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SÓCRATES – Malek Chaoufi Canoura

«Sócrates, el gran filósofo de todos los tiempos, fue juzgado por un tribunal compuesto por más de 500 personas y una pequeña mayoría decidió condenarle a la pena de muerte.»

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Sócrates, el gran filósofo de todos los tiempos, fue juzgado por un tribunal compuesto por más de 500 personas y una pequeña mayoría decidió condenarle a la pena de muerte. Sus amigos y allegados intentaron pagar la fianza y hasta intentaron planificar su huida pero fue en vano. Sócrates era un hombre que no se dejaba llevar por el miedo y asumía su inoportuno destino.

En su forzado lecho de muerte, estuvo hablando con su discípulo Platón sin tapujos delante de todos los presentes. Pues ante la muerte el personaje desaparece como lo hace el miedo y habla el Ser.

—«Platón amigo no te preocupes pues el conocimiento que compartí contigo a lo largo de los años, lo adaptaras, lo mejorarás y serás un embajador de la sabiduría y un gran filósofo. En tu corazón se haya “la idea del bien”, y promueve “El Mito de la Caverna”.
Dicen que he corrompido a la juventud, pero en el fondo saben que es un peligro tener una juventud crítica y despierta que hable desde su verdad y no desde la verdad de los que falsamente gobiernan. Por favor sigue, sigue formando a las nuevas generaciones en la Academia y así la consciencia no se pierde en el campo de la ignorancia. Piensa y haz pensar. Siente y haz sentir, pero sobre todo en tu vida ama… y déjate amar, pues el AMOR con letras mayúsculas te hace ver con el corazón, esa es la llave para encontrar el equilibrio entre la vida y la razón.
Y… ya está en tu camino un tal Aristóteles que heredará nuestros conocimientos que se transmitirán a largo de los siglos de los siglos, a pesar del olvido por las guerras del hombre creando el hambre del poder en el estómago y la mente… Y es por eso, que como hombre libre hablarás de la República frente a las dictaduras. 
Llegará un día en el que un tal Averroes o San Agustín desempolvarán del olvido nuestros valores y conocimientos para seguir mejorando el camino de la humanidad a través del amor a la sabiduría.
Habla… Háblales de lo que me contaste de tu otra vida en la Atlántida, háblales de la historia verdadera, háblales de cómo se vivía en su era de oro y por qué se extinguieron. Háblales del “Prana”, del “Ankamaatba”… habla, háblales sin miedo de sus guías espirituales y de cómo ellos usaban la magia de los cristales.
Platón “Sé amable con todo el mundo, pues cada persona libra algún tipo de batalla”.
Aunque seas barbudo no olvides de ser siempre un niño entusiasta porque “un honesto es siempre niño” y además, “el paso del tiempo arruga tu piel, pero la falta de entusiasmo arruga tu alma”. Hijo recuerda que “el camino más noble no es someter a los demás, sino perfeccionarse a uno mismo”.
Mi amado Platón sigue conectándote con tu ser, sigue escribiendo y divulgando, pues tu misión se halla en iluminar las ideas de las mentes apagadas.»

 

Platón llorando se quedaba en silencio y observaba con ojos llenos de amor a su maestro.

—«Y ahora es mi momento de volver a donde vine, de donde todos vinimos, es momento de irme. No llores amado Platón. Por favor no lloréis. De todas formas pronto nos reencontraremos. Estaré siempre allí, pues mi cuerpo se va pero mi amor se queda con vosotros… Como yo me voy con vuestro amor incondicional.
Platón, hijo.- Suspira – Tienes una larga vida por delante y una misión por cumplir. Mi misión finaliza aquí. He tenido una vida plena, hijo. Estoy feliz porque “El saber es la parte principal de la felicidad”. Y más feliz por reencontrarme con los dioses porque este pueblo sigue a dioses de los que no estoy seguro si existen jajaja. No temáis porque son los dioses que siempre me dicen que es lo que tengo que hacer. Realmente, son los que llamo espíritu personal o “Daimon” que son guías celestiales y que pocos entenderán el verdadero secreto del Universo. Es decir, una canalización de los Registros Ateniense.»

 

Sócrates abraza como si de un padre se tratara a Platón, a los demás seguidores y allegados, entre ellos a su mujer que a pesar del dolor, decidió salir de la prisión acompañada por los guardias, aunque él era promiscuo, Jantipa le amaba con toda su alma. El amor incondicional vive en armonía con el perdón. Una vez despedido de todo el mundo Sócrates llama al guardia.

