máscara que os ponéis para ser aceptados, un cansancio que se transforma en resignación, una decepción que termina endureciéndose hasta convertirse en cinismo…
Así se forman muchos de los escollos del alma.
Y eso no ocurre porque vuestra alma pueda ser dañada en su esencia, pues el alma permanece íntegra, luminosa y unida a la Fuente, sino porque determinados hábitos interiores pueden dificultar que percibáis su voz, que recibáis su guía y que expreséis plenamente la Luz que sois.
El alma no os condena por caer en ellos; no os juzga por desanimaros ni por reaccionar con susceptibilidad ni por reprochar ni por compararos ni por cerrar vuestro corazón ni por perder durante un tiempo la claridad. Ella conoce vuestro recorrido, comprende vuestras heridas y contempla con Amor cada paso de vuestro aprendizaje.
Pero que el alma lo comprenda no significa que vosotros tengáis que permanecer inconscientes.
Es necesario observar con honestidad aquellas actitudes que habéis normalizado y que, sin daros cuenta, limitan vuestra libertad interior. No para culpabilizaros ni para luchar contra vosotros mismos ni para perseguir una perfección imposible de alcanzar, sino para conoceros, para recuperar la capacidad de elegir y para vivir con mayor conciencia, serenidad y verdad.
El cinismo puede parecer inteligencia; la susceptibilidad puede confundirse con sensibilidad; la intransigencia puede presentarse como firmeza o fidelidad a una verdad; el reproche puede justificarse como defensa de la verdad; la complacencia puede disfrazarse de bondad; la rutina puede entenderse como estabilidad; la resignación puede hacerse pasar por aceptación; el desánimo puede parecer una conclusión inevitable; la confusión puede haceros creer que habéis perdido el camino; incluso la protección que levantáis alrededor de una herida puede llegar a convertirse en una costra que, si no cae cuando llega el momento, impida que el corazón vuelva a abrirse plenamente.
Pero al observarlas, podéis reconocer qué hay detrás de cada una de esas actitudes. A menudo hallaréis miedo, cansancio, inseguridad, dolor no expresado, deseos de reconocimiento, antiguas decepciones, necesidad de aprobación o el impulso de protegeros. Y cuando descubrís la raíz, comienza a ser posible transformar el fruto.
No os pido que rechacéis lo que sentís; os propongo que lo iluminéis. Aquello que negáis permanece oculto y continúa actuando desde la sombra; aquello que observáis con Amor comienza a perder su poder sobre vosotros. La Conciencia no combate, revela. La Luz no castiga, ilumina y, cuando veis con claridad, ya no estáis obligados a reaccionar como lo habíais hecho hasta entonces.
Cada escollo contiene una enseñanza.
El desorden puede mostraros dónde vuestra vida necesita espacio; la rutina puede recordaros la importancia de la presencia; el disfraz puede conduciros hacia la autenticidad; la complacencia puede enseñaros el valor de un límite verdadero; la susceptibilidad puede revelar una identidad que todavía necesita ser defendida; la intransigencia puede enseñaros a distinguir la integridad de la rigidez; la envidia puede destacar aquello que habéis olvidado reconocer en vosotros mismos; el reproche puede mostraros dónde permanece el dolor; el cinismo puede revelar una esperanza traicionada; el desánimo puede alentaros a descubrir una fuerza más profunda; la resignación puede enseñaros la diferencia entre desentenderse y aceptar; la confusión puede convertirse en el umbral de una nueva comprensión y la costra espiritual puede recordaros que toda herida necesita tiempo, cuidado y, finalmente, apertura.
Nada de esto aparece para condenaros, surge para ser comprendido.
Vuestro camino no consiste únicamente en alcanzar estados elevados de conciencia, pronunciar palabras amorosas o buscar experiencias espirituales extraordinarias. El verdadero camino se expresa también en la manera en que respondéis cuando alguien os contradice, cuando vuestros planes no se cumplen, cuando no recibís el reconocimiento esperado, cuando os sentís heridos, cuando aparece el cansancio, cuando debéis poner un límite o cuando la vida os obliga a abandonar una antigua manera de entenderos.
