
«¡Ponte la corona y sal al mundo con dignidad jubilosa!»
El mensaje de Merlín «Ponte la corona y empodérate», nos propone recuperar la soberanía interior desde la ligereza, la alegría consciente y la magia cotidiana que se obra al ser auténtico.
PONTE LA CORONA Y EMPODÉRATE – El maestro Merlín
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¡Amados, acercaos!
Pero no os acerquéis con solemnidad, hacedlo con curiosidad y con una sonrisa de esas que se dibuja en uno cuando algo antiguo y familiar vuelve a sentirse posible.
Yo Soy Merlín, y hoy no vengo envuelto en vapor ni hablando desde cavernas remotas. Vengo caminando ligero, con el cayado apoyado en el suelo como quien marca un ritmo alegre, para recordaros que la Magia nunca fue grave, sino vivaz.
¡Ponte la corona! Sí, así, con naturalidad. Póntela como quien se pone una prenda que siempre estuvo hecha a su medida. Sin trompetas ni ceremonias interminables, pero sí con la firmeza de quien dice “aquí estoy”, y al decirlo, algo se enciende, se ordena y se aligera. La corona de la que hablo no pesa ni aprieta ni separa; es un aro de lucidez, una risa silenciosa que se posa en la cabeza cuando dejas de fingir que no sabes quién eres.
Durante mucho tiempo os tomasteis demasiado en serio el camino. Confundisteis profundidad con gravedad, sabiduría con rigidez, espiritualidad con sacrificio… Y la magia, que es traviesa por naturaleza, se quedó ahí, aguardando a que dejarais de fruncir el ceño. Sin embargo, hoy os digo hoy que el verdadero poder interior despierta cuando el alma se permite jugar otra vez. Cuando dejáis de vigilaros constantemente y empezáis a confiar en vuestra propia música.
Empoderarse es un acto creativo. Es elegir el color con el que vais a pintar el día. Es mover una pieza del tablero interno y descubrir cómo cambia el juego. Es recordar que vuestra presencia tiene efecto, que vuestro gesto modifica el campo, que vuestra risa aclara la densidad del mundo. Nada de eso requiere lucha, lo que requiere permiso interno. Y ese permiso no se pide, se concede.
Os acostumbrasteis a medir vuestro valor por el esfuerzo, por la resistencia, por la capacidad de aguantar. Y sin daros cuenta, habéis ido olvidando el arte de disfrutar de vuestra propia energía. La corona aparece cuando dejáis de sobrevivir y empezáis a vivir; cuando la vida deja de ser un examen y se convierte en una danza imperfecta, pero real.
Mirad a los niños cuando juegan a ser reyes y reinas, príncipes y princesas, magos y magas… Nadie les explica cómo tienen que hacerlo. Se ponen una corona invisible y el mundo responde. ¿A que sí? Pues bien, así funciona la soberanía interior. No se argumenta, ni se defiende y tampoco se justifica; se encarna y se manifiesta. Y al hacerlo así, algo en vuestro entorno se recoloca, como si todo hubiera estado esperando esa señal.
La verdadera magia nunca ha sido espectacular. Es íntima, chispeante, cotidiana… Ocurre cuando decís vuestra verdad sin tensión; cuando decidís hacer aquello que os nutre sin culparos por ello; cuando deshecháis una expectativa antigua y, en su lugar, aparece una posibilidad nueva. Sí, cada uno de esos gestos es un hechizo sencillo y poderoso.
Y sobre todo, ponte la corona también cuando te equivoques, porque el empoderamiento no consiste en acertar siempre, sino en permanecer presente incluso en el error. La corona no se cae cuando dudas, al contrario, se vuelve más flexible. No se apaga cuando descansas; se vuelve más sabia. La Soberanía sabe reírse de sí misma, aprender gracias a la acción y seguir caminando sin dramatizar cada paso.
Actualmente, hay una alegría madura que quiere reaparecer en vosotros. No es euforia, es liviandad. Tampoco es evasión, se trata de confianza. Es esa sensación de estar en vuestro lugar aunque el escenario cambie. A partir de ahí, la vida deja de presionaros y empieza a dialogar con vosotros. No siempre os aportará lo que esperáis, pero siempre os traerá lo que os expande.
Así os hablo a quienes sentís que algo nuevo quiere expresarse sin saber todavía cómo. A quienes percibís que la etapa de contención está llegando a su fin. A quienes intuís que el mundo necesita vuestra alabanza, no vuestra autocensura. Ponerse la corona es mostrarle a la vida que puede contar contigo tal como eres.
Yo, Merlín, he visto imperios caer y levantarse, ideas que se convirtieron en polvo y otras que han renacido como semillas inesperadas. Y siempre, siempre, la magia ha estado del mismo lado; del lado de quienes se atreven a ser auténticos con una sonrisa, conscientes de su poder y ligeros en su caminar.
¡Así que adelante! ¡Ponte la corona al empezar cada nuevo día! Ajusta ese gesto interno que dice “aquí estoy yo” y sal al mundo con esa dignidad jubilosa que no necesita ser impuesta. La Vida y la Magia reconocerán la señal
¡Camina, juega, crea! ¡La corona ya está en su sitio! ¡Y tú, por fin, también!
MERLÍN
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