—«¡Guardia! por favor, ¡dame el vaso de la condena! ¡déjame beber de este vaso el veneno de los envidiosos que no supieron entender más allá de su poder y de su dinero! Recuerda: “la envidia es la úlcera del alma”.
¡Déjame beber del vaso la amargura de los que no supieron ver con su corazón!¡Déjame beber cicuta para volver de una vez a mi verdadera casa!»

 

El guardia con las manos temblando le acerca el vaso contra toda su voluntad. Mientras Platón cabizbajo lloraba y en la sala aumentaba la tensión y los llantos de dolor. No es fácil ver a un amado maestro partir.

Sócrates dijo al guardia:

—No te preocupes hijo. Estas haciendo tu trabajo y no lleves el peso de mi muerte. Pues sé que estás contrariado por la injusticia, pero es justo hacer tu trabajo. “Es peor llevar a cabo una injusticia que cometerla, ya que quien la comete se transforma en injusto pero el otro no”.
—Gracias Maestro.

 

Le contestó el guardia con las lágrimas de profunda tristeza en sus mejillas.Y el maestro le recordó su famosa frase:

—«Mantén un buen ánimo acerca de la muerte, y haz tuya esta verdad: que nada malo le puede pasar a un hombre bueno, ni en vida ni después de morir.»

 

Sócrates tomó el vaso de la mano del guardia y como un hombre de principios cumplió con su palabra aceptando su condena y se bebió el veneno de un solo trago, mientras todos los que le rodeaban estaban conmocionados, entre sollozos, llantos y asombro por su indiscutible valentía que hacía de él un hombre de honor.

Su gente le estaba mirando con impotencia ante el cambio de su cara tras el trago, dando la sensación de ser una bebida muy amarga. Poco después comenzó el dolor de estómago y se le notó el temblor de su cuerpo, Sócrates decidió transmitir sus últimas lecciones magistrales, gesticulando y con toda la seguridad del mundo, como siempre lo había hecho, con el puño de la mano izquierda cerrado y el dedo índice apuntando hacia el cielo:

—«Como ya lo había dicho, la sabiduría de cada uno está dentro de uno mismo y no fuera. Reconocer vuestras virtudes es fácil, pero os invito a ver vuestros defectos. Y a todos los que piensan que tienen el conocimiento, recordad que el Universo es tan inmenso y que lo que conocemos es tan poco, por eso lo de “Solo sé que no se nada”. Pero para eso están los sentimientos que son los verdaderos maestros para percibir lo que no se ve. Allí amados seres queridos se encuentra el verdadero conocimiento y es desde allí se actúa desde el “bien” mientras que el “mal” es el resultado de la mera ignorancia… “La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia.»

 

Sus extremidades se inmovilizaron por completo y su voz sonaba cada vez más cansada y sin embargo seguía.

—«Cuando lleguéis a encontrar la verdad, cuestionadla, cuando hayáis encontrado las respuestas a las preguntas cuestionadlas y cuando hayáis llegado por fin a vuestra verdad, volved a cuestionar las preguntas. Analizad todo lo que se os dice y todo lo que concluís. “Es mejor cambiar de opinión que mantenerse en la errónea.
En eso consiste la “Mayéutica” que nombré así en honor a mi madre, pero también es en honor a la madre de las madres, Gea que es la diosa tierra que nos acoge, alimenta y enseña mientras estamos de visita.
Como bien sabéis, las verdades son siempre cambiantes pero la mentira es siempre mentira. ”Las mentiras son las mayores asesinas, pues matan la verdad.»

 

Sócrates quería seguir hablando pero su lengua le pesaba, susurrando y balbuceando mientras estaba tumbado mirando al techo decía:

—«Gra cias ami gos… gra gra cias… a la be bella vida.»

 

Acompañado del último suspiro, el maestro abandonaba la vida en la ciudad recién marchitada de Atenas para abrazar la eternidad celestial.

Ese hombre excepcional y divino al que se le recuerda con frases como: “Las almas de todos los hombres son inmortales, pero las almas de los justos son inmortales y divinas”.

Así murió el mártir y padre de los sabios de la Antigua Grecia, el canalizador del más allá en el más acá, allá en el año 399 antes de Cristo (otro canalizador que cambió el rumbo del mundo).

Desde mi “verdad” sobre ese día…

Se la dedico a mi padre, mi Sócrates que no pude ver morir entre mis brazos… 

 

MALEK CHAOUFI CANOURA

Libros del autor: locuramundus.com

 


 

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