Es ahí, en lo pequeño, donde se revela la conciencia.
Es fácil hablar de amor cuando vuestras creencias no se ven amenazadas, confiar cuando los acontecimientos coinciden con vuestros deseos o mantener la paz cuando nadie hurga en vuestras heridas. Pero el aprendizaje profundo comienza cuando la vida os muestra aquello que todavía se altera, se defiende, acusa, teme, compara, se oculta o se cierra dentro de vosotros.
No consideréis esos momentos como fracasos, porque son puertas.
Cada reacción que observáis conscientemente os ofrece la oportunidad de conoceros un poco más; cada actitud que transformáis ensancha el espacio de vuestra libertad; cada vez que elegís escuchar en vez de imponer, comprender en vez de juzgar, poner un límite en vez de traicionaros, perdonar en vez de reprochar o estar presentes en vez de dejaros arrastrar por la inercia, estáis reparando una de esas fisuras y permitiendo que vuestra luz circule con mayor plenitud.
Tampoco subestiméis el poder de las pequeñas decisiones. Una vida no cambia únicamente mediante grandes revelaciones. Cambia cuando, en una situación cotidiana, decidís responder de una manera distinta, cuando no alimentáis el pensamiento que os separa, cuando silenciáis una palabra que podría herir, cuando reconocéis vuestra responsabilidad sin castigaros, cuando dejáis de tener razón, cuando decís no a aquello que os aleja de vosotros mismos o cuando volvéis a levantaros después del desánimo, porque cada una de esas decisiones es un acto de amor.
Estas páginas no han sido concebidas para resaltar vuestros defectos, sino para acompañaros en el reconocimiento de aquello que puede entorpecer vuestro camino. Son una propuesta a que miréis con sinceridad, pero también con infinita ternura, aquellas zonas de vuestro ser que todavía reclaman comprensión.
No tengáis miedo de lo que podáis encontrar al hacerlo, porque en vuestro interior no hay ninguna sombra más poderosa que la luz de vuestra conciencia, ningún hábito define para siempre quiénes sois y ninguna actitud permanece inmutable cuando es contemplada con humildad, constancia y amor.
Avanzad sin prisa; no queráis modificarlo todo a la vez. Elegid un escollo. Observad cómo aparece, qué es lo que lo activa, qué emociones despierta en vosotros y qué desea proteger. Escuchadlo sin identificaros completamente con él. Preguntaos qué respuesta elegiría el Amor, pero no ese amor idealizado, sino el amor lúcido, firme, compasivo y verdadero.
Y paso a paso comenzaréis a reconocer que vosotros no sois vuestro desánimo ni vuestro reproche ni vuestra susceptibilidad ni vuestra envidia ni vuestro miedo ni vuestra confusión, que esas son experiencias que atraviesan vuestro campo de conciencia, pero que no constituyen vuestra identidad.
Vosotros sois la presencia capaz de observarlas, la conciencia capaz de transformarlas y el amor capaz de trascenderlas.
Recordad que el alma no os exige perfección; os reclama presencia. No os pide que no tropecéis, sino que aprendáis a reconocer el obstáculo, a levantaros y a continuar caminando con mayor sabiduría.
Así pues, es mi deseo que cada capítulo de este libro sea, por tanto, un espejo y una puerta: un espejo en el que podáis contemplaros con honestidad y una puerta hacia una forma más libre, amorosa y consciente de vivir.
No hay actitud demasiado pequeña que no pueda ser iluminada ni fisura que el Amor no pueda sellar ni escollo que vuestra alma no pueda convertir en aprendizaje.
Yo camino con vosotros, siempre muy cerca.
Con muchísimo amor,
JESHUA
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