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¿REALMENTE ESTAMOS DESPIERTOS? – Marco Fajardo

«Despertar la consciencia también es liberarnos de la rutina que nos agota, romper con los esquemas que impone la sociedad.»

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La consciencia de cada persona despertará de manera distinta. Siendo este un proceso, se iniciará cuando empiecen a ver más allá de la mente, del ego y de todas las ofertas que se ofrecen como garantías y alternativas de una supuesta mejor calidad de vida. Asimismo, cuando logren entender que están más allá de todas las formas, pensamientos, acciones y experiencias, entendiendo que son ilusiones creadas por la “mente”, una energía con consciencia que, en complicidad con el “ego”, manipula a través de los pensamientos y creencias para controlar y construir realidades que solo son fantasías como ellos mismos.

Todas esas distracciones nos impiden ver lo que realmente es, lo que somos, y desvían nuestra atención hacia otros lugares que nos llevan hacia la dependencia y la esclavitud mental. Incluso nos llevan al extremo de hacernos creer que vivir experiencias extrasensoriales, donde aparentemente nos conectamos con seres de otros planos dimensionales, es una señal de que ya “hemos despertado”.

Otras de las trampas de la mente ególatra o mente egotista es hacernos creer que hay fórmulas o requisitos para despertar y, además, que debe producirse mucho sufrimiento y dolor para alcanzar dicho estado de dicha; que de otra manera es imposible lograrlo.

Existen almas que han logrado despertar desde el amor incondicional, sin sufrimiento o poco dolor, lo cual da a entender que el sufrimiento no es necesariamente un requisito para lograr tan anhelado y maravilloso estado. La historia nos demuestra que algunos de los grandes avatares que han pasado por la Tierra despertaron a través del sufrimiento y otros desde el amor incondicional. Otros tantos fueron víctimas de las garras de seres oscuros, que a través del engaño los llevaron hasta abismos de donde muchos no pudieron escapar. Siempre es bueno recordar que seres de alta vibración, ya sean religiosos, científicos, filósofos, artistas, músicos, místicos, entre otros, lograron despertar cuando orientaron su mirada hacia su interior, ya sea en estado de meditación, aislados de todo bullicio, de la vida mundana y de distracciones exteriores. 

En aquellos momentos solo hubo soledad, silencio, ausencia de lo cotidiano, logrando adentrarse en las profundidades de su Ser Interior, sin fórmulas ni instrucciones terrenales preconcebidas, solo cerrando los ojos y respirando pausada y conscientemente. Y cada uno de ellos lo hizo a su ritmo, toda vez que los tiempos para despertar la consciencia son distintos y particulares; así fueron descubriendo que existe un campo de posibilidades infinitamente grande e inagotable que les permitió ver que su existencia exterior es minúscula, limitada e imaginaria. Comprendieron que mirar hacia fuera es estar dormidos y ser prisioneros de la matrix, en tanto que mirar hacia dentro es despertar y escapar de ella.

Despertar la consciencia es liberarnos de la rutina que nos agota, es romper con los esquemas que impone la sociedad y nos vuelve zombis, una sociedad que establece reglas o condiciones que si no las cumplimos, seremos rechazados, sancionados, disminuidos e incluso execrados de este sistema ilusorio y virtual.

Despertar es desapegarnos de las personas y las cosas materiales, ser humildes y sencillos, no imponer a los demás nuestra filosofía, sistema de creencias y manera de percibir la existencia, pero tampoco permitir que nos impongan la suya.

Debemos recordar que muchos nos tildarán de locos y enfermos mentales, mientras otros nos verán como seres muy despiertos y claros. Por tales razones, es mejor seguir nuestra intuición y sentimiento interno. Si sentimos paz desde adentro y desde afuera, es una magnífica señal. 

Despertar es aceptar a nuestros semejantes tal y como son y aceptarnos a nosotros mismos como somos, ya que todo es perfecto ante los ojos y la consciencia de Dios, la Fuente Creadora.

Despertar es llevar la vida con fluidez, sin complicaciones, haciendo aquellas cosas que llenen nuestro corazón, anclados en el presente sostenido, en el ahora, y solo mirar atrás para recordar momentos de alegría o para sanar lo que aún no se ha sanado, pero sin quedarse enganchado con ninguna de esas experiencias, ya que “el pasado es el presente que ya no es”.

Despertar es sentir que nada nos molesta ni perturba a pesar de lo que estemos viviendo en la actualidad; que los problemas físicos, mentales y existenciales se van desvaneciendo hasta hacerse imperceptibles, inocuos e inofensivos.

Despertar es sentir y expresar las emociones, soltarlas, no quedarse con ellas y así, evitar somatizarlas a través del cuerpo físico. 

Despertar es experimentar y aceptar nuestras sombras y oscuridades, entendiéndose que es la otra parte de la dualidad de este plano que es la luz para, al fin, observar que no están separadas ya que todo se encuentra unido. 

Despertar es evitar ser protagonista, sentirse líder o maestro de los demás. Todos somos maestros o alumnos según las circunstancias, o tal vez sin proponérnoslo, pero sobre todo somos maestros de nosotros mismos cuando miramos hacia adentro, que es donde se halla el mayor conocimiento, la sabiduría inagotable y divina.  

Un verdadero maestro espiritual transmite la verdad en la cual cree sin imponerla, es un emisor de información, pero también está dispuesto a escuchar,  a aprender de los demás sin resistencia, con humildad y agradecimiento. 

Un ser que desea imponer su verdad, ya sea de manera consciente o inconsciente, seguirá atrapado en las redes de su ego terrenal y de la matrix.

Despertar es sentir Paz Interior. Una Paz inexplicable que no pertenece a este mundo, sino a planos o esferas más sutiles y etéreas.

Una Paz que se halla en nuestro corazón, que es la conexión con nosotros mismos, nuestra esencia espiritual y la conexión directa con el Amor Incondicional y Eterno de la Consciencia Única de Dios.

 

MARCO FAJARDO

 


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